blogeditor · 14 de octubre de 2013
El DRAE define la impunidad como “falta de castigo” y viene del latín impunitas. En México se ha convertido en una costumbre, en una práctica y realidad cotidiana, que quienes cometen abusos, se saltan la ley y se imponen sobre los demás vivan sin castigo.
Los y las mexicanas vivimos en una extraña intersección en la que convergen la impunidad, la corrupción y la falta de estado de derecho. Esto lo vivimos diariamente, y es tan normal –como respirar- que ya no lo vemos como algo sorprendente o fuera de lugar.
Hace dos días estuve a punto de voltearme en Chapultepec porque un conductor se metió en sentido contrario frente a la zona de los lagos, por Alencastre, y me salió de frente en una curva. Al mover el volante para no chocar, le di a un tope y mi coche se quedo en dos llantas, milagrosamente volví a quedar en cuatro llantas, no sin antes -#loconfieso- mandarle saludos a toda la parentela del que conducía la camioneta. Él, simplemente, se rió. De sobra está decir que no había “autoridad” que lo detuviera o de perdida, le levantara una multa.
Esa actitud sarcástica e irresponsable (de no responder, ni dar cuenta de sus actos), es la que hemos visto en este país por mucho tiempo por parte de funcionarios, políticos, a veces empresarios y ahora, cada vez con más frecuencia, por parte de ciudadanos con especialidades muy específicas: “maestros” o líderes vecinales.
Los “profes” de la CNTE hicieron rehenes durante semanas, que se vivieron como una eternidad, a los capitalinos por sus demandas (válidas o no, ese no es el asunto que se discute aquí). Tomaron las calles a su gusto, bloquearon vialidades centrales, secuestraron el aeropuerto capitalino, las sedes de los poderes federales…. Y no pasó nada. El Jefe de Gobierno se “ofreció” a negociar y mediar entre ellos y las autoridades federales; los periódicos fueron testigos de dimes y diretes entre la autoridad federal y la local explicando unos y otros por qué resolver los bloqueos no era algo de la competencia de ellos. (¿Entonces de quién? me pregunto yo). La extraña paradoja es que las autoridades no se atreven a aplicar la ley, so pena de parecer autoritarios.
Los vecinos del Parque Reforma Social, en las Lomas, deciden defender su causa hasta que se resuelva el litigio sobre la propiedad del mismo o la expropiación, montando barricadas que impiden el libre tránsito de las personas que viven y trabajan en la zona. Para ir a trabajar, las personas de una de las calles más afectadas, Sierra Mojada, tenían (teníamos) que entrar en sentido contrario por esa calle (en el mejor de los casos). Esto sin contar las complicaciones que esto implicó para muchas personas durante el tiempo que duró la toma de la misma. Hasta el viernes pasado uno de los accesos a Avenida Tecamachalco seguía cerrado. Al hablar con la Delegación, la respuesta que recibió el administrador del edificio en el que tenemos las oficinas fue: “No podemos hacer nada”. Una vez más la pregunta obligada ¿Entonces quién?



Para reactivar la economía y rescatar a las micro, pequeñas y medianas empresas afectadas por los recientes huracanes, el gobierno federal a través de la Secretaría de Economía y el Instituto Nacional del Emprendedor destinará fondos millonarios por medio de préstamos a tasas muy bajas y pagaderas a partir del 2014, que les permitan reiniciar sus actividades. #Dicen las malas lenguas que los funcionarios responsables de analizar los proyectos que recibirán apoyos garantizan la entrega del dinero si les dan un 10% de cada préstamo. Buen negocio ¿no? (Interesante dato para que nuestros amigos de los medios de comunicación investiguen, seguro algo encontrarán). Una vez más, nadie es responsable de esto.
Saliendo de estos asuntos específicos, y seguro cada uno de nosotros tiene infinidad de historias parecidas que contar, la cuestión es: es irracional respetar las leyes y las normas en este país.
Lo que estos casos tienen en común son: la falta de responsabilidad de los funcionarios, los ciudadanos que siguen las normas acaban siendo los rehenes de la impunidad y la corrupción y a final de cuentas, el país pierde en conjunto.
[contextly_sidebar id=”81ec6cf8f3cca9d36f99ce72af9d2363″]Si usted amble lector o lectora, y yo, decidimos salir a la calle para desahogarnos y decir que estamos fastidiados de respirar la impunidad, de que las autoridades no nos defiendan ni nos den respuestas, de que los funcionarios hagan con el dinero que es de todos y todas lo que les viene en gana, que la corrupción nos tiene FASTIDIADOS, le informo que nos van a meter a la cárcel, o de perdida nos llevan a la delegación, por obstrucción de la vía pública. Usted y yo sí tenemos que pedir permiso para manifestarnos, además de que tenemos que pedir permiso en el trabajo para faltar y no perderlo. Si decidimos ausentarnos dos meses, le garantizo que nos corren y no nos pagan, y mucho menos nos regalan un bono.
El Barómetro Global de la Corrupción 2013 muestra que existe una crisis de confianza en la política y serias dudas sobre la capacidad de las instituciones responsables de llevar a quienes delinquen ante la justicia en el mundo. Es vergonzoso que en México las familias más pobres tengan que invertir un tercio de sus ingresos en sobornos, que los políticos mexicanos sean considerados entre los más corruptos del mundo (sólo se encuentran por encima de nosotros los de Nigeria). Por algo el 70% de los mexicanos consideran que las acciones que se toman contra la corrupción en el país son ineficaces.
En el eterno dilema del huevo y la gallina…. ¿por dónde empezamos? (Esta desesperada bloguera recibe sugerencias con mucho gusto. El optimismo se me está acabando y me niego a dejar de creer en el país).