Redacción Animal Político · 10 de mayo de 2024
Sentarme a escribir sobre el día de las madres y el consumo de sustancias, una vez más, me genera incertidumbre. Recibo muchos mensajes de personas embarazadas, lactando o criando, que piden apoyo para tomar la decisión sobre si consumir o no; que consumen con culpa aunque decidan hacerlo con libertad, pero también sienten que el consumo, principalmente de cannabis, les genera bienestar durante estos periodos. Pienso en escribir sobre cómo llevo la maternidad y mi consumo o sobre qué significa una maternidad psicoactiva para mí. Al mismo tiempo las madres buscadoras de personas desaparecidas saldrán a exigir justicia en un día, que como dicen, “no es de fiesta, sino de lucha y protesta”. Nos exige atención la situación actual de Rafah y el dolor de las niñas y niños lastimados por la guerra. Así que enfrento la fecha con emociones fuertes, pero no es momento de parar y eso lo entiendo. En vez de parar, tomo una pausa, me doy un jalón y me preparo.
La decisión de consumir sustancias durante el embarazo, la lactancia o la crianza es una de las más difíciles que una mujer puede enfrentar. Por un lado, existe la presión social y médica de abstenerse de usar cualquier sustancia, priorizando la salud de la cría, pero dejando en segundo plano la salud y el bienestar de la madre. Por otro lado, mujeres que encuentran alivio en el consumo de ciertas sustancias, como la cannabis, para gestionar la ansiedad, el insomnio, las náuseas y otros síntomas del embarazo. En cualquier escenario se debe resaltar que la maternidad no debería ser un motivo de culpabilidad o vergüenza, sino una oportunidad para empoderar a las mujeres en todas sus decisiones relacionadas con su salud y bienestar. Por eso es crucial que las mujeres tengan acceso a información precisa y no sesgada sobre los riesgos y beneficios de cada sustancia, así como a un apoyo adecuado para tomar decisiones informadas y respetadas.
Pero es difícil ignorar la doble moral que prevalece en nuestra sociedad en lo que respecta al consumo de sustancias. Mientras que el alcohol, una droga legal y socialmente aceptada, puede consumirse ampliamente y promocionarse en eventos sociales y culturales, otras sustancias como la cannabis, para la que se han demostrado menores riesgos personales y sociales, son estigmatizadas y criminalizadas. Los prejuicios arraigados y la falta de educación sobre las diferentes sustancias y sus efectos dan lugar a contradicciones, por decir lo menos. Es hora de cuestionar esta discriminación y promover una conversación abierta y honesta sobre el consumo de sustancias, basada en la evidencia científica y en el respeto por las decisiones individuales.
La maternidad no debería significar la renuncia al placer y al gozo que merece toda persona. Sin embargo, la sociedad a menudo impone expectativas restrictivas sobre las mujeres que se convierten en madres, reduciendo los márgenes dentro de los cuales pueden disfrutar de su sexualidad, de su tiempo libre y de sus propios deseos sin ser objeto de críticas. Es fundamental reconocer y defender los derechos de las mujeres madres a experimentar el placer en todas sus formas, ya sea a través de la intimidad con sus parejas, del cuidado de sí mismas o del simple disfrute de momentos de ocio. La maternidad no debería ser un sacrificio o un abandono de sí misma, sino una experiencia enriquecedora que permita a las mujeres desarrollarse plenamente como individuos.
El ejercicio de la maternidad amorosa, conectada, autónoma y enriquecedora no solo nos compete a las mujeres que la buscamos y la deseamos. Necesitamos que se generen las condiciones que hagan realidad este escenario y esto compete a diversos actores. Podemos pensar en quienes prestan servicios de salud y a quienes corresponde respetar los partos y las maternidades, pues sabemos que las consecuencias físicas, mentales y emocionales de la violencia obstétrica se cargan individualmente por años, al hacernos pensar que somos “malas pacientes” por expresar dolor y angustia, situación que empeora cuando se trata de mujeres empobrecidas y racializadas. Agregando que conviene que consideren formarse sobre sustancias psicoactivas, evitando hacer pasar prejuicios personales como concepto científico.
O exigir medidas para enfrentar la precarización laboral en nuestro país, que arrincona a las madres, principalmente a las proveedoras de hogar, a jornadas interminables de cuidados y de trabajo mal remunerado. Además de necesitar de redes y servicios más sólidos que soporten el cuidado, es necesaria una transformación profunda de las lógicas de producción, incluyendo los roles que se ejercen dentro de las industrias: no necesariamente queremos que las guarderías trabajen más. En su lugar, queremos poder trabajar menos para poder acompañar a nuestras crías sin poner en riesgo los ingresos del hogar.
En materia de política de drogas se ha registrado cómo la mayoría de las mujeres privadas de la libertad por delitos de drogas son, en su mayoría, mujeres cuidadoras de hijos, hijas o personas mayores, perseguidas y encarceladas en mayor proporción que los hombres. Algunas de ellas incursionan en mercados ilegales como una de las pocas alternativas a la pobreza, la desigualdad y la violencia en el territorio. A las autoridades les corresponde reformar las políticas de drogas considerando esta grave desproporción en los encarcelamientos, descriminalizando el consumo y la posesión de sustancias, adecuando la proporcionalidad de las penas y reservando el castigo penal como la última opción, evitando separar familias que dependen de madres proveedoras. Necesitamos políticas de drogas con perspectiva de género, de clase y de justicia social.
En este día de las madres quiero honrar a todas las madres que luchan por la justicia, por la igualdad y por un futuro más justo para sus hijos. A las que marchan hoy, buscando a sus hijxs (¡vayan a marchar y acompañar!). A las que andan trazando una ruta del autocuidado y creando redes de cuidado colectivo (¡no es fácil!). A todas ellas, mi admiración y mi respeto.
Porque la maternidad va más allá de dar a luz; es un acto de amor, de resistencia, de cuidado y de lucha. Y hoy, más que nunca, es importante reconocer y valorar el papel fundamental que juegan en nuestras vidas y en el mundo.
Gracias siempre a mis redes de apoyo, mi pareja y la equipa de RIA.
* Zara Snapp (@zarasnapp) es directora del Instituto RIA y autora del Diccionario de Drogas. Es licenciada en ciencias políticas por la Universidad de Colorado y maestra en políticas públicas por la Universidad de Harvard.