blogeditor · 22 de agosto de 2016
Durante el periplo o Caravana por los Estados Unidos protagonizada -en agosto y septiembre de 2012- por las familias que conforman el Movimiento por la Paz y Justicia con Dignidad, el grupo de víctimas de la violencia en México (y sus acompañantes) tuvimos el privilegio de visitar lugares que fueron protagónicos en la lucha por la obtención de los derechos civiles en los años cincuenta y sesenta.
Tras haber cruzado el puente Edmund Pettus en la localidad de Selma, centro de uno de los eventos más emblemáticas de esta lucha, llegamos a la ciudad de Montgomery: antigua capital de los Estados Confederados que pelearon la Guerra de Secesión de 1861 a 1865 y (hasta la fecha) centro político de la entidad de Alabama.
Por falta de tiempo y problemas de calendario, a sólo algunos de nosotros nos fue dado conocer el Museo y Memorial por los Derechos Humanos en esa localidad, así como la Iglesia Bautista de la Avenida Dexter cuyo pastor durante seis años -de 1954 al 60- fue el mismísmo Martin Luther King, Jr. Jornada inolvidable y aleccionadora, que nos permitió conocer un poco más los inagotables esfuerzos históricos –y actuales- de esa comunidad en su demanda permanente por justicia y equidad, que hoy siguen siendo aspiraciones sin visos inmediatos de cumplimiento.
No tuvimos oportunidad de adentrarnos y explorar directamente -debemos hacerlo en otra ocasión; uno espera que sea pronto- el excepcional trabajo del Equal Justice Initiative, organización de la sociedad civil sin fines de lucro fundada y encabezada por Bryan Stevenson: abogado de interés público, autor de la reflexión autobiográfica Just Mercy (Spiegel & Grau, 2014) y heredero directo de las batallas pacíficas que libraron personajes de la talla de Luther King, Ralph Abernathy, Ella Baker, Bayard Rustin, Bob Moses, James Baldwin, Andrew Young, John Lewis, Diane Nash, Julian Bond, y los académicos Derrick Bell, Henry Louis Gates, Cornel West y Ta-Nehisi Coates; sus antecesores en estas lides Frederick Douglass, Ida P. Wells, W.E.B. Dubois o los contemporáneos suyos –intelectuales que combinan el quehacer activístico con la docencia- Michelle Alexander y Kahlil Gibran Muhammad entre muchos otros. Madres y Padres Fundadores de la democracia moderna, y la defensa irrestricta de los Derechos Humanos cuyo desempeño engrosa la lista de logros reflejados en el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana de Washington DC, obra del arquitecto británico David Adjaye que va a ser inaugurada en septiembre por Barack Obama.

Como prácticamente todas las ciudades, rancherías y pueblos de la antigua Confederación, Montgomery ostenta un cúmulo de símbolos relacionados con la gesta en la que se defendió la esclavitud, ‘La Institución Peculiar’, cuyas nomenclaturas y códigos persisten hasta nuestros ahora en virtud de la profusión de monumentos o estatuas de generales, soldados y nombres de calles, instituciones educativas y edificios de gobierno íntimamente ligados a la reivindicación del racismo y los buenos viejos tiempos (those good ole times) de antaño.

Hay un Continuum cuyo origen se cifra en el establecimiento de la esclavitud en los Estados Unidos; que se consolida con el terrorismo blanco –de raigambre demócrata, en pugna entonces con el Partido Republicano de Abraham Lincoln, cuyo Ejército Unionista ocupó estados rebeldes conquistados- hasta la posguerra civil, y que cobra nuevas formas tras el repliegue de los avances de la ciudadanía negra (recién emancipada en 1863); la elección fraudulenta de 1876 deriva en la salida de las fuerzas armadas a cambio de votos electorales demócratas a favor de Rutherford B. Hayes (mejor conocido como Compromiso de 1877, que abandona a su suerte a la población liberada catorce años antes por el Gran Emancipador) que desemboca en el corpus de leyes Jim Crow, derivando en las ‘reformas’ clintonianas en los noventa del siglo XX, y el encarcelamiento masivo de nuestros días. Una verdadera guerra emprendida por estados y municipios contra la población de color, y que plantea que el sometimiento contrae nuevas variantes.


