blogeditor · 24 de junio de 2013
Me pregunto cómo habrá sido ese mediodía en que por fin llegaste al mundo. Que tan perturbadores habrán sido tus llantos. Cómo habrá sido tu bienvenida. De qué lugares provinieron tus sensaciones más primitivas. Cuáles fueron las que te convirtieron en un adulto que grita, exige, llora, patalea y se rinde.
Cuántas veces gritaste sin que te oyeran. A que se debieron tus llantos más conmovedores.
Tus innumerables incógnitas. Tu disparado humor. Dos o tres obsesiones domésticas. Las flaquezas que trataste de ocultar cada vez que golpeaste la puerta de una patada. Tu insistencia en no decir nada que pueda ser usado a modo de reproche. Tus miedos a pronunciarte de más. La poca generosidad de tus manos. La ternura de tus ojos. La ira que te ciega. Las determinaciones que rigen tu comportamiento. Tus precipitados pensamientos. Tus impulsos mal entendidos. Menos de un tercio de lo que quisiera.
Ahora eres un papá, una mamá, que impotente mira a su hijo comportarse de una forma que le resulta inexplicable.
Vine a este lugar lleno de personas que desean ser padres responsables, buenos padres ya son, pero resulta que ser un buen padre es aquel que le resuelve todo a su hijo, que ejerce cualquier derecho que su hijo tenga y lo hace suyo con el único fin de hacer feliz a su hijo, sin pensar que lo que está formando es un hijo sin decisión propia ni responsabilidades.
Nos dieron la bienvenida y se nos pidió que cada uno se presentara y dijera porque razón estaba ahí. Me distraigo observando a la mayoría de las personas, noto angustia, noto un dejo de tristeza. ¿Qué sentido tiene el futuro visto con el lente empañado de un niño que nadie quiere en la escuela porque se porta mal? Flashback. Flashfoward. Volveré a empezar.
Resulta que existe en México, en el Distrito Federal, una institución llamada Clínica de la Conducta, organismo dependiente de la SEP, una institución que brinda GRATUITAMENTE de forma integral apoyo a los padres de niños con comportamiento inadecuado, los cuales son referenciados en su mayoría por las escuelas.
Se lleva a cabo un diagnóstico y desarrollo de terapias integrales para los padres y para los hijos, ayudando a reconocer las necesidades de los miembros de la familia que acuden a esta institución. Los servicios que brinda van dirigidos a los problemas de conducta, emocionales, de bajo rendimiento escolar, TDAH, problemas de aprendizaje, dificultades de desarrollo social, entre muchas otras.
La Clínica de la conducta brinda un curso denominado PECES, “Padres eficaces con entrenamiento sistemático”, una joya de curso que debería ser obligatorio para cualquier padre, la parte medular del curso consiste en reaprender del lenguaje, la forma adecuada para mejorar las relaciones con nuestros hijos. Pero primero hay que observarse uno mismo como padre para después aprender las técnicas que a lo largo del curso se van descubriendo de forma mágica y que modifican el comportamiento del adulto y por consecuencia la del niño.
Me pregunto ¿cómo existen algunos políticos que pueden comer, conciliar el sueño, llevar a sus perros a pasear, contarles cuentos a sus hijos, acariciar a sus esposas, sabiendo que se roban no un millón, sino millones de pesos de la cuenta pública existiendo instituciones que necesitan tanto apoyo como por ejemplo esta clínica?
¿Cómo pueden reírse de sus chistes en la sobremesa, pasear en sus carros lujosos, cantar, esquiar en la montaña, brindar para año nuevo, posar para las fotos, bailar en los cumpleaños, coger, mirarse al espejo, sin sentirse abrumado por un mínimo remordimiento, con la certeza de que una maniobra de su trabajo político puede modificar la vida de muchas familias en su ciudad, de los que ayudan a mejorar el ambiente familiar, escolar?
Hay padres que están esforzándose por mejorar el país, los que igual de vez en cuando se ríen y besan a sus hijos y se cansan de tener el brazo extendido y no sueñan ni se prueban sus mejores vestidos, ni toman whisky en sus livings, ni tienen siquiera deseos.
Instituciones como la Clínica de la conducta están para recordarnos que la existencia es una cruel paradoja, que la felicidad es un reto y que aún algunos tenemos privilegios.
Creo que debemos poner más atención a instituciones que cuentan con personal excelentemente capacitado para brindar un mayor conocimiento de lo que conlleva ser padre. Si conoces a algún padre que necesite apoyo para mejorar el comportamiento inadecuado de su hijo recomienda este post, te aseguro que te estará agradecido de por vida.
Porque como dicen por ahí, “¿Y quién piensa en los niños?”
La Clínica de la Conducta se encuentra en Av. Presidente Masarik no. 526, colonia Polanco, delegación Miguel Hidalgo, tels. 36011-658 y 36011-659
Y hablando de polluelos aquí les dejo un video monísimo, ¡hasta la próxima!