blogeditor · 11 de mayo de 2022
Al hablar de prevención del consumo de sustancias psicoactivas y, en específico, aquella dirigida hacia las y los jóvenes, comúnmente se piensa que las estrategias deben tener como meta la abstinencia. Incluso nos hace recordar aquel lema de di no a las drogas, junto con el énfasis en los efectos negativos que el consumo puede traer a la vida de las personas. Ejemplos de este tipo de estrategias son aquellos mensajes que forman parte de la Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones “Juntos por la paz”, 1 que llaman a las personas a no consumir sustancias, mediante la dramatización de los efectos del consumo de drogas e incluso la estigmatización de quienes lo hacen. Este tipo de estrategias no son la única forma de hacer prevención, ni mucho menos, reduce los factores de riesgo.
En un sentido amplio, la prevención se trata de la promoción de conductas saludables y cambios necesarios para disminuir conductas riesgosas. Ahora, cuando se trata en específico del consumo de sustancias -legales o ilegales-, la prevención puede ser de tres tipos: universal (dirigida a todas las personas, y busca evitar que una persona consuma), selectiva (focalizada hacia quienes están en mayor riesgo de consumir y tiene como fin retardar el consumo) e indicada (centrada en aquellas personas que consumen drogas y tiene por objetivo que las personas no desarrollen un consumo problemático y otros problemas de salud y/o sociales).
Así, la prevención del consumo de drogas en las juventudes implica acciones que tengan como objetivo el desarrollo saludable de éstas, para que alcancen su mayor potencial. 2 Esto significa que la prevención debe realizarse desde una visión holística, abordando estrategias que también impacten a otros actores y elementos cercanos a las y los jóvenes, tales como sus pares, la familia, la escuela, el lugar de trabajo, la comunidad, las y los tomadores de decisiones e incluso las leyes y políticas de drogas, entre otros, es decir, fortaleciendo los factores de protección. En este sentido, durante las últimas décadas 3 la prevención del consumo de drogas ha integrado los conceptos de factor de riesgo y factor de protección como elementos esenciales de ésta. Los factores de protección son aquellas características y variables que reducen las posibilidades de que una persona comience a consumir, o bien, que postergue su uso de drogas. Mientras que los factores de riesgo son aquellas características y variables que aumentan las posibilidades de que una persona comience a consumir sustancias. 4 Y es la compleja interacción de estos factores la que influencia el consumo de drogas en las juventudes. 5
Y para identificar estos factores en nuestras comunidades es indispensable la recopilación de información objetiva, medible y comparable sobre el consumo de sustancias. En este sentido, en 2020, México Unido Contra la Delincuencia llevó a cabo la Encuesta Estatal sobre Riesgo y Protección para el Consumo de Drogas (ERPCODA) en 10 estados, 6 esto como parte central del proyecto “Conocer para transformar”. 7 La encuesta se desarrolló con el fin de contar con información relacionada al consumo de sustancias en jóvenes entre 12 y 17 años, y arrojó información sobre la presencia de ciertos factores de riesgo y protección en las entidades elegidas para el proyecto.
De acuerdo con los resultados de la ERPCODA, uno o más factores de riesgo asociados al círculo social del individuo y sus pares estuvo presente en los 10 estados del proyecto. 8 El factor de riesgo con mayor presencia fue el uso de sustancias entre las amistades. Este factor es uno de los determinantes más importantes para predecir el consumo de drogas en adolescentes. 9 Además, los hallazgos de la encuesta arrojaron que existen otros factores de riesgo relacionados con el consumo entre amistades que también son determinantes, tales como la percepción de riesgo hacia el uso de drogas y actitudes favorables hacia el consumo de sustancias. Sobre el círculo de amistades y pares, la ERPCODA muestra la frecuencia con la que el informante realizó actividades de recreación o extracurriculares, sus conductas dentro de su círculo de amistad y si dentro de éste percibió incentivos para desarrollar conductas antisociales, prosociales y/o consumo de drogas. A nivel individual, también cuenta con información acerca de la tolerancia percibida hacia el consumo de sustancias y conductas antisociales, los riesgos percibidos del uso de sustancias, así como de las convicciones personales del informante respecto al consumo.
Los datos de la encuesta también arrojan que la edad promedio de inicio de consumo de alcohol fue de 14 años, mientras que al preguntarles a las y los participantes si alguna vez se habían emborrachado, el 20% dijo que sí y fue entre los 13 y los 15 años, el rango de edad más frecuente (13%) en el que reportaron haber estado en esa condición. Esto implica que estas personas jóvenes tuvieron su primera borrachera cuando decidieron probar alcohol, y es muy probable que lo hicieran por presión social, pues el 43% de los respondientes dijeron que esto podría darles popularidad entre sus pares. Para el caso del tabaco, la situación no es muy distinta: la edad promedio de inicio de consumo de tabaco fue de 13.9 años y este consumo se volvió algo regular desde esta edad, además, el 16% de las y los entrevistados declararon que fumar cigarros podría darle popularidad entre sus pares o amigos. Esto significa que el consumo de tabaco pudo estar impulsado por este tipo de percepciones que se tiene entre las amistades, considerando que el 36% dijo que al menos uno de sus amigos sí consume tabaco.
