La maternidad que no elegí: violencia en la toma de decisiones

Redacción Animal Político · 27 de noviembre de 2023

La maternidad que no elegí: violencia en la toma de decisiones

La violencia contra las mujeres tiene muchas caras, el estigma sobre el aborto es una de ellas. El silencio ha sido una forma de control y dominación, deslegitimando nuestros relatos, nuestras vivencias. Mantener en secreto los abortos llega a generar tensión, angustia, vergüenza, miedo, culpabilidad, cuando en realidad es una práctica frecuente y se puede hacer de manera segura. El secretismo abona a que las mujeres u otras personas gestantes elijan tener sus abortos sin ningún tipo de acompañamiento y en condiciones poco óptimas. Asimismo, como lo mencionan Cockrill et al., el estigma internalizado nos llena de creencias negativas sobre el aborto y percibimos que habrá discriminación, hostigamiento o agresión por parte de la sociedad si contamos nuestras experiencias.

Tomé la decisión de interrumpir mi embarazo en 2016. Estaba en Ciudad de México, tenía acceso seguro, gratuito y legal. Aún recuerdo entrar a mi baño con la prueba de embarazo en mano; no había duda, era positiva, ni siquiera tuvieron que pasar los tres minutos. Lo primero que hice fue llamar a una amiga médica —llorando, claro— y le dije que quería abortar. Ella, con toda la calma del mundo, me aseguró que era un proceso seguro y que no me pasaría nada; sentí el apoyo que necesitaba. Yo fui criada bajo la religión católica, cargaba con mucha culpa y miedo a ser juzgada. Después llamé a mi entonces pareja, que se limitó a decir: “voy para allá”. Cuando llegó, él ya había realizado la cita en la clínica para el día siguiente. Me negué, pues yo tenía trabajo. Mientras él manejaba a mi casa, le escribí a mi psicóloga; era de noche y me agendó una cita al día siguiente.

Les dije a mis amigas un mes después que había abortado y todas me juzgaron, me dijeron que les hubiera dicho antes, que lo hubiéramos podido solucionar, y yo les dije: es que ya lo solucioné, no es un problema para mí”: Karina

Después de mi jornada laboral, vi a mi psicóloga. Me hizo sentir segura. Me sugirió que yo eligiera el día, la hora, la clínica y qué procedimiento realizar. Investigué mucho, leí muchos foros sobre personas que habían abortado, artículos en internet, etcétera. Encontré de todo, curiosamente la mayoría hablaban de no sentir culpa. Para ser honesta, eso fue un gran alivio.

Decidí el día, la hora, el lugar. Llegué a la clínica privada. Durante los días previos nunca lo dudé, no me sentí una mala persona, solo lo pensé como una decisión. Lo peor vino después. Ya estando en la clínica opté por el aborto por aspiración con analgésico. Entré al consultorio —para las personas que no conozcan el proceso: te realizan un ultrasonido, te dan una charla, te hacen unas preguntas y luego pasas al consultorio—. Ya estando ahí, la médica me dio el analgésico e inició la ILE. Sentí un dolor que jamás había experimentado, sentía que me iba a desmayar y decidí parar el procedimiento. La enfermera que estaba ahí me juzgó: “¿si no estabas segura para qué vienes?”. Entré en shock. Sabía que me quería realizar un aborto, pero no así. La médica me hizo firmar una responsiva y me dijo que volviera al día siguiente en ayunas para practicar un aborto, pero con sedación. Me dio unas indicaciones de cuidado. Regresé al día siguiente, tenía mucho miedo. Entré con la médica, empecé a contar uno, dos, treszzzz… caí en un profundo sueño. Cuando desperté todo había pasado.

Sí me enfrenté al principio a mucha “juzgación”, pero ya después que interioricé el tema mis amigas me preguntaron si había tenido remordimiento y les contesté que no”: Karina

Karina fue la primera persona a la que le conté y no me juzgó, es más, me permitió contarle todo el proceso con detalle, me escuchó, fue amable y desde la empatía me dio palabras de aliento y sobre todo de aceptación. Ella me contó su experiencia y desde el acompañamiento nos abrazamos. Quería evitar el sentimiento de culpa y el miedo a ser juzgada en otras personas que abortaran; me hice acompañante de abortos. Porque, sí, lo personal es político. Curiosamente muchas de las chicas que se formaron conmigo también habían tenido un aborto. Varias amigas cercanas me contaban que habían abortado, me generaba mucha emoción que pudiéramos tener un espacio seguro para hablarlo.

La gente juzga muy a la ligera y no sabe que tomar estas decisiones cuesta. Cuesta renunciar a tus creencias, cuesta perder amistades, cuesta rechazos de seres que amabas, cuesta mucho. No debería ser así. Las decisiones que te llevan a realizar un aborto son muchas, en mi caso es que deseaba crecer profesionalmente. No es un secreto el costo de la maternidad y todas las desigualdades que se enfrentan en el mercado laboral.  Las mujeres disminuyen sus ingresos cuando son madres, mientras que los hombres llegan a aumentarlos debido a los ascensos que pueden tener y a la ya existente brecha salarial.

Leer Fruto de Daniela Rea para mí fue un agasajo en el corazón, por fin había alguien que hablaba de la maternidad como lo que es y sin la romantización del instinto maternal; no glorificó como la cúspide del desarrollo personal de una mujer el ser madre. A mí me gusta la libertad, disfruto mucho estar sola, viajar, comprar ropa; puede sonar egoísta, pero es lo que por ahora me hace feliz. Me abruma también el mundo actual, la situación política y económica. Hablándoles de frente tampoco me siento capacitada para educar a una criatura. Me parece súper violento cuando mis familiares me preguntan: “¿para cuándo los bebés?, ¿cuándo les vas a dar un nieto a tus papás?”. Como si esa fuera mi misión en la vida.

 “Cuando decidí abortar no le dije a nadie más que a mi pareja porque no quería enfrentarme a qué me dirían mis amigas. Yo sí tenía temor de decirle a mis amigas que iba a abortar”: Karina

Y, bueno, por eso escribo esto, para que cambie el ideal normativo que se ha impuesto a las mujeres: casarnos, tener hijos, atender el hogar, cuidar … romper con esa idea de que somos amorosas y abnegadas, empezar a vernos con capacidad de agencia, con sueños y que nuestra realización personal va más allá de ser madres. Mi sueño y realización como persona sería que ninguna persona con capacidad de gestar se sienta violentada por tomar la decisión de abortar. Nos acompañamos, nos cuidamos y no nos soltamos; eso somos, amigas, una resistencia.

Karina ahora tiene dos bebés porque la maternidad debe ser deseada.

@GIRE_mx