Jorge Avila · 18 de mayo de 2026
Varias comunidades rurales del municipio Chilapa, entre las que se cuentan Alcozacán, Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán atraviesan desde hace años por un infierno, mismo que se intensificó hace unos días, cuando comandos de la organización criminal los Ardillos entraron a estas comunidades y mediante armas largas y drones explosivos, amedrentaron a los pobladores para que abandonaran sus comunidades, generando un desplazamiento forzado de más de 100 personas, situación que fue denunciada por los pobladores, en su mayoría personas indígenas, así como por el Consejo Indígena y Popular de Guerrero Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) y el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollán.
Sin embargo, no se trata de un hecho aislado, por el contrario, situaciones similares se han repetido a lo largo de los años, tanto en Chilapa como en otros municipios de la zona, ya que la misma es el epicentro de la disputa de dos organizaciones criminales regionales de gran poder que son los Ardillos y los Tlacos, por lo que el objetivo de este texto es explicar de forma detallada los principales aspectos relacionados con este disputa territorial que lleva desde 2018 a la fecha y que parece no dar señales de remitir, sino todo lo contrario.
1.- ¿Cómo surgieron ambas organizaciones?
Estas dos organizaciones son producto de la atomización que ha vivido el crimen organizado en Guerrero a partir de la muerte de Arturo Beltrán Leyva en 2010, cuya organización los Beltrán Leyva dominó la entidad, primero para el Cártel de Sinaloa y después de forma independiente. De manera que, al caer el líder, muchas de las células criminales que trabajaban para él, comenzaron a operar por separado y a competir entre ellas.
Una de las células que se volvió independiente en esta coyuntura fueron los Ardillos, que era una familia que ya operaba la siembra de amapola (opio) desde décadas atrás, encabezada por Celso Ortega Rosas, un expolicía rural que se convirtió en criminal, él cual era apodado el Ardillo, lo que terminó por darle nombre a la organización que hoy encabezan sus hijos. Este llamó la atención de los Beltrán Leyva quienes lo incorporaron a su organización, pero al romperse la misma en 2010, decidió que era momento de pasar a ser una banda independiente.
Celso Ortega Rosas no duró mucho tiempo al frente de la incipiente organización nacida en Quechultenango, porque fue asesinado en 2011, pero la estafeta la tomó Celso Ortega Jiménez, uno de sus hijos. Lo cual no es extraño debido a que los Ardillos son un clan eminentemente familiar, es decir, decenas de familiares del fundador se involucraron en el negocio, al cual se suman otras familias de la zona.
La aparición de los Tlacos fue un poco más tardía como organización, ya que surgió en 2017 como un brazo armado de la Policía Comunitaria de General Heliodoro Castillo, que surgió en el poblado de Tlacotepec (Del cual toman el nombre), en dicho municipio. Cuerpo de autodefensas que había nacido poco antes con el objetivo de combatir a las organizaciones criminales que amenazaban dicho municipio, en especial los Rojos, los Tequileros, la Familia Michoacana y Guerreros Unidos.
Los Tlacos pronto separaron su actuar de la Policía Comunitaria y se convirtieron en una organización en toda regla, expandiendo en los siguientes años su zona de influencia, lo cual les ha hecho colisionar con muchas organizaciones criminales, pero principalmente con la Familia Michoacana en el Norte y Tierra Caliente, así como con los Ardillos en el Centro y la Montaña.
2.- ¿Cómo comenzó el conflicto?
En realidad, a este conflicto le antecede otro que comenzó en 2010 con la muerte de Arturo Beltrán Leyva, ya que su organización se fragmentó en varias células regionales como los Guerreros Unidos, los Rojos, el Cártel Independiente de Acapulco, los Granados o los Ardillos. Dentro de estas nuevas células, una de las más pequeñas era la de los Ardillos, cuyo territorio se limitaba a los municipios de Quechultenango, su principal enclave y donde nació la organización, Mochitlán, Chilapa, Tixtla, José Joaquín Herrera y Atlixtac. En cambio, los Rojos estaban presentes en más de 30 municipios y uno de los más importantes era Chilpancingo, desde donde se planteó su expansión a la región de la Montaña Baja.
Los Rojos hicieron ofensivas para entrar a Chilapa y Tixtla, lo que convirtió a esos municipios en unos de los de mayor cantidad de homicidios per cápita del país, sin embargo, los Ardillos resistieron por años el embate, pero sería en 2014 cuando el contexto cambió, ya que derivado de los hechos de Ayotzinapa, el Gobierno Federal persiguió a los líderes de Guerreros Unidos y los Rojos, debilitando a ambas organizaciones, lo que permitió que los Ardillos comenzaran poco a poco su proceso de expansión, que incluyó Chilpancingo y muchos de los municipios que conforman las zonas Centro y Montaña de Guerrero.
Sin embargo, el debilitamiento de los Rojos, también propició el fortalecimiento de otras estructuras criminales que tomaron parte de los territorios, que habían dominado, siendo la más importante en dicha zona los Tlacos, surgidos en Tierra Caliente, pero que rápidamente llegaron al centro de la entidad, generando un nuevo frente de batalla con los Ardillos, que continúa hasta el día de hoy.