En el caso de la mariguana la edad promedio de inicio de consumo fue de 14.2 años, como se ha descrito en entradas anteriores. 10 Y aunque este consumo no fue sostenido, sí fue incentivado por la percepción del estatus que puede darles entre sus amistades y pares, ya que el 36% de las y los encuestados consideró que existe alguna probabilidad de ser considerado “popular” por fumar mariguana. Además, el 27% dijo que por lo menos uno(a) de sus amigos(as) consume esta sustancia. La ERPCODA también preguntó a las personas que habían consumido (incluyendo alcohol y tabaco) si contaban con información sobre la sustancias, y el 73% dijo que sí. Al preguntar sobre cuál fue la principal fuente de consulta de esta información, el 54% dijo que a través de sus amistades.
Estos datos presentados son una fotografía de la percepción de las juventudes sobre el tema de drogas y son solo un ejemplo del tipo de información que debe recopilarse para tener conocimiento sobre los factores que aumentan el riesgo de consumir entre las y los jóvenes. Es a partir de esta información que pueden desarrollarse acciones específicas de prevención que aborden múltiples dominios de los factores de riesgo y protección. Por ejemplo, se podrían plantear talleres informativos diseñados a partir de la perspectiva de juventudes y que comuniquen información basada en la evidencia científica y libre de estigma sobre las sustancias, sus efectos, estrategias para reducir los daños asociados a su consumo, así como tratamientos en caso de un uso problemático. También, un elemento central de esta acción podría ser la formación de pares en el tema, para que entre las y los jóvenes repliquen este tipo de información. Y en paralelo podrían revisarse las ofertas que existen sobre actividades de recreación o extracurriculares en las comunidades de las y los jóvenes y promover canales de comunicación para que sean ellas y ellos quienes propongan actividades que les interesen.
Finalmente, contar con este tipo de información brindada por las y los jóvenes sobre las dinámicas de consumo es fundamental para elaborar estrategias que tengan mayores probabilidades de éxito. Así se podrá entender con mayor precisión cuáles son los factores de riesgo y protección y la interacción entre éstos, pues dichas interacciones son el espacio en el que la prevención debe intervenir, ya que son las que inciden en los comportamientos y en la decisión sobre consumir sustancias psicoactivas o no. 11 Por ello, es importante que en el gobierno federal reconsidere la cancelación 12 de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas , Alcohol y Tabaco, pues esta medida representa un gran retroceso para la obtención de datos actualizados y para el desarrollo de estrategias de prevención de consumo eficientes y basadas en la evidencia científica.
La prevención del consumo de drogas no puede reducirse a estrategias de tipo universal ni mucho menos bajo mensajes que tienen por objetivo la abstinencia, ya que esto deja a un número importante de personas jóvenes sin herramientas que les permitan abordar el fenómeno de las drogas de la mejor forma posible. La prevención también debe dirigirse hacia quienes están en riesgo de consumir o ya consumen, y su eje central debe ser siempre el respeto de los derechos humanos, la salud pública, la evidencia científica, la no criminalización y la inclusión.
* Rebeca Calzada (@RebecaCol) e Israel Álvarez (@Josser_Israel) son investigadores del área de Investigación y Políticas Públicas en México Unido Contra la Delincuencia.
1 CIJ (2019) Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones “Juntos por la Paz”. Gobierno de México. Disponible aquí.
2 Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías. Currículum de prevención europeo: un manual para quienes toman decisiones, crean opinión y elaboran políticas sobre la prevención del uso de sustancias basada en la evidencia (Universitat de les Illes Balears, trad., Rementeria O, rev.). Madrid: Ministerio de Sanidad. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas; 2020. 200P. Disponible aquí.
3 What are risk factors and protective factors? (2020, Mayo 25). National Institute on Drug Abuse.
4 Arthur, M. W., Hawkins, J. D., Pollard, J. A., Catalano, R. F., & Baglioni, A. J., Jr. (2002). Measuring risk and protective factors for substance use, delinquency, and other adolescent problem behaviors: The Communities That Care Youth Survey. Evaluation Review, 26(6), 575–601. Disponible aquí.
5 Nawi, A. M., Ismail, R., Ibrahim, F., Hassan, M. R., Manaf, M. R. A., Amit, N., Ibrahim, N., & Shafurdin, N. S. (2021). Risk and protective factors of drug abuse among adolescents: a systematic review. BMC Public Health, 21(1). Disponible aquí.
6 Aguascalientes, Ciudad de México, Coahuila, Durango, Guanajuato, Hidalgo, Morelos, Oaxaca, Quintana Roo y Yucatán.
7 Conocer para transformar tiene como objetivo general caracterizar los perfiles sociodemográficos y epidemiológicos de las y los jóvenes de entre 12 y 17 años en 10 de las entidades federativas con mayor consumo de drogas ilegales en esta población, identificando factores de riesgo y protección relacionados con el consumo inicial temprano para hacer recomendaciones de políticas públicas estatales que lo retrasen y prevengan.
8 Si deseas conocer los resultados de la encuesta, revisa los informes estatales disponibles en el sitio Conocer para transformar.
9 Aunque se conoce que existen varios factores de riesgo a los que se exponen las personas jóvenes además de los del círculo individual y de pares, conocer la información directamente de las partes involucradas ayuda a construir un amplio conocimiento acerca del fenómeno del consumo temprano de sustancias.
10 Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones: prohibicionista, prejuiciosa y estigmatizante.
11 Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías. Currículum de prevención europeo: un manual para quienes toman decisiones, crean opinión y elaboran políticas sobre la prevención del uso de sustancias basada en la evidencia (Universitat de les Illes Balears, trad., Rementeria O, rev.). Madrid: Ministerio de Sanidad. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas; 2020. 200P. Disponible aquí.
12 Pradilla, A. (2022, January 27). Gobierno federal descarta hacer encuesta sobre uso de drogas que se realizaba cada cinco años. Animal Político.