blogeditor · 2 de octubre de 2012
Durante la Caravana por la Paz en los Estados Unidos, tuve oportunidad de visitar algunos sitios que, por su centralidad simbólica e histórica, han sido formalmente dedicados para honrar el recuerdo de vidas o eventos importantes, y para combatir la amnesia generalizada. En Montgomery, Alabama: donde el movimiento por la defensa de los Derechos Humanos de la población afroamericana cobró inusitada fuerza en 1955: o en el Mausoleo de Martin Luther King a un costado de la iglesia donde el líder social asesinado en 1968 predicó con su padre en Atlanta. En Washington DC, donde se conmemoran conflictos bélicos como la Guerra de Vietnam o Nueva York y los monumentos a las víctimas de los atentados del once de septiembre, hace once años.
Son lugares imantados de sentido, creados ex profeso para involucrarnos en un ejercicio de pedagogía ciudadana.




Una de las principales demandas del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad consistía, precisamente, en la creación de un Memorial a las Víctimas. Proyecto que, junto al veto presidencial al ordenamiento en la materia propuesto por académicos y abogados del MPJD y aprobado por unanimidad en las dos Cámaras, y la creación de una Procuraduría especial sin autonomía, presupuesto y facultades, exhibió la falta de compromiso por parte del gobierno saliente de Felipe Calderón, y el desinterés que sigue provocando un tema de primera prioridad.
En tiempo récord y antes de fin de sexenio, se terminará un remedo concebido para cumplir con promesas huecas: las que hizo el panista durante el primer diálogo en el Castillo de Chapultepec.

En México, seguimos viendo la memorialización de episodios cruciales con recelo. No hay un examen profundo de las causas que reivindican estos llamados colectivos y permanentes al Recuerdo y la No Repetición. Abundan ejemplos en otros países, pero el nuestro continúa siendo Excepción que confirma la Regla.
Pienso en las grandes carencias y lagunas conceptuales de funcionarios de toda índole, que intentan redimir espacios públicos muy a su manera, cuando pasó por el descuidado parque llamado dela Luz sobre Avenida Reforma y Periférico. A casi cuatro años del avionazo donde murieron Juan Camilo Mouriño, José Luis Santiago Vasconcelos y catorce personas más el 4 de noviembre de 2008, el lugar presume una pequeña placa de aluminio rodeada de pasto sin cortar y esta descripción del rincón del universo que contiene las siguientes ‘obras arquitectónicas’.
SOL DE LUZ, escultura policromática. Sus colores significan: Azul, valore; Rojo, amor; Verde, libertad; Blanco, sueños; Amarillo, alegría, y Magenta, fraternidad.
ROSA DE LOS VIENTOS
BANCAS DEL RECUERDO




Nada indica que su propósito principal sea, recordar a las víctimas del accidente y también ubicar a quien pase por ahí en su debido contexto. Más bien se trata de una obra inaugurada a las carreras: para cumplir un forzado requisito moral y administrativo, y que enfrenta ahora la misma negligencia de los que la idearon desde el principio. Un cenotafio ‘ambiental’ dedicado ala Nada.
El área verde ostenta flores desechables y varitas esmirriadas. Un Limbo al que la burocracia consigna los eventos incómodos, en una zona de Chapultepec directamente afectada por el Segundo Piso construido por obra y gracia de Marcelo Ebrard, y que –como la Supervía, ejemplo de condena vial e hipertrofia inmobiliaria- arrasa con todo lo que no tenga que ver con su Majestad el Automóvil.
Análoga suerte sufre otro lugar que se destinó –también en Reforma, pero junto al Museo Tamayo, entre Gandhi y Mariano Escobedo- como parque, en este caso previsto para celebrar supuestos lazos de amistad entre México y Azerbaiyán.
Ya Andrés Lajous y Guillermo Osorno dedicaron atinados textos sobre el Esperpento digno de república bananera. Algo que complementa los trabajos de ‘rescate’ en la siniestra Plaza Tlaxcoaque del Centro Histórico.



Que esta sección del Bosque una versión adicional de las ‘recuperaciones’ entrecomilladas que padecen todas las Áreas Verdes de la Ciudad de México bajo el ‘cuidado’ de la Secretaría del Medio Ambiente: flores desechables, plántulas, pasto donde antes hubo Árboles de sombra sacrificados para ‘sanear el entorno, no sorprende. Lo que rebasa la lógica es la estatua del patriarca Heydar Alíyev: antiguo cuadro de la KGB que se apoderó de esa satrapía después de la disolución de la Unión Soviética, y que heredó a su primogénito (actual Amo y Señor feudal, junto con el resto de su familia), a esa ‘república popular’. Las poquísimas explicaciones que ha dado el Gobierno del Distrito Federal giran alrededor del esquema que permite que recursos condicionados como los que provee el gobierno azerí, sirvan para que la ciudad no ejerza sus responsabilidades. Ahora dependerá de Estados o Fundaciones dirigidos por déspotas con dinero suficiente para llenar parques y jardines con sobrantes de inventarios dedicados al encomio demagógico de Grandes Timoneles. Algo que debería ser ajeno a gobiernos como el del DF, que se autodefinen como progresistas.


Es como un set o plató a película de los Hermanos Marx, o versión autóctona de Borat. Un gobierno que presume sus credenciales de izquierda social y ‘responsabilidad ambiental’ subasta este pedazo adyacente a la AvenidaGandhipara que se recicle el Culto a la Personalidad, con todo y placa alusiva a las bondades del Gran Estadista y Político — Padre de su Patria que encabezó uno de los gobiernos más corruptos del mundo. El que heredó Ilham: Gran Continuador y Jefe Máximo, versión azerbaiyana.
A palo dado, ni Dios lo quita: esos chipotes conformarán por tiempo indefinido el acervo prescindible de nuestra gran ciudad. Lugares que pudieron haber servido para la reflexión, entregados a precios de remate a las pretensiones electorales del priista de izquierda Marcelo Ebrard el Ecocida.
Como en época de Salinas, la ‘globalización’ atrabancada y anacrónica afecta en estos casos al diseño de nuestras Áreas Verdes. Apropiaciones injustas e inmerecidas: anticipos de lo que podrían replicarse aquí, o bien en otras ciudades del país. Todo dependerá de la prevalencia en el diseño: tan equivocado y carente de contenido ciudadano, como políticamente redituable.
