Joel Aguirre · 5 de junio de 2026
Por Zara Snapp*
Desde que me convertí en mamá, hace casi nueve años, he recibido mensajes de mujeres de distintas partes del mundo preguntándome sobre el consumo de sustancias durante el embarazo, la lactancia o la crianza. Preguntas llenas de miedo, culpa y dudas. Preguntas legítimas, pero hechas en voz baja, como si el simple hecho de formularlas fuera algo incorrecto. Decidir sobre los consumos es parte del ejercicio de la autonomía personal, tanto como decidir si maternar o no.
La realidad es que las mujeres consumimos. Las madres consumimos. Consumimos plantas, medicamentos, cafeína, alcohol, cannabis y muchas otras sustancias por distintas razones: para descansar, para sostenernos, para socializar, para aliviar dolores, para conectar con nuestro cuerpo, para encontrar placer, para sobrevivir al cansancio o simplemente porque somos personas completas, complejas y humanas. Y aunque nuestras experiencias existen, pocas veces son escuchadas sin juicio. Menos si somos madres.
En mi experiencia personal, y aunque mis hábitos cambiaron, consumí durante distintas etapas de mi maternidad. Hubo momentos en los que reduje mi consumo, elegí otras formas de consumo —evitando fumar y comiendo en dosis bajas— o suspendí por completo ciertas sustancias. Cada decisión fue profundamente personal, tomada desde la escucha de mi cuerpo, desde la información que pude encontrar, desde la observación de mis bebés y desde mi propia experiencia de vida.
Mi relación con ciertas sustancias se transformó. En algunos momentos se volvió incluso terapéutica: un espacio para volver a mí, para habitar mi cuerpo, para respirar en medio de la intensidad de la maternidad.
Reconozco el privilegio de haber contado con un entorno que no me cuestionó constantemente ni me hizo sentir culpable. Aprendí a relacionarme de otra manera con el consumo: con más cuidado y conciencia. Pero no todas las mujeres cuentan con esta posibilidad. Y es precisamente esta desigualdad —de acceso a la información, a las redes de cuidado, los recursos financieros y servicios— la que hace necesaria una guía como esta.
Esto no significa romantizar el consumo ni negar los posibles riesgos. Criar implica responsabilidad, presencia y cuidado. Hay sustancias, contextos y momentos que tal vez no han sido compatibles con el cuidado inmediato de otras personas. Pero también es cierto que las maternidades necesitamos espacios propios, tiempos para descansar, bailar, sentir placer, conectar con amistades o simplemente recordar quiénes éramos y quiénes seguimos siendo. La maternidad nunca debería invisibilizarnos como personas.
Muchas de las sustancias que usamos cotidianamente forman parte de la crianza, aunque no siempre las nombremos así. La cafeína nos ayuda a mantenernos despiertas y alertas. Algunos medicamentos nos permiten sostener nuestra salud mental. La cannabis, para algunas mujeres, es una herramienta para relajarse, descansar o conectar con más creatividad y curiosidad. Cada planta y cada sustancia tiene contextos, posibilidades y significados distintos. Y por eso necesitamos conversaciones complejas, honestas y amorosas, que partan del entendimiento y no del juicio.
Lo que no encontré durante años fue información accesible para madres que, por una razón u otra, en algún momento de nuestro embarazo consumimos. Lo que sí encontré fueron redes y tribus de mujeres compartiendo sus experiencias con otras. Fuimos nuestro propio espacio para preguntar sin miedo, intercambiar conocimientos y acompañarnos con ternura, y comprendimos que tomar decisiones informadas sobre nuestros cuerpos debía ser un derecho, y no un privilegio.
Esta guía nace precisamente de esa necesidad; de contar con información, herramientas y acompañamiento para tomar decisiones informadas sobre nuestros cuerpos, nuestros consumos y nuestras maternidades. No busca decirle a nadie qué hacer. No busca imponer una única forma correcta de maternar, sino abrir conversaciones que históricamente nos han negado. Busca reconocer que las maternidades son diversas, que las experiencias de consumo también lo son y que todas las personas merecemos acceso a la información para el beneficio de nuestra salud, con base en evidencia, reducción de riesgos y respeto a los derechos humanos.
Por eso me llena de orgullo y emoción que desde el Instituto RIA presentamos “Mami consume: guía para maternidades psicoactivas informadas”. Es un esfuerzo colectivo hecho con cariño, cuidado y profunda convicción política. Interrumpir o continuar el consumo es una decisión personal, que depende de tus circunstancias, tus recursos y lo que es posible para ti.
Hoy compartimos el lanzamiento de esta guía, para que esa decisión, sea cual sea, la tomes con la mejor información disponible. Deseamos que llegue a las manos, cabezas y corazones de quienes la necesitan. Por maternidades deseadas, informadas, libres y acompañadas. ♦
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Zara Snapp es directora del Instituto RIA México, maestra en políticas públicas por la Universidad de Harvard, autora del Diccionario de Drogas y mamá de personas maravillosas. Redes: @zarasnapp y @institutoriamx