¿Marchas conmigo?

blogeditor · 14 de junio de 2016

¿Marchas conmigo?

Por: Daniel Berezowsky (@danberezowsky)

Voy a marchar este sábado 25. Es la primera vez que lo hago.

Jamás me he considerado un activista, pero creo que este año, en particular, es importante estar ahí.

En punto de las 10 de la mañana, miles de integrantes de los colectivos LGBTI, acompañadxs de aliadxs, amistades, familiares y ciudadanxs comprometidxs con la igualdad, tomaremos Paseo de la Reforma para exigir el respeto a nuestros derechos y a nuestra dignidad.

Lo haremos en un ánimo yuxtapuesto de júbilo y tragedia. Con los colores festivos que siempre han caracterizado al movimiento del orgullo, pero con una sombra de dolor por los hechos de Orlando hace unos días, y de Xalapa, hace unas semanas. Ellos, entre muchos otros que suceden todos los días, pero que no llegan a las primeras planas, a los noticieros, ni a los hashtags en redes sociales.

Marcharemos, muy importante decirlo, sin violencia. Sin hacer pintas en monumentos, ni romper vidrios de los comercios.

Pero lo haremos con firmeza. Marcharemos contra el odio que, a pesar de los avances, persiste en México y del mundo; contra la intolerancia que tan fácilmente recurre a las palabras y a las armas. Contra la impunidad que se cobija en nuestro marco jurídico insuficiente, y contra la discriminación que se fomenta desde los salones de clase, las curules y los púlpitos.

Marcharemos con profunda tristeza, pero sin llevar un mensaje de rencor, de división ni de venganza. Vamos más bien, por la unidad, por la fraternidad y por el respeto a los derechos civiles de todas y todos.

Por leyes justas, sin excepciones ni artículos transitorios engañosos.

Vamos, como dice el lema de este año “por todos los derechos para todas las familias”. Sí, así, en plural: familias.

Vamos con la convicción de que somos más en México quienes estamos a favor de celebrar la diversidad y dejar atrás estigmas y estereotipos.

Marcharemos para recordarle a obispos y curas lo que significa el rostro de Benito Juárez en cada billete de veinte pesos que sacan de entre sus limosnas los domingos. Que podrán tener el monopolio del diezmo, pero jamás tendrán el uso exclusivo del nombre de Dios, y mucho menos el de las instituciones del Estado.

Para refrendar que ninguna libertad religiosa puede estar por encima de la dignidad humana, así como ninguna noción de Dios debe incitar a la violencia.

Marcharemos para exigirle a las y los legisladores congruencia; para que así como no dudan en tomarse el puente del 21 de marzo con dos días de antelación, tengan presente el principio de laicidad que esa fecha conmemora, a la hora de dictaminar una iniciativa de matrimonio igualitario.

Vamos a Reforma, a decirle un fuerte NO a la homofobia enmascarada de indiferencia; a quienes pretenden justificar un grito en los estadios diciendo que es un tema cultural; a la ingenua noción de que las palabras no importan.

Sí importan, e importan mucho. Con palabras se escriben leyes que excluyen; con palabras se educa a las y los niños, a pensar que valen menos por ser diferentes; con palabras se lleva a un adolescente a preferir el suicidio o se persuade a quien le es fácil tomar un arma, a cometer una masacre. Todo empieza con palabras, dichas quizás de forma demasiado sencilla y sin medir las consecuencias.

Por todas esas razones marcharemos. No como letras en un acrónimo, ni como minorías de género, sino como la gran mayoría de mexicanas y mexicanos que quieren un país de derechos y libertades.

Y en ese sentido, la invitación es amplia. Me incluye a mí, pero también te llama a ti. Porque no se trata de si estás a favor o en contra de la familia; es más bien, sobre si estás del lado del odio o de la inclusión. ¿Cómo ves? ¿Marchas conmigo?

 

* Daniel Berezowsky es Licenciado en Ciencias Políticas, especializado en comunicación política y análisis de discurso. Su experiencia incluye el Poder Legislativo, la Administración Pública Federal, la prensa escrita y el cine.