La Marcha del Orgullo LGBTQ+ desde una mirada bioética

Joel Aguirre · 24 de junio de 2026

La Marcha del Orgullo LGBTQ+ desde una mirada bioética

Por Omar Alejandro Olvera Muñoz y Luis Alfonso Munive Valencia*

Históricamente, la Marcha del Orgullo LGBTQ+ en México no solo ha cambiado de nombre para dar reconocimiento y visibilidad a las diversas orientaciones sexuales, identidades o expresiones de género de la disidencia sexual, sino que también ha virado respecto a las exigencias sociales que son evidenciadas o reclamadas por parte de los diversos colectivos humanos que en ella intervienen.

Así, comenzó siendo nombrada Marcha del Orgullo Homosexual y por primera ocasión se realizó en la Ciudad de México en el mes de junio de 1979, con una clara focalización en la exigencia de la libertad de la expresión sexual, así como por el respeto social y policial. Esto último por la necesidad de erradicar los procesos de patologización y rechazo social hacia las personas de la disidencia sexual, así como también por una apuesta política por eliminar y sancionar todos los actos de criminalización y estigmatización hacia las personas de este grupo humano. 

Esta centralidad se debe a que en esas décadas las personas de la disidencia sexual eran consideradas enfermas, poseedoras de algún trastorno mental o simplemente criminalizadas por la sociedad general —incluso no eran llamada como una disidencia por los espacios académicos.

No obstante, estos actos de estigmatización iban más allá de una consideración patológica o de una denominación como criminales. En realidad, este imaginario social tuvo efectos directos en los procesos de atención a la salud o en el libre tránsito por las calles del país. En cuanto a la atención a la salud, particularmente los hombres homosexuales y las mujeres trans fueron asociados con el VIH/sida y sus prácticas sexuales fueron mal vistas y, por tanto, las personas profesionales de la salud además, de evitar atenderlos, lo hacían basados en el prejuicio o el estereotipo. En muchos casos, se negó la atención médica y, en consecuencia, se dejaba morir a las personas que tenían sida.

Colectivos se organizan y exigen libertad sexual

Al mismo tiempo, se buscaba castigar a las personas de la diversidad sexual o a quienes parecían serlo, por medio de las conocidas razzias, actos de represión policiaca realizados en la calle o en espacios de convivencia frecuentados por personas de la diversidad sexual. Los policías detenían a las personas o las golpeaban por “trastocar el orden público”. 

La sinergia de estos actos de patologización y criminalización de las personas de la diversidad sexual dieron pauta para que diferentes colectivos se organizaran y exigieran su libertad sexual en la vía pública. Con consignas como “¡No hay libertad política si no hay libertad sexual!”, quedó registrada en la historia del país la primera Marcha del Orgullo en el mes de junio, una lucha política que comenzó por la necesidad del reconocimiento social y respeto a la diversidad sexual en el país.

Casi 50 años después, la conocemos como Marcha del Orgullo o Marcha LGBTIQ+, y las exigencias que hoy en día se reclaman son muy distintas a las que se tenían en un inicio. En primer lugar, debido a que los momentos históricos son diferentes a los del cierre de la década de los 70, así como también porque las personas que en ella participan han pasado por procesos sociales que no se asemejan del todo a los de aquellas épocas. 

Hoy en día la homosexualidad y transexualidad ya no forman parte de los manuales de trastornos mentales utilizados por profesionales de la salud. Desde 1990 la homosexualidad fue eliminada de dicha clasificación y desde 2004 este acto se conmemora cada 17 de mayo, cuando la Organización de las Naciones Unidas proclamó el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia

También, desde hace algunos años, tiene reconocimiento legal el matrimonio entre personas del mismo sexo; se ha impulsado la Ley de identidad de género y, de forma más reciente, la sanción para las personas que realicen esfuerzos para corregir la orientación sexual y la identidad de género.

Transfeminicidos y crímenes de odio, entre las cuentas pendientes

Pese a estos avances, siguen pendientes abordajes puntuales que continúan siendo de gran relevancia para la vida de las personas asistentes a la Marcha del Orgullo, como los transfeminicidos o crímenes de odio, los procesos de discriminación y rechazo social en los espacios educativos, laborales, judiciales o en el sector salud, junto con la falta de capacitación para el abordaje culturalmente competente en el ámbito sanitario. Por lo que, a pesar de los avances mencionados, se reconoce la relevancia de continuar con una lucha política y social iniciada hace más de 40 años en el país, pero que hoy en día rebasa las demandas iniciales de aquellos colectivos de la diversidad sexual.

Como parte de esta última idea, se puede mencionar la actual Marcha del Orgullo, donde es posible identificar cuestiones que trascienden la libre expresión de la sexualidad humana y ponen sobre la mesa aspectos sociales, políticos y culturales que nos invitan a pensar sobre la diversidad sexual desde una forma interseccional y con mayor complejidad. Por ejemplo, desde hace unos años, han incrementado las voces críticas en relación al pink washing que existe dentro de la marcha, así como el pronunciamiento en contra del genocidio en contra de Palestina bajo la máxima ¡Con genocidio no hay orgullo!”, expresiones que permiten analizar la marcha ya no solo como un espacio de exigencia de libertad sexual, sino también en el que se pueden abordar nociones relacionadas con la vida, en general, a partir del actuar político de las disidencias sexuales.

A pesar de las críticas que la marcha ha tenido, específicamente en lo que se refiere al derroche económico que en ella se genera, producto de la promoción y exhibición de empresas o marcas que aprovechan el espacio para la difusión de sus productos o actividades, hablar de la Marcha del Orgullo implica reconocer una entidad viva, llena de tensiones y contradicciones, pero también de esperanza, activismo y posturas críticas que pueden y deben invitarnos a pensar sobre las exigencias que le dieron origen: el respeto a la dignidad y a los derechos humanos, así como el cumplimiento de exigencias sociales relacionadas con las personas y los colectivos que históricamente han sido señalados, marginalizados y vulnerados. 

La lucha por la vida digna de las personas de la disidencia sexual sigue vigente, y se requiere sumar esfuerzos para dar continuidad a lo que a finales de la década de los 70 se buscó: el respeto a la libertad sexual de todas las personas.

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*Omar Alejandro Olvera Muñoz es licenciado en Psicología por la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la UNAM, maestro en Medicina Social y doctor en Ciencias en Salud Colectiva, ambos por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco. Es autor de más de una veintena de artículos científicos y profesor de tiempo completo de la Universidad de la Salud de la Ciudad de México (Unisa). Y Luis Alfonso Munive Valencia es licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de México y maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM, donde concluyó su doctorado en Bioética. Actualmente funge como responsable académico de la Especialidad y Maestría en Bioética de la Unisa. Ambos autores son cocoordinadores del grupo de investigación Bioética, salud y disidencias sexogenéricas, del Programa Universitario de Bioética de la UNAM.

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