El epicentro de la batalla en realidad es Chilpancingo, municipio al cual llegaron los Tlacos por primera vez en 2018, año en el que también ya se encontraban presentes en la zona los Ardillos e incluso remanentes de los Rojos, sin embargo, fue hasta 2020 que tomaron mayor fuerza, por ende, no es casual que, en 2021, 2022, 2023 y 2024 se registraran incrementos sostenidos en la cantidad de homicidios dolosos, convirtiendo la misma en una de las ciudades más peligrosas para vivir.
Los Tlacos y los Ardillos libran, por tanto, una guerra abierta por el control de varios municipios y la población civil, mucha de la cual vive en zonas rurales y de bajos ingresos, ha llevado la peor parte de esta disputa.
3.- ¿Cuál es el territorio en disputa?
Si bien el foco mediático se ha concentrado en el municipio de Chilapa, sería un error pensar que el conflicto entre los Ardillos y los Tlacos se circunscribe solo a esta demarcación, por el contrario, si combinamos las áreas de influencia de ambas organizaciones, las mismas abarcan a 45 de los 85 municipios de Guerrero, es decir más de la mitad de la entidad.
Derivado de una revisión hemerográfica, cuya base de datos, con sus respectivas fuentes se puede consultar en este enlace. En ella se pudo mapear la presencia de Los Tlacos en 26 municipios de Guerrero, principalmente en la zona central, que une a las regiones de Tierra Caliente, el Centro y Norte de la entidad, con una discreta presencia en la zona de la Montaña. Su mayor zona de influencia está en los municipios de General Helidoro Castillo, San Miguel Totolapan, Arcelia, Apaxtla, Leonardo Bravo, Eduardo Neri y Chilpancingo.
Por su parte los Ardillos están presentes en 30 municipios, también en la parte central del estado, pero abarcando la zona de la Montaña, destacando municipios como Quechultenango, Mochitlán, Tixtla, Chilpancingo, Chilapa, José Joaquín Herrera, Tlapa de Comonfort, Atlixtac y Ayutla de los Libres.
Lo importante es que hay 11 municipios en donde sus territorios se traslapan, mismos que se pueden ver en rojo en el siguiente mapa: Chilpancingo, Chilapa, Tixtla, Eduardo Neri, Leonardo Bravo, Zitlala, Mártir de Cuilapan, Cualác, Ahuacoutzingo, Juan R. Escudero y Tecoanapa. Es ahí donde se pueden presentar los grandes brotes de violencia, aunque los municipios circundantes tampoco están exentos de esta posibilidad.

4.- ¿Qué está en juego en esta disputa?
Ni los Ardillos, ni los Tlacos son organizaciones que hayan establecido grandes rutas transnacionales de tráfico de drogas, tampoco han incursionado en el robo de combustible a gran escala o huachicol, por ende, cabe preguntarse: ¿por qué recurren a una violencia tan extrema en su disputa por estos territorios?
Una primera respuesta es que la zona en disputa constituye la principal zona productora de amapola del país y una de las más importantes del mundo. Planta de la que se extrae el opio, sustancia básica para la fabricación de opiáceos como la morfina o la codeína, así como opioides, como la heroína, el fentanilo y la oxicodona.
En ese contexto, en 2021 se publicó un reporte sobre la Amapola en México, financiado por México Unido Contra la Delincuencia, La Noria Research, Revista Espejo y el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California en San Diego, en donde identificaron los 59 municipios con mayor producción de amapola en México, donde Guerrero concentraba la mayor cantidad de casos con 21 municipios, de los cuales 16 se encuentran dentro de las zonas de operación de los Ardillos, de los Tlacos o de ambos. Por ende, se puede afirmar que quien controla dicha zona, tiene una posición relevante en la producción de opio, que permite establecer negocios con otras organizaciones criminales de mayor tamaño.
Un segundo motivo es que en esa zona también se ubican varias de las regiones mineras más productivas de Guerrero, con yacimientos importantes de oro y plata, en donde destacan Iguala, Teloloapan, Cocula, Eduardo Neri, Quechultenango, Chilapa, Mochitlán y Arcelia. De hecho, uno de los motivos detrás del desplazamiento de comunidades en la Montaña, es debido al potencial minero de algunas de las poblaciones.
El tercer factor es que el control de más municipios permite la extorsión a un mayor número de comercios y empresas y mientras mayor sea la población, como en el caso de Chilpancingo, los ingresos se incrementan, lo cual se puede combinar con otras actividades como secuestro, robos y narcomenudeo.
Por último, estas organizaciones también han visto en los ayuntamientos un botín, por ejemplo, en algunos casos les cobran el 10% de los recursos que la federación envía para obras, usan el presupuesto público para contratar bienes y servicios de empresas de sus familiares, que proveen a sobrecosto, o en los casos más burdos contratan a integrantes de estas organizaciones criminales como funcionarios.
5.- ¿Hay otros actores en la disputa?
