blogeditor · 22 de septiembre de 2022
Quizá la palabra maternar nos lleva indiscutiblemente a la palabra madre y por lo tanto a la mujer. El lenguaje nos lleva una y otra vez a unir la palabra maternar a las mujeres. Es así como la crueldad se instaura en la falta de conexión y de la posibilidad de maternar la vida. Si no eres mujer no puedes maternar, una y otra vez la palabra misma nos afirma.
Los hombres tan alejados de tan entrañable palabra, tan necesaria para la vida, se les obliga a ser muy hombres, encontrando en el abuso de poder su casa. El lenguaje mismo los separa de la posibilidad de acuerparse en el cuidado.
Maternar y cuidar son ingredientes del mismo mole. Negar el propio maternaje es negar la poética de un cuidado profundo y ético. A la mayoría de las personas, incluso mujeres, se nos niega el maternaje de nosotras mismas y hacia los otras y otros; no enseñamos a cuidar y ser cuidado, en cambio se nos enseña a ser hombrunas. Hemos aprendido el camino a maternar tirando del esfuerzo y de amor hacia la persona que cuidamos, pero no su corresponsabilidad casi ontológica y necesaria, que está ahí por el simple hecho de ser dos cuerpos que viven el cuidado. Administrativamente, se nos ha puesto un nombre para la organización de nuestro cuerpo como producto de la despensa básica. Barata, pero indispensable.
Alejarnos de maternar la vida y solo pensar que podemos maternar a hijos, padres y enfermos, esos títulos ciudadanos que tanto nos separan, generan una crónica dependencia sin saber que es mutuo. Maternar personas, plantas, animales, lugares, comunidad. Un tejido vivo que respira y vive. Esto no será nunca posible si menospreciamos y nos burlamos de la ternura. Si actividades como cocinar, limpiar, regar las plantas y sacar al perro solo son practicados por mujeres y vistas a través del espejo de la injuria. Actividades que maternan son vistas como algo bajo, como algo que no necesita la razón ni la inteligencia. Por ello, y como nos educaron desde la hombruna, lo relegamos y le quitamos el valor de entrañable y de respiración vital.
No limpies, no cuides a tu hermana enferma, no cocines. Estudia. ¿Les suena?
La escasez de conexión es más peligrosa que la escasez de control. Maternar nos permite conectarnos con lo que realmente nos mantiene vivas y vivos: el cuidado. Maternar nos enseña cómo hacerlo. La palabra misma nos lleva a un lugar en específico que no permite que maternar sea para todas y todos, pero no he encontrado en nuestro lenguaje una palabra que sostenga la vida y le permita desarrollarse, como lo es maternar. Es urgente que le quitemos los usos peyorativos de las acciones de cuidado. ¿Cómo es posible que despreciemos lo vital? ¿Cómo es posible que despreciemos la vida? Prohibir aprender a cuidar a ciertas personas genera una vida de abusos de otras.
Maternemos hasta que cuidar sea chido por ser compartido y que no sea un motivo de despojo de nuestra propia dignidad. Yo cocino, yo limpio, yo cultivo, yo doy medicamentos, yo llevo al doctor, yo abrazo, ¿y tú?
* Mónica Malinaly Puente Álvarez (@monicapuente7) es activista por el Cuidado Digno y Tiempo Propio, Directora de Danza y Movimiento ProSalud Integral A. C. (@Danzalud), artista del cuerpo y coreógrafa, pedagoga, educadora somática y terapéutica.