Más “seguridad”, menos democracia: la transacción latinoamericana

Joel Aguirre · 5 de octubre de 2026

Más “seguridad”, menos democracia: la transacción latinoamericana

“El diablo está en los detalles”, pronunció un colega hace muchos años cuando diseñábamos el primer instrumento de evaluación de los sistemas de rendición de cuentas de las instituciones policiales, concebido desde el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), allá por el 2002. La herramienta permitía hacer una ponderación de la relación entre las normas y las prácticas de la policía. Y vaya que sí. Al aplicar el instrumento aprendí, en efecto, que son los detalles donde se esconde mucho de lo que sucede en esa institución pública —como seguramente en muchas otras.

Quién se quiere hacer cargo de los detalles en las políticas e instituciones de seguridad y justicia, me pregunto todo el tiempo. Me refiero a las aparentes minucias que no se asoman en los grandes relatos del poder público. Es un círculo vicioso porque en los detalles se alojan problemas de los que nadie —o casi nadie— se quiere hacer cargo. Por ejemplo, si el secretario García Harfuch reporta un crecimiento desorbitado de detenciones y luego la presidenta Sheinbaum dice que por eso están bajando los homicidios, pues ya está. Todos felices y a lo que sigue. Pero no todos.

Los detalles aparecen cuando se mira a fondo. Por ejemplo, el Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México cuenta con resultados preliminares derivados de la observación en decenas de audiencias sobre la calidad del control judicial del uso de la fuerza, encontrando que dicho control se concentra en aspectos formales de la detención, no en el análisis sustantivo sobre el trato a la persona detenida. Además, “es frecuente que los jueces restrinjan el acceso del público a las audiencias sin justificación, lo cual resulta preocupante frente a los principios de publicidad y transparencia que sostienen al sistema de justicia acusatorio y adversarial”.

¿Estamos frente a un creciente extravío regional?

¿Pero a quién le interesan los detalles? La pregunta adquiere aún más relevancia cuando miramos el nuevo pulso de la democracia en América Latina basado en los resultados apenas publicados en el Barómetro de las Américas 2026 de LAPOP. La buena noticia es que ha crecido el apoyo a la democracia, la mala es que, si asumimos que tal régimen se soporta en el ejercicio de los derechos y las libertades, entonces ese apoyo parece más bien enseñar un creciente extravío regional.

Mirado desde el ángulo de la seguridad, el nuevo estudio confirma las alertas que venimos insistiendo desde hace años, cuando observamos que, a nombre de la propia seguridad, lo que está en riesgo creciente es la democracia misma. Parece perfectamente comprensible que la democracia es más valorada si mejores resultados entrega y así lo enseñan las encuestas en cada país, particularmente cuando hablamos de las condiciones materiales de vida de las mayorías.

Pero entonces aparecen los problemas cuando domina el deterioro económico o la alta criminalidad, fenómenos que abren paso a la más grave de todas las noticias: la falla de los gobiernos no activa la exigencia masiva por más, sino por menos democracia, en la medida que domina la exigencia de orden y eficacia, por encima de los contrapesos institucionales.

Explica el reporte: “En todo el continente americano, muchos ciudadanos expresan un firme apoyo a la democracia y, al mismo tiempo, respaldan a líderes que debilitan los mecanismos de control y contrapeso, marginan a los partidos de oposición y cuestionan el Estado de derecho. ¿Por qué existe esta aparente contradicción? Es decir, ¿por qué los ciudadanos que expresan un fuerte apoyo a la democracia suelen respaldar a líderes y prácticas que socavan las instituciones democráticas? Muchos ciudadanos entienden la democracia en términos de un mayoritarismo iliberal: un sistema en el que los líderes electos son considerados representantes legítimos de la voluntad popular y, por lo tanto, tienen derecho a gobernar con pocas restricciones, incluso a costa de los derechos de las minorías y de los mecanismos institucionales de control y contrapeso… Los ciudadanos que sostienen concepciones mayoritarias iliberales tienden a considerar democráticos a los líderes electos simplemente porque fueron elegidos por el pueblo, independientemente de que esos líderes debiliten las instituciones de la democracia liberal”.

¿Orden a costa de los derechos y las libertades?

Vamos a ponerlo así: una es la democracia que limita el poder de muchas maneras (la que está aún en la mayoría de nuestras constituciones) y otra es la “democracia” que en realidad es una cláusula de habilitación del poder de la presidencia, incluso pasando por encima de los otros poderes (la que está en el ánimo social mayoritario). El nuevo estudio regional confirma que, ante la violencia, la evaluación del sistema político se enfoca en resultados, extendiéndose la receptividad a líderes que prometen seguridad a cambio de debilitar libertades civiles, restringir a los jueces o ignorar leyes que “obstaculizan” el trabajo del gobierno. 

Bajo tal lente, regresando a nuestra investigación sobre el control judicial del uso de la fuerza, la pregunta sería la siguiente: si los jueces en efecto hicieran su trabajo y no vinculan a proceso cuando encuentran que se han violado las garantías constitucionales en las detenciones, ¿estarían imponiendo restricciones “indebidas” al gobierno electo de la presidenta Sheinbaum?

El estudio de LAPOP afirma que la inseguridad se ha convertido en una de las fuerzas más poderosas de la política de la región, enfatizando que en esto se juega su futuro en buena medida. Fuerza para llevarnos a dónde, pregunto. Hablé hace muchos años de una convergencia autoritaria, cuando desde arriba se ofrece y desde abajo se exige orden a costa de los derechos y las libertades. Habría que decir las cosas como son. Cuando las mayorías quieren democracia sin controles sobre el poder, en realidad soportan la transacción de la seguridad por la democracia, negociación perdedora que dejaría a la región sin ambas. Al tiempo.♦ 

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