Mi marcha es más grande que la tuya

blogeditor · 24 de enero de 2017

Mi marcha es más grande que la tuya

Por: Gerardo Cárdenas (@ElGerryChicago)

Llevamos apenas un puñado de días en la América de tiempos del cólera y ya sabemos que a Trump le puede mucho el tema del tamaño. En el que ha sido tal vez su único momento de inspiración y lucidez en más de 30 años, el senador cubano-americano y exprecandidato presidencial republicano, Marco Rubio, se burló de Trump por tener las manos chiquitas, agregando con picardía cubana que yatusabe lo que eso quiere decir. Trump se encabronó, se midió las manos, las exhibió y dijo que en materia de dimensiones, él es HUGE. Ajá.

No lo sé, ni me consta, ni quiero que me conste. A ratos miro con preocupación los ojos sin vida de Melania, la Barbie que Trump se llevó a la Casa Blanca para sus noches de invierno, y me pregunto si la expresión aterrorizada de sus ojos responde a algún trauma no resuelto con los tamaños de Trump. O con su supuesta afición a las lluvias doradas.

Trump estaba feliz con los pocos miles de ciudadanos de a pie, y otros tantos miles de acarreados, que acudieron a su toma de posesión. La prensa, ¡ay, la odiada prensa!, lo balconeó con fotos que comparaban la muchedumbre en la toma de posesión de Obama. También pónganse ustedes en los zapatos de Trump. Las comparaciones de tamaños entre afroamericanos y gringos color naranja nunca salen bien. Le debe calar.

Si la cosa hubiera terminado ahí, no sería tan complicado el asunto. Pero es que al día siguiente millones de mujeres, en todo el mundo, llenaron las calles. Y que Trump quede en evidencia, que le digan mujeres que las marchas de ellas fueron más grandes que la de él, que lo zarandeen, eso le duele. Lo achica. Lo desinfla. Me lo imagino por los pasillos de la Casa Blanca bufando, con una cinta métrica en la mano, atosigando a sus empleados, pidiendo que se la midan bien, la marcha, que cosa así nunca se ha visto, tan robusta, tan erguida. Y me imagino a Melania tratando de huir cuando lo ve venir con su cinta métrica y su desinflado ánimo naranja.

Todo con Trump es un tema de tamaño. Quiere hacer a América grande, sus logros son HUGE, su evento fue el más nutrido. No me queda de otra que pensar que es de los que lo hacen en la oscuridad, para que no se note tanto. Su equipo de prensa ya nos prepara para que todo aquello que le pueda hacer sombra, todo aquello que lo minimice, sea descalificado. Hechos alternativos, le llaman. Postverdad, le llaman. ¿Cómo no se nos ocurrió antes? ¿Qué te dicen que lo tuyo es pequeño? No hay problema. Le contestas un hecho alternativo: estás miope. ¿Qué a tu marcha no fueron tantos como dices? Les respondes que contaste mal, que viste mal, que no sabes medir. Que al fin tú tienes otros datos (alguien ya dijo eso, me parece, pero me falla la memoria).

Trump quiere aplicarle un Viagra colectivo a la realidad americana. Ha querido sembrar las grandes ciudades de fálicas torres y cuando se le acabaron los bienes raíces disponibles, y la gente dejó de interesarse tanto, decidió lanzarse a la carrera política, primero como una broma sangrienta, y ahora ya como una realidad ominosa. Alguien le dijo a este ser naranja, en su juventud, que tenía chica la imaginación, la humanidad, el alma, o lo que fuese, y ahora todos van a pagar el pato. Trump está siempre restregando algo a alguien en la cara, para que quede claro lo que tenga que quedar claro.

Ahora sus fabricantes de hechos alternativos trabajarán con un solo objetivo en mente: descalificar a todo aquel que ponga en duda las dimensiones del hombre. Habrá muchas batallas mediáticas, políticas y diplomáticas, pero lo que a este hombre le saca de sus casillas es que le nieguen el volumen, o lo comparen negativamente con el volumen de otro. Tal vez Putin, además de videos de lluvias doradas, tiene algún video o snapchat que compruebe los terrores y estertores de este hombre cuya verdadera dimensión está atada a los escaños de una vara de medir.

Por eso, mi mayor felicidad en las marchas de las mujeres fue que ellas lo dimensionaron en su justa proporción: pequeño, miserable, rencoroso. Dice el dicho que no es el tamaño del barco sino el movimiento del mar. Y el mar, las olas, fueron ellas ahogando la voz aguardentosa de un tipo pequeñito.

 

* Gerardo Cárdenas es escritor y periodista mexicano residente en Chicago. Eso tal vez sea un hecho alternativo.