blogeditor · 6 de septiembre de 2017
Los hallazgos y la evidencia de la ENIGH 2016 y de la nueva medición de la pobreza de CONEVAL son contundentes y obligan a reflexionar, no a festejar reducciones mínimas.
Ante la brutalidad de estos datos resultan inaceptables las medidas cosméticas que lo único que pretenden es maquillar la realidad. Si el combate a la pobreza y la desigualdad avanzara a golpe de ceremonias oficiales y discursos presidenciales, iríamos por buen camino.
Las nuevas cifras se empeñan en recordarnos nuestra dolorosa realidad. Necesitamos acción, ya no más simulación. Urge un nuevo modelo económico y social incluyente y con enfoque de derechos para hacer frente de manera efectiva a la pobreza y la desigualdad.
De acuerdo con las cifras de CONEVAL para 2016:
Las apariencias engañan
Por otra parte, hay que tener cuidado, en algunos casos se trata de cifras no comparables, o que en muchos casos no cambian la realidad.
Las mínimas reducciones en la carencia “rezago educativo” se explican sobretodo por que niñas y niños menores de 6 años que asisten a guarderías ahora son considerados en “educación preescolar” pese a que su funcionamiento y actividades sigan siendo iguales, y en realidad sean espacios de cuidado y no centros educativos.
Las reducciones en la carencia por “acceso a servicios de salud” se explican sobretodo –desde hace 15 años al menos – por la afiliación de quienes carecen de seguridad social, al “Seguro Popular”. Sin embargo, esta afiliación no garantiza su acceso efectivo a los servicios. Además de que de acuerdo al mandato de la Ley, esta carencia debería estar en “cero” por el compromiso de la cobertura universal en salud que debería haberse alcanzado en 2010.
Especial cuidado debe tenerse con la cifra de pobreza extrema. Parecería que México por fin está logrando reducir esta condición inhumana de carencia aguda. El dato oficial para 2016 la ubica en 7.3% y contabiliza “únicamente” a 9.4 millones de personas en esta situación.
En realidad, y también con los datos oficiales de CONEVAL, sabemos que hay más de 21 millones de personas que carecen de ingreso insuficiente para adquirir alimentos. (Ver imagen de tabla CONEVAL. Resaltados por nosotros).
Estos 21 millones de mexicanos, son el 17.5 % de la población. De acuerdo a parámetros internacionales se ubican en condición de pobreza extrema por carecer el ingreso suficiente para una canasta mínima de alimentos. Estarían en “pobreza alimentaria” de acuerdo a las categorías usadas en México hace pocos años.
Esta condición extrema afecta especialmente a la población indígena: 42 %. Y también a quienes viven en zonas rurales: 29 %.
En algunos estados del sur del país, una gran parte de la población carece de ingreso suficiente para adquirir la canasta alimentaria. En Chipas es la mitad de la población (49.9 %); en Oaxaca son 4 de cada 10 (40.2 %); en Guerrero es más de la tercera parte (35.2 %); en Veracruz es casi la tercera parte de la población (30.6 %), que se ubican en “pobreza extrema por ingresos”.
Urge un nuevo rumbo para crear un modelo que logre cohesión social
Desde la sociedad civil no aceptamos que las cifras sirvan para festinar o para denostar como actos de campaña. Los discursos políticos que no generan propuestas de cambio para hacer frente a la pobreza y la desigualdad de manera efectiva, solo persiguen fines electorales y ningún efecto social.
La medición de la pobreza constituye un llamado de atención que exige acciones inmediatas. No podemos esperar al próximo gobierno, hay medidas urgentes que se pueden tomar desde el gobierno federal y desde los gobiernos locales.
Especial responsabilidad tienen los gobernadores que iniciaron su mandato en 2015 ó 2016. La gran mayoría cuentan con tiempo suficiente para hacer un cambio de rumbo y romper la inercia de programas dispersos, clientelistas, paternalistas y disociados del desarrollo regional, el fomento productivo y las políticas de inversión.
No habrá resultados sustanciales y sostenidos frente a la pobreza y la desigualdad si no se abandonan políticas empobrecedoras. Tampoco si no se establecen modelos incluyentes y que reduzcan brechas de desigualdad.
Algunas propuestas para empezar a construir este nuevo modelo son:
Todo esto aplicando el enfoque de derechos previsto en el art. 1º de la Constitución.