Sí, en la prensa se suele simplificar el conflicto a dos bandos, dada la complejidad de explicar la gran cantidad de organizaciones criminales de Guerrero y sus relaciones, sin embargo, es importante mencionar que además de la disputa territorial de los Ardillos y los Tlacos, estos tienen conflictos con otras organizaciones criminales.
Por ejemplo, la Familia Michoacana tiene una añeja disputa con los Tlacos en zonas como Taxco, San Miguel Totolapan, Arcelia, Iguala y Cuetzala del Progreso; algo similar sucede con Guerreros Unidos en Iguala; con los Tequileros en San Miguel Totolapan; con los Granados en Coyuca de Benítez y con el Cártel Independiente de Acapulco en Acapulco.
Por su parte los Ardillos, disputan territorios como Igualapa a los Carrillo, o Tlapa de Comonfort, Olinalá y Cualác con los Rojos. Por último, ambas organizaciones se disputan con los Jaleacos, aliados de la Familia Michoacana y con el Cártel de la Sierra, los municipios de Chilpancingo, Leonardo Bravo y Eduardo Neri.
6.- ¿Cuentan los Ardillos y los Tlacos con una estructura política?
Claro, no solo estamos frente a dos organizaciones criminales de alta influencia, sino que además las mismas han logrado desarrollar una estructura política que los protege y que les permite tener influencia en las administraciones regionales.
Se parecen a las mafias italianas, a las cuales no les basta financiar campañas, corromper funcionarios o amenazarlos si no cooperan, sino que, lo que buscan es capturar a la administración municipal, para que como ya se explicó, extraer de ellas un porcentaje relevante de su presupuesto.
Los que mejor han desarrollado este esquema son los Ardillos, en donde varios familiares de Celso Ortega Jiménez han ocupado cargos públicos relevantes, por ejemplo, su hermano Bernardo es el hombre fuerte del PRD en el estado, ha sido líder del partido e incluso se le atribuye haber salvado el registro estatal de esta fuerza política en 2024, porque mientras en todo el país el PRD perdía, en los distritos locales de Teloloapan y Tixtla triunfaron de forma holgada.
Bernardo ha sido diputado local en dos ocasiones y fue alcalde de Quechultenango; otro de los hermanos, Jorge Iván Ortega Jiménez actualmente se encuentra en funciones como diputado local y la cuñada de ellos, Mercedes Carballo Chino, del PRI, es la actual alcaldesa de Chilapa. Por ende, se debe entender que la influencia de los Ortega Jiménez no se limita al PRD, sino que está presente en muchos partidos, incluso cabe recordar cuando se filtró un video de la entonces alcaldesa del Chilpancingo, Norma Otilia Hernández Martínez, de MORENA, que muestra cuando se reunió con Celso Ortega Jiménez.
Los Tlacos, quizá no son tan evidentes como los Ardillos en la construcción de su red de protección política, sin embargo, una de las líneas de investigación del asesinato de Alejandro Arcos Catalán, alcalde de Chilpancingo, es que el mismo se había comprometido con los Ardillos y luego intentó negociar también con los Tlacos, sin que se haya llegado a probar de forma fehaciente.
También recaen sospechas sobre Mario Moreno Arcos, quien militó en el PRI y ahora lo hace en Movimiento Ciudadano, que fue dos veces alcalde de Chilpancingo y diputado federal, el cual es primo hermano de un connotado miembro de los Tlacos, Humberto Moreno Catalán.
7.- ¿Qué relación tiene este conflicto con la violencia política en Guerrero?
Una relación estrecha, ya que muchos de los asesinatos de candidatos y funcionarios que se han registrado en la zona, son producto de la lucha territorial entre estas y otras organizaciones delictivas de la entidad, es el caso del ya mencionado Alejandro Arcos Catalán, alcalde de Chilpancingo, que fue decapitado en 2024, a los que se debe sumar los de Francisco Gonzalo Tapia, secretario general del Ayuntamiento y Ulises Hernández Martínez, director de seguridad de Chilpancingo, ambos ocurridos meses antes del de Arcos Catalán.
También se puede incluir a Saul Nava Astudillo, asesinado en 2022, que en ese momento competía por las siglas del PRI para ser alcalde de Tixtla; el de Conrado Mendoza Almeda, alcalde de San Miguel Totolapan por el PRD, también asesinado en 2022; Jaime Dámaso Solís en 2023, precandidato del PAN a la Alcaldía de Zitlala; en 2024, el de Marcelino Ruiz Esteban, ex alcalde de Atlixtac por el PRD; ese año también fue privado de la vida Tomás Morales Patrón, quien aspiraba a la candidatura de MORENA a la alcaldía de Chilapa y en 2025 también fue asesinado Hossein Nabor Guillén, ex alcalde de Tixtla por MORENA.
8.- ¿Cómo deben las autoridades hacer frente a este conflicto?
Las autoridades han sido omisas por años a este conflicto, se ha dejado crecer a estas organizaciones y no se han tomado acciones contundentes frente a la violencia que generan, es por ello que, considero que se tienen que llevar a cabo las siguientes medidas:
@victorsanval