El proyecto museístico, ubicado en lo que fue un galerón exclusivo para el almacenaje de esclavos en Commerce Street –el mercado donde se comerciaban seres humanos más importante del Sur Americano Antebellum se llamará De la Esclavitud a la Encarcelación Masiva, y un Memorial Nacional para la Paz y la Justicia, con los nombres de más de cuatro mil víctimas de violencia racial y ochocientos condados donde ocurrieron estos eventos inenarrables (y que también incluyeron ejecuciones extrajudiciales de mexicanos, asiáticos y demás otras y otros que no pertenecían a la mayoría blanca, anglosajona y protestante que hoy se refugia en el discurso y promesas incumplibles del redneck neoyorquino y candidato republicano a la presidencia de su país Donald Drumpf). La instalación permanente, con complemento de postes, que contendrán muestras de tierra recabados por voluntarios de EJI enviados a esos lugares para su recolección, y que deberán –eventualmente- colocarse en cada uno de los sitios documentados. Presupone una experiencia inmersiva y de información para dar a conocer los efectos de la esclavitud y sus derivaciones en nuestros días: la Guerra contra las Drogas declarada por Richard Nixon, perpetuable por cuenta de presidentes futuros; el desaliento y la falta de expectativas para sectores de la población, con altos porcentajes de parias modernos (niños, jóvenes, mujeres, ancianos, enfermos; presidiarios atrapados por el resto de sus vidas en mazmorras, con sentencias definitivas por infracciones triviales, sujetos a condenas extraídas de un manual moderno de la Inquisición) sin acceso a derechos elementales ni posibilidades reales de que su condición mejore.
Así serán el Memorial y Museo contemplados por Bryan Robertson y la asociación que él preside. Abrirían sus puertas, si se consiguen las metas de fondeo, en 2017.
Una de las pláticas TED más compartidas. Tenemos que hablar de una Injusticia: Bryan Stevenson, expositor.
Recapitulando: para ONG encargadas de defender grupos en condición de vulnerabilidad, la post-reconstrucción que fortaleció a la ‘supremacía blanca’ sureña con la emergencia de grupos paramilitares (como el Ku Klux Klan) creados para cerrar las vías emancipatorias de la población que obtuvo su libertad en el Sur de ese país en 1863 durante la Guerra Civil, encumbró al Sur Profundo del subdesarrollo y el Apartheid; garantizó, mediante leyes Jim Crow de segregación extrema y mutaciones en enclaves de terrorismo linchador, innumerables familias afroamericanas se volvieran refugiadas en su propia patria. Fueron millones los pobladores obligados a abandonar sus hogares, que tuvieron que buscar un desvencijado sueño americano más al Norte: en Chicago, Nueva York, Los Ángeles, San Luis, Kansas City. Grandes franjas urbanas alejados por completo de la órbita rural de sus orígenes.

Es una triste historia, necesaria, que se conoce poco y de la que se habla menos todavía: una Gran Migración que colocó a los que se quedaron en lugares -como Alabama, Mississippi, Luisiana, o Arkansas- en un sitio eminentemente vulnerable de la escala social.
La trayectoria de Bryan Stevenson es un testimonio patente de apostolado social, a favor de los sectores marginados por la modernidad mayoritariamente caucásica que los confina al peldaño más bajo: el de ‘necesarias’ pérdidas colaterales (similares a las de nuestro país) que arroja el espejismo denominado ‘progreso’.

¿Nos atreveremos alguna vez a ensayar, en el distorsionado espejo mexicano -donde las desigualdades de todo tipo ante la Ley, y la tortura como método de investigación, y la corrupción, la impunidad el y amiguismo son Norma Oficial- un rescate exhaustivo de la Memoria histórica, en consonancia con la tarea de EJI en Montgomery?