blogeditor · 5 de agosto de 2013
Pero no aquí.
El exjefe de policía durante el operativo del New´s Divine, ex coordinador de campaña de Miguel Ángel Mancera para el PRD; actual director del Sistema de transporte Colectivo Metro ha estado muy ocupado últimamente. Joel Ortega Cuevas inauguró la semana pasada el mural ‘Los Pueblos no guardan la memoria’ (sic), en la estación del Metro Xola. La nota de Excélsior inmortaliza estas perlas retóricas, compartidas por el funcionario sin el mejor dejo de ironía. “Estamos perdiendo la memoria, de 10 años atrás nos la han borrado o la queremos borrar. Este mural lo que trata es de mostrar lo que está en la memoria todavía, lo que le pasa a nuestro país y la vigencia de las cosas. Este mural les confieso que no es una obra del Sistema de Transporte Colectivo, ni del gobierno, sino un mural del pueblo y de todos, porque el muralismo es parte de nuestra esencia”.

Juan Molinar Horcasitas: principal vocero e ideólogo del PAN, uno de los principales responsables de la privatización de estancias infantiles que derivó en el incendio de la Guardería ABC, debería estar en la cárcel o su casa si viviésemos en otro país. Aquí, su destino es seguir en la palestra, protegido por figuras como Felipe Calderón o el presidente del PAN Gustavo Madero. Aquí se le puede ver reunido con la alta jerarquía partidista y el Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong. Dando seguimiento del Pacto por México

El ex alcalde de Hermosillo del PRI Ernesto Gándara llegó a la Cámara Alta con votos de las y sonorenses que olvidaron que él era el principal responsable de protección civil durante el incendio de la Guardería ABC. Como allegado de confianza de del líder de la fracción del PRI Emilio Gamboa, ahora su nombre suena suena como posible candidato para presidir el Senado de la República, de acuerdo a la sección ‘Bajo Reserva’ de El Universal .

En México, la historia de sus cúpulas político-empresariales se repite como farsa y tragedia en ciclos interminables. Vapuleando a nuestra incipiente democracia; socavando instituciones que podrían sacarnos del atolladero colectivo en el que nos encontramos, y fomentando la corrupción e impunidad desde el gobierno y la administración de los partidos.
Abundan también monigotes de medio pelo totalmente impunes y con grandes expectactivas laborales, como la veterana Yunquista Cecilia Romero, compañera de reingeniería ideológica de Molinar y secretaria general del PAN: ex titular del Instituto Nacional de Migración durante la masacre de San Fernando en Tamaulipas de septiembre del 2010, o el también azul ex alcalde de Monterrey en funciones cuando se produjo el atentado e incendio del Casino Royale del 25 de agosto de 2011: favorecido después por electores neoleoneses y hoy diputado federal Fernando Larrazabal (hermano del quesero extorsionador Jonás); o los impresentables priístas Claudia Pavlovich y Abel Murrieta, recomendadora oficial de los dueños y ex procubridor estatal estrechamente vinculados a la muerte de 49 bebés e innumerables lesiones de decenas más en la tragedia de la Guardería ABC, Senadora federal y diputado local respectivamente.



Preguntas adicionales. ¿Nadie se cuestiona en el PRI la pertinencia de siquiera incluir a personas con el perfil de Gándara como candidatos a cargos protocolarios legislativos que revisten la mayor importancia? ¿Recibirá el actual presidente de la Comisión de Trabajo del Senado a visitantes distinguidos, sin reparar en su involucramiento con la peor pérdida infantil de la que se tiene noticia? Son dudas que deberían ser despejadas por César Camacho, Manlio Fabio Beltrones y el mismo Enrique Peña Nieto, antes de conferir en un sujeto tan cuestionado esa grave responsabilidad.
Lo mismo podría decirse del desempeño de Molinar, Romero, Larrazabal, Murrieta, Pavlovich, Ortega en el DF y Luis Rosales, señalado como violador de los Derechos Humanos dos veces por la Comisión correspondiente: tanto en los eventos del New’s Divine como el Primero de Diciembre en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Una lista que se amplía, y se vuelve más numerosa sexenio tras sexenio.

La telenovela mexicana, ajena a todas y todos nosotros, sigue su curso inexorable. Tendríamos -por necesidad- que participar en un mejor desenlace.