Rubén Aguilar · 28 de junio de 2011
La despenalización del consumo de las drogas y la legalización del uso de la mariguana debería ser parte de la agenda de discusión entre el gobierno de México y Estados Unidos.
El enfoque de salud pública y la legalización del consumo de la mariguana pueden abrir -parcialmente- las puertas a una solución de fondo al problema del narcotráfico y la violencia que trae consigo.
El costo anual a nivel mundial del enfoque punitivo oscila entre 100 mil y 150 mil millones de dólares, que en los hechos se “tiran a la basura” porque no resuelven el problema y sí lo agravan, según consta en cada vez más trabajos de corte académico.
Los diversos estudios revelan que a nivel mundial las personas que han fumado mariguana llega a 300 millones, el 3.0 % de la población total, que asciende a 7,000 millones de personas.
El presidente Calderón se ha convertido en uno de los principales promotores mundiales de la prohibición y el enfoque punitivo. Los resultados de esta posición están a la vista. Más violencia y 40 mil muertos.
La cancillería mexicana promueve ahora por el mundo el planteamiento, desde mi punto de vista equivocado, del presidente Calderón. La canciller Patricia Espinosa, a nombre de México, señaló en la XLI Asamblea General de la OEA que:
“Hay voces que promueven falsas soluciones o abogan por arreglos con los narcotraficantes. No nos engañemos: no hay más solución que aplicar la ley. Claudicar y legalizar las drogas, no es una opción”.
La afirmación es falaz porque no se trata de claudicar y dejar de combatir al crimen organizado. Esa no es la discusión. El tema versa sobre la estrategia adoptada para poder lograr el propósito porque la realidad nos enseña que unas estrategias conducen al triunfo y otras a la derrota.
Los datos muestran que la adoptada por el presidente, no dudo en ningún momento de su buena voluntad, ha fracasado. Se trata de adoptar una estrategia que garantice obtener lo que se quiere. Esta no lo permite y todo indica seguirá la violencia.