Redacción Animal Político · 2 de febrero de 2023
Hace unos días abracé a un secuestrador. Abro con esto por el efecto dramático, pero lo que en realidad quisiera decir es que hace unos días abracé a un hombre, hoy privado de su libertad, que entre las muchas decisiones que tomó en su vida provocó muchísimo dolor a otras personas. Abracé a un hombre que hoy paga una pena en la cárcel. Lo hice conmovida hasta las lágrimas, mismas que a él le hicieron pensar que “tal vez está haciendo algo bien”.
Desconozco su historia. Pero esta que escribo no se trata sobre lo jodido que está el sistema y lo normalizada que está la violencia, aunque lo están. No se trata sobre segundas oportunidades y procesos de reinserción, aunque nos urgen. No se trata sobre pobreza sistémica y la maldita noción social que nos imprimimos les unes a les otres de que valemos por lo que tenemos, aunque si no hablamos de eso no saldremos del hoyo en el que estamos. Esta historia no se trata de todo aquello, aunque lo susurra entre líneas, porque lo central para narrar lo sucedido es el teatro.

Desde hace catorce años, detrás de las paredes del penal de Santa Martha Acatitla, algunos de los hombres privados de la libertad que ahí residen forman parte de la Compañía de Teatro Penitenciario, un proyecto social del Foro Shakespeare. Con excepciones contadas, sus actuaciones se llevan a cabo en los talleres del penal. Su público tiene que llegar hasta ellos, formarse pacientemente para entrar, dejar todas sus pertenencias fuera, vestir de acuerdo al estricto código de acceso, pasar por un proceso de registro, identificación y cateo, y recorrer una breve sección entre la población del penal para entrar a un mundo de fantasía inmerso en lo que probablemente es uno de los entornos más hostiles que la imaginación humana ha logrado materializar: la cárcel.
Bendito teatro. Bendito universo que permite que por unas horas nadie en ese espacio sea juzgado por sus decisiones previas. No hay antecedentes, ni condiciones sociales, no hay prejuicios, ni exigencias materiales. Bendito arte que nos permite reinventarnos, encontrar la libertad lejos de la realidad y comulgar a través de lo que sentimos mas allá de lo que pensamos que somos.
La Compañía actualmente pone en escena una adaptación libre de Macbeth. Su versión, MCBTH, tiene brujas, reyes, ambiciones, asesinatos, conjuros y todo lo que el texto de Shakespeare enuncia. En el teatro abundan las supersticiones, pero ninguna obra tan intocable como esta, considerada por muchos como la obra maldita de Shakespeare. Hay teatros, sobre todo en países de habla inglesa, donde mencionar el nombre de Macbeth es sacrilegio. En el Barrymore Theater de Nueva York, al montar la obra, se da la bienvenida al público con instrucciones muy claras: “Los productores le piden que por favor se abstenga de enunciar el título de la obra mientras se encuentra dentro de estas paredes”.
Incluso si alguien llega a enunciar el nombre prohibido se le sugieren algunos rituales para remediarlo y poder reingresar al teatro: dar tres vueltas, escupir sobre el hombro izquierdo, blasfemar y/o recitar un línea de alguna otra obra de Shakespeare. Y aún así algunos teatros se reservan el derecho de readmisión.
Vaya poesía, estos hombres, tal vez malditos, han llevado a Macbeth a lo profundo de la cárcel.

El montaje es espectacular. Entre capas del vestuario hay tatuajes que se traducen en guiños de las historias personales de los actores. Las armas son de fantasía. El vino es sangría servida en copas de plástico. La música es interpretada en vivo. Pero público y elenco brindamos en unísono.
La obra originalmente se sitúa en Escocia en el siglo XVI, época de frecuentes cacerías de brujas. Un nuevo hito. En MCBTH, la adaptación del guión, tallereada por la propia compañía, tiene una subtrama en torno a la violencia de género que tristemente se desborda de la caldera mexicana. Los conjuros de las brujas no convocan ancas de ranas o lenguas de perro, en su lugar hacen referencia a las enormes violencias ejercidas contra nosotras. La única mujer del elenco, la increíble actriz Valeria Lemus (quien es parte del equipo que da vida a la compañía desde el exterior), irrumpe en la puesta en escena como Lady Macbeth y nombra a mujeres víctimas de la violencia. Las brujas cazadas del siglo XXI.

Me quebré. Son demasiadas capas las que explora la Compañía de Teatro Penitenciario. Es un proyecto profundo, digno, complejo y confrontativo. Les invito a quebrarse también. A dejar de lado prejuicios y acercarse a las personas privadas de la libertad a través de una fantasía que termina por hacernos más humanos, más reales; desde un mundo, otro donde por un ratito somos otros y nos abrazamos para sentir que algo podemos hacer mejor.
MCBTH está abierta al público con previo registro los últimos dos sábado del mes: 18 y 25 de febrero, 18 y 25 de marzo, 22 y 29 de abril, 20 y 27 de mayo. Para más información, aquí y aquí.

* Sofia M. Provencio (@SofiaMargaritaa) es comunicóloga de esas que sí son todólogas. Actualmente se especializa en temas de Ciudad, Cultura y Movilidad como asesora en la Cámara de Diputados.