blogeditor · 2 de abril de 2022
Este texto es escrito por una mujer de la Periferia, habitante de Cuautitlán Izcalli, municipio del Estado de México, que cuenta con doble alerta de género y quien vive la inseguridad y acoso de esta localidad.
El 8 de marzo es una de las fechas más representativas para las luchas feministas, pero como sucede como con casi todo, la protesta, participación y visibilidad se centraliza en la Ciudad de México, lo que me hace cuestionarme ¿y las mujeres de la periferia, en dónde marchamos?
En 2021, El Estado de México fue la entidad con más feminicidios registrados, con un total de 143. Esta cifra a pesar de ser menor a la del 2020 (150 feminicidios), sigue siendo suficiente para ser el estado más violento para las mujeres, es por esto que protestar y marchar en los municipios del estado se vuelve complicado: la represión policial se respira de cerca, la movilidad es complicada y la información sobre los puntos de encuentro o rutas son escasos. Por tales razones muchas mexiquenses deciden manifestarse en Ciudad de México, donde se sienten seguras y hay mayor visibilidad.
Las diferencias entre las marchas en la Periferia y la Ciudad de México son bastantes notables, desde la organización, seguridad, transporte, número de asistentes y formas de protesta.
Tomar las calles
Este año, mujeres de Mexiro A. C., decidimos asistir a dos marchas. Primero marchamos en Ecatepec de Morelos, el municipio con mayor índice de feminicidios del EDOMEX, donde la concentración comenzó a las 9:30 hrs, para después trasladarnos a la mega marcha de Ciudad de México, que comenzó a las 16:00 hrs. Vivimos desde nuestra experiencia: acuerpar en la Periferia, acuerpar en la Ciudad.
En ambas convocatorias existía hora y punto de reunión visibles; sin embargo, para la marcha de Ecatepec no fue pública la ruta por razones de seguridad para las colectivas que convocaron y evitar posibles ataques o acciones que pudieran vulnerar a las manifestantes. A diferencia de Ciudad de México, en la que la ruta fue pública y socializada, ya que generalmente es la ruta más utilizada y desde horas antes del inicio de la marcha ya se había desviado el tránsito y puesto el escenario adecuado para recibir a las miles de asistentes.
En Ecatepec caminamos a lado de los autos, donde muchos con enojo se quejaban de la marcha; sin embargo, resonó en la calle el claxon y el puño en alto de una mujer al volante en apoyo a las que salimos protestar. Por el contrario, en la CDMX no había autos, habían miles de mujeres que caminaban a nuestro lado y que con cada salto de “la que no brinque es macho” temblaban y vibraban las calles de la ciudad, porque sí, lo estamos tirando.


No está sola
Las familias víctimas de casos de feminicidio son quienes encabezan las marchas. En el caso de la manifestación de Ecatepec, la convivencia con ellas, la escucha, el acuerpamiento y la contención se sintió más íntima, ya que al ser “pocas” asistentes (apróximadamente 50), nos permitió sentirnos más cercanas a las familias, conocer sus experiencias, sentir su dolor y llorar por las que nos arrebataron.
Por otra parte, la cercanía con las madres y familias de casos de feminicidios en la CDMX, fue más difícil, al ser miles de asistentes, la movilidad entre contingentes y poder convivir directamente con quienes encabezan la marcha no fue posible, sin embargo, desde la distancia también nos unimos a sus llamados por justicia. Fuimos parte, pero desde una experiencia más entre masas y en el que los gritos de muchas se vuelven de todas.

¿Romper y quemarlo todo?
La acción directa es uno de los puntos álgidos de las marchas feministas de la Ciudad de México, celebrar y vitorear a las que deciden hacer iconoclasia y otras acciones para denunciar la violencia feminicida y machista en la que vivimos es poderoso y lleno de energía, pero la represión policial está latente y usualmente hacen uso de extintores, gases pimienta o lacrimógenos para disipar las marchas. Esta marcha del 8 de marzo no fue la excepción, donde tanto la iconoclasia, el baile, los cantos y el enfrentamiento con la policía se hicieron presentes.
En Ecatepec la acción directa también tuvo presencia, pero en mucha menor escala que en Ciudad de México. Durante la marcha, todas las asistentes nos detuvimos para acuerpar a quienes hacían acción directa para evitar que fueran identificadas y reprimidas, pues las autoridades del Estado de México son conocidas por cometer detenciones y agresiones físicas a las manifestantes, por lo que la acción directa en el Estado de México se vuelve más silenciosa, de sentir la necesidad de protegernos entre todas, de no vitorearlas a todo pulmón, pero sí con todo el corazón.


Acuerpar
Sentir a la manada, el aquelarre, al círculo de morras que gritan junto a ti, que te entienden, te abrazan, te comparten energía y que te hacen sentir la sororidad a flor de piel están presentes desde la Periferia hasta la Ciudad. En cada una de las marchas puedes resonar con el dolor y la lucha de una o muchas mujeres.
Pero indiscutiblemente se vive y se siente la centralización. Para las que vivimos en los municipios del Estado de México de la zona metropolitana, es “más” fácil y seguro asistir a la ciudad porque ahí asisten todas, porque son las que los medios cubren y muestran, porque nos sentimos menos juzgadas cuando somos miles y no decenas. ¿Por qué también para protestar tenemos más oportunidad en la ciudad y no en nuestros municipios? ¿Somos más escuchadas desde la capital? Son preguntas que valen la pena cuestionarnos como mujeres de la periferia y sería interesante que las que no, también abrieran esta reflexión.
En la Periferia “resistimos porque existimos” y merecemos que las de la ciudad nos acuerpen aquí, en nuestro territorio, desde nuestra trinchera, así como nosotras que viajamos largas distancias para acuerpar y aportar al número de asistentes, voces, carteles, abrazos, manos para que podamos construir un mundo desde los feminismos.
Nos invito a visibilizar otras luchas, otros lugares, otras vivencias. Nos invito a de vez en cuanto voltear a lo más norte, o lo más sur y avanzar junto a las mujeres que no somos de la ciudad.
¡Las luchas feministas serán descentralizadas o no serán!
* Nohemi Cerero (@mimicerero) es Coordinadora de Comunicación de Mexiro A. C. Fotógrafa y mujer de la Periferia en resistencia.