Mejores gobiernos y gobernantes

Centro de Análisis de Políticas Públicas · 20 de enero de 2011

Mejores gobiernos y gobernantes

Por: José F. Tapia*

Por lo general empezamos año con recuentos sobre lo realizado o planes sobre lo que viene.

Este año, aunque tratamos de mantener ánimo optimista, la realidad nos mantiene en la incertidumbre.  Cuestionamientos como ¿a dónde vamos como país?, y más importante ¿qué podrá hacer el gobierno en dos años que le quedan?, parecen ser algunas de las incógnitas recurrentes.  Pero, ¿nos preocupa la respuesta?, lo lamentable es que quizá no tanto, la historia reciente nos ayuda a anticipar resultados a las mismas y no creer en mejores perspectivas .

Por ello entonces, las preguntas importantes serían, ¿que debemos hacer para cambiar esa expectativa?, ¿cuáles deben ser las tareas concretas de cada nivel de gobierno para ofrecernos esperanza y mejor calidad de vida?.  Queremos ser optimistas y constructivos, pero para ello necesitamos saber que alguien nos escucha y atiende, que hay certidumbre y acciones concretas no sólo, como siempre, buenas intenciones.

Debemos dejar de ser la nación de las buenas intenciones y comprometer nuestra voluntad a realizar aquello por lo que nos pagan y/o a trabajar en lo que queremos cambiar. En especial, mi mensaje se dirige a aquellos a quienes pagamos su trabajo con dinero de nuestros impuestos, es decir, a nuestros servidores públicos y políticos. A ellos, quienes han generado y fortalecido un “burocratismo amoral” (Pipitone, 2010) y se olvidan constantemente de su responsabilidad y llamado a ser productivos y hacer eficaz uso de su encomienda de representatividad. La tarea que ellos tienen es muy clara: mejorar las condiciones de crecimiento y equidad, lo cual no se logra con retórica hueca o con discursos populistas.

Tampoco podemos aspirar a tener un mejor país si no tenemos una clara idea de hacia dónde vamos y a dónde queremos llegar.  Me viene con esto el recuerdo del estudio de un colega, Why isn’t Mexico rich?, el cual argumenta que a pesar de haber emprendido una agresiva reforma a la apertura comercial e inversiones, mantener una disciplina fiscal y hacer un estado menos obeso, el crecimiento económico no ha sido significativo y es, incluso menor al de algunas economías que adoptaron políticas similares. Algunos de los argumentos que examina el autor son un mercado crediticio limitado, altas distorsiones en precios relativos de servicios públicos y una débil dinámica del mercado interno. Pero llama la atención en este apunte, la estructura y tamaño de la informalidad y no es para menos: tenemos hoy un país donde sólo 1.8 millones de los 5.4 millones de unidades económicas son formales (INEGI, 2010). Esto nos habla de que las cosas no están marchando de forma ordenada y que en México la ilegalidad y la impunidad siguen generando presiones de cada vez mayor alcance. Recordemos que vivir en democracia, no es sólo tener relevo de cargos políticos con un sistema electoral operativo; vivir en democracia significa habitar en un Estado donde existe y se respeta el estado de derecho, aplicándose por igual a gobernantes y gobernados (Castresana, 2008).

Al final, todas las reformas que podamos hacer no serán suficientes para avanzar, en tanto no se ponga atención a uno de nuestros  principales lastres: nuestras instituciones políticas y de gobierno. El país se caracteriza por una baja calidad institucional que no genera resultados y sí mucha desconfianza; baste sólo ver que en un comparativo de fortaleza de institucional, México se ubica a la par de la Federación Rusa, Venezuela y Libia (TI, 2010).

Es tiempo de que nos pongamos metas muy concretas para poder avanzar, por ejemplo una meta muy simple  es “tener mejores gobiernos (federal, estatales y municipales) y gobernantes”.  El tener esta visión concreta se convierte en una estrategia muy clara para dar un primer paso en el rumbo correcto.  Es en este tipo de tareas y demandas donde la sociedad civil debe propugnar por los cambios que son urgentes. Mientras caminemos hacia esta meta y veamos que la autoridad reacciona, es posible que año con año el desánimo se convierta en seguridad y certeza y, posiblemente, hasta en algo de optimismo.

*José Tapia es Director de Investigación de México Evalúa.