blogeditor · 7 de septiembre de 2020
“La opción de una amnesia colectiva ha perdido crédito no solo porque se considera injusta sino también porque ya no se considera adecuada como una herramienta para poner el pasado a descansar”.
Beber Bevernage1
La memoria puede constituir un terreno crítico y en disputa. ¿Quienes y de que manera realizan la tarea de recordar, reivindicar, olvidar o silenciar al pasado? Es una pregunta que debemos realizar de manera permanente.
Para algunas personas adelantar ejercicios de memoria colectiva en contextos donde todavía ocurren las desapariciones puede parecer poco apropiado, dirán que una vez podamos constatar que ya no hay más violencia, que se ha pacificado el país, que ya no se presentan más casos de personas desaparecidas entonces sí, debemos empezar a recordarlos y contar lo sucedido. Sin embargo, la memoria es parte de la dignidad de las víctimas de desaparición, ayuda a traerlas al presente y permite recordarle a la sociedad que mientras estas personas no sean localizadas estamos frente a un delito continuado donde es obligación del Estado recuperar y reivindicar a los desaparecidos y a sus familias.
Las medidas de satisfacción buscan restablecer la dignidad de la víctima y difundir la verdad sobre lo sucedido. Estas medidas proporcionan bienestar y mitigan el dolor; por lo cual, divulgar los testimonios de las familias y recuperar la memoria de las personas desaparecidas, siempre y cuando no se provoque más daño ni se generen nuevos riesgos, es un ejercicio de reparación colectiva.
El poder de los testimonios de los familiares de personas desaparecidas, permite que la sociedad tenga acceso a la verdad, que sean visibles y públicos la gravedad de las violaciones y daños causados; en su reconocimiento, que invita a una amplia reflexión y a tomar acciones por parte de las autoridades para que esto no siga sucediendo, hay una semilla para procurar garantías de no repetición.
Los familiares de personas desaparecidas son sobrevivientes de la violencia, ellos han tenido que buscar y exigir verdad y justicia, en este camino han desarrollado capacidades para resistir, se han procurado nuevas formas para restablecer su vida y han aprendido nuevas maneras de ejercer su ciudadanía y sus derechos. Son ellos, los sobrevivientes, los que pueden contar y entregar el testimonio de lo sucedido, y en los casos de desaparición de personas este testimonio habla por el otro, el ausente, del que no sabemos su paradero, al que continuamos buscando. Tarea que conlleva una mayor responsabilidad y cuidado.
En México los colectivos de familiares de personas desaparecidas han desarrollado algunos avances en cuanto a la memoria, sin embargo estos ejercicios se enriquecen cuando podemos abordar una región particular y dar cuenta del sufrimiento de muchas familias, de lo que tienen en común los casos que no han sido hechos aislados sino ejercicios sistemáticos de violencia y graves violaciones a los derechos humanos.
La respuesta a este tipo de ejercicios la encontramos en las medidas de reparación colectiva, donde el sujeto de la reparación puede ser una comunidad entera, o el conjunto de muchos colectivos en un amplio territorio, cuyas familias fueron víctimas de la desaparición de sus seres queridos. La perspectiva sobre los hechos adquiere una dimensión que abarca, más allá de la sumatoria y complejidad de los testimonios individuales, la identificación de características comunes que se repiten en todos los testimonios (tipo de agresor, lugar de la desaparición, labor de la víctima, características familiares, entre otras), o bien el testimonio singular que no se parece al conjunto pero que puede brindar nuevas luces sobre el delito. De esta manera tenemos la construcción de una narrativa rica en detalles que es válida para todos.
Dicho lo anterior y sin pretender decir algo conclusivo sino provocador, es necesario que los ejercicios de memoria sean parte de las políticas públicas y programas de gobierno, que se construyan de manera participativa y bajo el principio de voluntariedad de las familias y las comunidades que han sufrido la desaparición de personas, para que logren restablecer el tejido social. Es de suma importancia que la reparación colectiva sea vista por las autoridades como una medida prioritaria, factible y progresiva, que permita a los territorios, pueblos y comunidades sanar las heridas dejadas por la violencia, reivindicar a las víctimas y a los sobrevivientes, abonar a la paz y a la reconciliación.
Olvidar no es más una opción.
* Silvia Chica Rinckoar (@ChicaRinckoar) es Directora Ejecutiva del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y democracia (@IMDHyD).
El IMDHD invita a los lectores interesados en medidas de reparación colectiva y ejercicios de recuperación de la memoria a revisar el informe “Dignificando la Memoria” sobre las personas desaparecidas en Veracruz. En nuestra página pueden encontrar además el enlace a los testimonios y el acceso a la base de datos elaborada sobre los mismos.
1 Profesor Teoría de la Historia en la Universidad de Gante, Bélgica.