blogeditor · 1 de julio de 2015
Por: Héctor A. Mendoza C.
En febrero y marzo de este año hubo dos casos que han provocado un sinfín de notas periodísticas en el Reino Unido. El primero relacionado con una mujer de nombre Mary Portas y el segundo de un varón de nombre Kyle Casson, ambos casos tienen en común dilemas bioéticos que pronto se presentarán en nuestra sociedad (si no es que ya existen, pero no han salido a la luz pública).
Mary, presentadora de televisión, y su esposa Melanie Rickey decidieron tener un hijo para lo cual necesitaban de material genético masculino. Tradicionalmente en este tipo de casos se recurre a la donación de espermas mediante la utilización de bancos que existen para tales efectos.
Cabe señalar por otro lado que algo común en las parejas lésbicas es que una de ellas aporte el óvulo, se consiga material genético masculino y mediante fecundación in vitro se genere un embrión. El embrión así logrado se implanta en la mujer que no aportó el óvulo a fin de gestarlo, la intención es generar un sentimiento de maternidad en ambas mujeres, una aporta el material genético y la otra gesta. Esto de hecho ya sucede en México.
El caso de Mary Portas es diferente porque en esta ocasión, lo que se hizo fue utilizar material biológico de su pareja (Melanie Rickey ) y de su hermano menor Lawrence Newton para, mediante fecundación in vitro, lograr un embrión que habría de implantarse precisamente en la Sra. Rickey.
Finalmente así fue y en marzo de este año nace Horacio, hijo biológico de Melanie Rickey y Lawrence Newton, pero hijo legal de Mary y Melanie. En este caso la idea fue que el pequeño Horacio tendría, gracias a la aportación de Lawrence, una carga genética familiar relacionada con Mary Portas.
La pregunta es si ¿bioéticamente podemos cuestionar estas nuevas formas de procreación?
En opinión del Dr. Simon Fishel, quien es uno de los más reconocidos especialistas en fecundación in vitro del mundo, este tipo de situaciones cada vez serán más comunes, dado que presentan una serie de ventajas respecto de la obtención de material genético vía donación. Para Fishel no hay ningún conflicto bioético, ya que en su opinión resulta comprensible que las familias deseen mantener una cierta descendencia genética.
En algunos países como España, la donación y recepción de material genético debe ser siempre bajo anonimato, requisito que evidentemente no es exigido en Inglaterra.
El segundo caso, el de Kyle Casson, representa también dilemas bioéticos. Kyle Casson es un varón homosexual que quería tener un hijo, sin embargo, después de recorrer múltiples clínicas que ofrecen ese tipo de servicios en Inglaterra, no logró conseguir una mujer que le prestara su vientre.
De frente a esa situación, su madre, Anne-Marie Casson (46 años), ofreció su vientre a fin de gestar un embrión resultado de la fecundación in vitro de material biológico de su hijo y óvulos donados.
La noticia tomó revuelo dado que la Corte Suprema Inglesa ha aprobado la adopción del pequeño Miles por parte de Kyle. En el debate mediático se ha sugerido que en este caso estamos frente a una relación incestuosa.
La pregunta desde la óptica bioética es si, efectivamente, hay algo que se pueda reprochar.
Todo indica que no, pues no existe formalmente, ninguna vinculación biológica entre la Sra. Anne-Marie Casson y el pequeño Miles. Si bien la abuela de Miles es quién lo gestó, desde la óptica científica no existe ninguna vinculación biológica directa entre éste y su abuela. De hecho, biológicamente son tan abuela/nieto como cualquier otra abuela/nieto.
Hay que recordar que si bien todo indica que es la primera vez que sucede algo así en Inglaterra, esto ha sucedido desde hace ya tiempo en diferentes partes del mundo, en julio de 2010 incluso se filtró a la prensa mexicana un caso similar.
Debemos sorprendernos, o debemos pensar que esto está a la vuelta de la esquina. Los dilemas son: permitirlo, prohibirlo, ignorarlo o eventualmente regularlo, esas son las verdaderas cuestiones bioéticas que debemos resolver.
* Héctor A. Mendoza C. es Profesor Investigador de la Universidad Autónoma de Nuevo León y miembro del Colegio de Bioética, A. C.