blogeditor · 8 de abril de 2014
Hoy 8 de abril se cumplen 100 años del nacimiento de María de los Ángeles Félix Güereña, conocida mundialmente como María Félix. Nació en Álamos, Sonora, en 1914, y murió en la Ciudad de México, el 8 de abril de 2002. Es una de las grandes divas en la historia del cine mexicano.
En Navojoa, de niño, mucho antes de que viera sus películas, identificaba a María Félix. Era prima lejana de mi madre. A ella no le gustaba hablar de María, pero cuando no tenía más remedio siempre terminaba por elogiar su hermosura y reconocer su personalidad. Ella, para mí, desde muy niño, sin nunca conocerla, fue alguien importante. La imagen que me hice era la de una sonorense que se había destacado por su belleza, por su arrojo, por romper esquemas y tener una personalidad avasalladora. María, siempre me ha cautivado.
En su página oficial en Internet, alimentada la última vez probablemente en 1998, todavía en vida de ella, que contiene fotos de la infancia y distinta épocas de su vida, se lee:
“Sus padres fueron Bernardo Félix y Josefina Güereña, él con sangre de indio yaqui, ella hija de españoles y educada en un convento en Pico Heights, California. Sus hermanos Josefina, María de la Paz, Pablo, Bernardo, Miguel, María Mercedes, Fernando, Victoria Eugenia, Ricardo, Benjamín y María del Sacramento.
Antes de mudarse a Guadalajara la familia pasaba la vida entre Álamos y el Quiriego, un rancho donde vivían los abuelos; allí María prefería jugar con sus hermanos subiendo a los árboles y montando a caballo y otras cosas que hacían los muchachos de la familia. Se apartaba de los juegos de niña con sus muñecas y comiditas que practicaban sus hermanas.
Le gustaba andar con su hermano Pablo, desarrollándose una gran admiración de María hacia su hermano; lo que fueron juegos inocentes en la niñez empezaron a parecerle peligros a la madre que observaba la veneración de que Pablo era objeto de parte de María, y habló con su esposo acerca de enviar a Pablo al colegio militar sin entrar en más detalles pues conocía el carácter de don Bernardo.
[contextly_sidebar id=”4c087de3eb7681399b4785c6cefb59cb”]Esa sería la primera gran pena para María, pues además de la separación se sintió que se quedaba sola en medio de aquellas hermanas que no la entendían; contaba siempre con el apoyo de su madre, pero eso no era bastante para una niña que empezaba la adolescencia. Un día recibieron la noticia de que su hermano Pablo había muerto en el colegio militar. Las circunstancias nunca fueron del todo aclaradas, María pasó de la pena a un dolor nunca antes sentido.
Ya en Guadalajara se fue convirtiendo en una belleza que desde los 13 años hacía volver la cabeza a sus compañeros de colegio y a hombres de mediana y avanzada edad. Un día los estudiantes le pidieron que fuera reina de la universidad, para María adolescente ser reconocida como belleza, ser coronada como reina y desfilar en una carroza por la ciudad fue un sueño que se hizo realidad y que continuaría para siempre gracias a la inteligencia, disciplina y férrea voluntad de María. Al poco tiempo y para evitar seguir bajo la disciplina de don Bernardo, se casó con Enrique Álvarez. La juventud y la inexperiencia de ambos terminó en divorcio. De esta unión María tuvo su único hijo, Enrique Álvarez Félix.
María se desplazó a la Ciudad de México. Un día, a principio de los años cuarenta, el ingeniero Fernando Palacios la abordó en la calle de Palma y la convenció de hacer una prueba para el cine, ella no lo tomó en serio pensando más bien que el ingeniero Palacios quería tener una aventura con ella, pero una vez convencida que no era así le gustó el reto y lo aceptó. De ahí en adelante todo sería historia y leyenda.
En su carrera cinematográfica María filmó 47 películas, todas con artistas de gran fama como Pedro Armendáriz, Rossano Brazzi, George Marchall, Yves Montand, Gerard Philipe, Vittorio Gassman, Curt Jurgens, Fernando Rey, Jack Palace, Fernando Fernán Gómez, Jorge Mistral, Arturo de Córdova, Jorge Negrete, Carlos Thompson, Ignacio López Tarso, Emilio Fernández y muchísimos más.
María se casó cuatro veces: con Enrique Álvarez, con Agustín Lara, con Jorge Negrete y con Alex Berger. Actualmente, dese hace 16 años, tiene una relación con el pintor francés Antoine Tzapoff. Vive seis meses del año en París y los otros seis en México, entre su casa en la Ciudad de México y la de Cuernavaca. Ha recibido y sigue recibiendo honores, homenajes y distinciones y el cariño del pueblo de México. En 1996, Francia la condecoró con la orden de Commandeur dans I´Ordre National des Artes et des Lettres, la más alta distinción que otorga el gobierno de Francia, siendo María la primera mujer de América Latina que lo recibe.
En París ocupa su tiempo en exhibiciones de arte, moda, antigüedades, museos y visitar a sus amigos, siendo la propietaria de la colección de pinturas “Cuando la danza se vuelve rito, los indios de México”, pintada por Antoine Tzapoff y que ha recorrido varios museos de la República Mexicana, en Valencia, España y actualmente en París, Francia, en la Casa de la América Latina (se inauguró en marzo de 1997). En México, aparte de arreglar su casa en la Ciudad de México y la de Cuernavaca, asiste a comidas o cenas en casa de sus amigos, da entrevistas a periódicos o programas de televisión que encuentra interesantes.
En 1991 en un programa de televisión con Verónica Castro, mantuvo cerca de cuatro horas la atención de los telespectadores constituyendo así el rating más alto. En 1996 hizo un programa de televisión con Ricardo Rocha que duró cinco días (dos horas diarias) y que mantuvo el interés de los mexicanos con el rating más elevado. Hizo otro nuevamente con Verónica Castro a finales de 1996, con una duración de casi cuatro horas donde el tema fue la mujer, cantó dos canciones con mariachi y dos tangos.
Sigue siendo objeto de interés, admiración y envidia; cuando alguna persona anónima quiere hacerse notar escribe o da entrevistas que le darán unos pesos o notoriedad por dos minutos. A María nada de esto le importa, ella continúa inamovible, su público la colocó como máxima diva de habla hispana y sus fans la tienen como una diosa del cine mexicano, una personalidad única que no copió a nadie, que tiene un estilo propio que nadie pudo copiar”.