¡Mamacita!

blogeditor · 14 de agosto de 2017

¡Mamacita!

Los tonos de voz, los gestos, la mirada, las manos, las muecas de la boca, la posición del cuerpo, el juego con el espacio, la intensidad de la frase, y todo se da al mismo tiempo y se combina de manera infinita cuando vas por la calle, por el tianguis, por la plaza, cruzando el semáforo, bajando del taxi, incluso dentro del taxi. Entiendo e intuyo palabras y sentidos, quizá descifre un 95 % del contenido de una frase corta, y un 60 % de la intención de un “piropo” dicho por alguien desconocido.

Ese 60 % es el que incomoda, el que asusta, el que tan criticado últimamente hace reír a varios amigos, y lo menos que te dicen es que seguramente a quien incomoda es porque no recibe muchos.

Me parece que no entender un idioma a cabalidad es lo más parecido a no tener un sentido, que hace que todos los demás se agudicen.

Pero vamos por partes. Tengo amigas que apoyan a los piropos, sí, aunque ustedes piensen que son de lo peor, y tengo amigas que definitivamente están en contra de ellos.

Yo hice una pregunta en una reunión de amigas hace poco. Les dije: a ustedes ¿no les gusta que les volteen a ver el trasero y les digan un piropo? A lo que todas contestaron un rotundo “NO”, y les pregunté, pero ¿quiénes no les gusta? Es decir, si un galán y con galán me refiero a un tipo chulísimo y bien vestido tipo, digamos un Brad Pitt, las voltea a ver y les dice un ¡Mamacita!, ¿les gustaría? Pues que creen que me contestaron: “¡Ahhh! Bueno, eso sí”.

Ahh, bueno…

Espérense, no se enchilen las que odian los piropos en la calle y blablablá, les voy a contar que estoy en una página de Facebook de puras mujeres, más de 30,000, de diferentes edades, pero la mayoría ya pasa los 30 años.

A lo largo de estos 5 meses que llevo en esa página he visto desfilar infinidad de “desahogos” (así llaman al post que por lo general se queja de asuntos del corazón), decepciones amorosas, divorcios, pleitos judiciales con el exmarido, cuernos, chantajes sentimentales, broncas con los novios, etc.

Estos desahogos en su gran mayoría tiene que ver con que existen muchísimas mujeres solteras que pasan del piso 3 y 4 (es decir treintañeras y cuarentonas), que se encuentran solas y sin nadie que les ofrezca un poco de atención sentimental. Hace una semana, para complementar este post, lancé la pregunta: ¿ustedes que sienten cuando un desconocido las piropea en la calle o en algún lugar público?

Quieren saber cuáles fueron en su mayoría las respuestas: “Me halaga”, ”Me hace sentir bonita”, “Me da risa”.

Y aunque usted no lo crea, pocas contestaron: “Me ofende”.

Pues sí, así como lo leen, sin embargo me hizo cuestionarme sobre lo que realmente está evolucionando en la conciencia de las mujeres.

Y también no crean que me quedé con ganas de hacer mi encuesta con el lado masculino, también pregunté a varios amigos, ¿qué era lo que les provocaba piropear a una mujer desconocida?

Uno me contestó: “El coqueteo se queda ahí, en el anonimato, porque ahí, por ejemplo, somos siempre solteros si queremos, y estamos protegidos e impunes, ahí somos dueños absolutos de nuestra imagen de conquistadores”.

Otro me contestó: “Yo solo piropeo a las guapas, chance me contesta el piropo y hasta ligo”.

Uno más: “Pues a mí me han contestado solo con guiños, sonrisas y caras alegres, las que se enojan son amargadas”.

¿Mmmmm? ¿En serio? A ver, analicemos:

Término amargada, según la RAE.

Dicho de una persona que guarda algún resentimiento por frustraciones o disgustos.

Muy bien, de acuerdo, en esta ciudad donde la falta de racionalidad, producto de la irracionalidad de sus habitantes, la hace cruel y cínica.

Donde no hay calles suficientes para tantas máquinas de transporte, y como si eso no fuera suficiente, todas y todos somos amenazas letales al volante.

Donde los conductores de microbuses y autobuses son caso muy aparte, ya que son la muestra más estrambótica del salvaje urbano, donde para ellos no hay reglas ni noción de la otredad, y mucho menos del respeto mínimo de las leyes que pretenden que haya armonía vial.

Donde lo que es peor todos terminamos pareciéndonos a esos conductores de transporte público, quizá como la única manera de sobrevivir y poder llegar a algún lado.

Donde de alguna manera envidiamos a nuestros gobernantes y representantes en el gobierno por su facilidad para la impunidad y el uso de su poder ante nuestro miedo para imponer su reino de caos.

Donde tenemos jefes delegacionales que tienen esa manía de no hacer las cosas completas, de ponerse a cerrar calles para repararlas, para arreglar banquetas y justificar gastos de presupuestos, sin pensar ni siquiera en lo que realmente importa y es necesario para minimizar el inevitable caos.

Amargada, bueno pues sí, es tan fácil ser amargada en esta ciudad, solo basta ser mínimamente realista, verla sin ganas de quererla, solo basta poner los pies en sus exteriores, y sabiendo que es mortalmente peligroso poner literalmente los pies, para saber que queremos que todo sea diferente y encima tener que soportar las palabras facilonas de un tipo que piensa que si nos enojamos por el piropo somos “amargadas”.

No hay ciudad perfecta, claro está, pero si hay una ciudad plagada de imperfecciones, les juro que se llama Ciudad de México. Y ahí voy a sus fétidas fauces de nuevo, como cada día.

O quizá mejor deba de sonreír ante el piropo, para que no piensen, que soy amargada.

Hasta la próxima.

 

@maricelarosales