Mando único: la falla es de origen político

blogeditor · 3 de febrero de 2016

Mando único: la falla es de origen político

¿Usted compraría un automóvil de una marca que falla? Yo tampoco. Así puede mirarse la propuesta del mando único o la policía estatal única. En este caso, quien vende la idea son los gobernadores y su marca es la policía estatal que depende de ellos, ninguna de las cuales en estricto sentido, hasta ahora, ha consolidado un modelo profesional y moderno, así evaluado por instancias independientes; por el contrario, muchas alojan las peores prácticas y reproducen los más graves delitos y violaciones a los derechos humanos. Comprar el mando único es como adquirir un vehículo de una marca que con una frecuencia incierta pone en la calle unidades con fallas mayores. El vendedor no convence cuando no tiene una buena marca. Nos están vendiendo la idea de que las policías totalmente controladas por los gobernadores serán las mejores, justo cuando hay policías de las cuales ya son directamente responsables y en muchas ocasiones muestran lo peor.

El sustrato mismo de una política pública está en la definición del problema que quiere resolver. Si la definición del problema está mal, toda la política pública estará mal. La falla de origen en la propuesta del mando único está justo ahí. El Presidente y los gobernadores que la promueven intentan convencernos de que el ajuste que necesita la policía en México es organizacional. Según ellos, si se organiza adecuadamente el mando, todo lo demás se corregirá. Yo lo veo exactamente al revés: la debilidad estructural de la policía en México comienza precisamente por el mando político y operativo al que ha estado sujeta. Por tanto, lejos de ser un problema organizacional, la resquebrajadura es, primero que nada, política.

[contextly_sidebar id=”NgYRFSTyelLtQAgpQySKdnQS5tli2zfP”]Por décadas, los presidentes, los gobernadores y los alcaldes han venido tolerando y reproduciendo un patrón inercial en las instituciones policiales que ha hecho imposible reconciliarlas con la sociedad a la que deben servir. Ese patrón inercial tiene como principal característica la disfuncionalidad de los controles democráticos. La policía en México está enferma porque se le han dado poderes pero nunca se le ha sometido a una efectiva rendición de cuentas. Poderes y controles están desequilibrados a favor de los primeros y esa decisión ha sido, antes que otra cosa, política.

La propuesta del mando único o de la policía estatal única solo puede convencer si se escribe en clave de rendición de cuentas. De lo contrario, la evidencia no nos permite concluir más que se trata de una estrategia política que lo único que garantiza es empoderar aún más a los gobernadores. Darle el control total de la policía en la entidad federativa a un gobernador que ya hoy es responsable de una institución policial enferma, es tanto como hacer una inversión millonaria para hacer muchos más coches con la misma tecnología que ya ha demostrado su falla crónica.

El riesgo de aprobar la propuesta, sin contar con una voluntad política y un diseño legal e institucional favorable a la rendición de cuentas, es apenas imaginable. Las evidencias disponibles son irrefutables y muestran todos los días que la policía, ya sea municipal, estatal o federal, no rinde cuentas adecuadamente ante fallas y desvíos menores o mayores. La policía en México en general no se controla adecuadamente a sí misma y, reitero, ello sólo es posible desde una decisión política.

No es razonable prever que una reforma legal que reorganiza el mando ofrecerá por sí misma instituciones policiales que se controlen a sí mismas y que trabajen del lado del ciudadano. Las reformas legales no reconstruyen por sí solas la realidad. Lo que se hace en el mundo para hacer posible la auténtica reforma policial, más allá de su mera reorganización por la vía de cambios legales, es precisamente un plan de reforma público y transparente, con responsables determinados y sujeto en sí mismo a la rendición de cuentas. Cuando los gobernadores nos dicen que la policía en México será mejor si hay mando único o policía única, estamos ante una mera declaración política, sin fundamento técnico alguno, y susceptible de refutación total con base en la experiencia. Sorprende y preocupa en todo caso que, aún hoy, habiéndose reunido verdaderas montañas de evidencia de la crisis en la policía, alguien pueda esperar que una reforma sin un plan puede convencer a alguien. Ahí, en un plan, estaría alojada la definición del problema, a su vez soportada en la investigación científica y herramientas técnicas. Un mapa de ruta que fije el destino y cómo se llegará a él.

La crónica descomposición policial nutre la crisis de inseguridad y violencia que a la vez agudiza la presión social para el cambio que traiga soluciones. Ahí se monta el discurso político que crea ofertas de cambio, a veces populares, tengan o no fundamento. Si hoy los políticos y los medios parecieran llevarnos a un panorama bipolar donde sólo están las opciones a favor o en contra del mando único o de la policía única, yo más bien me ubico del lado del plan nacional de reforma policial que incluya las reformas legales y todas las demás acciones que en verdad refunden la función policial. La experiencia internacional no deja lugar a dudas, el plan no garantiza la reforma, pero no hay reforma posible donde no hay plan.

 

@ErnestoLPV