blogeditor · 9 de julio de 2022
“Lo cierto es que todos somos hijos del diablo”.
Marisela Aguilar S., “Maldad”
La construcción que como argamaza hirviendo requiere una historia como la que Marisela Aguilar S. cuenta en “Maldad” requiere de tiempo. La autora refiere unos cinco años y debo decir que durante la presentación que llevamos a cabo de su novela este jueves en la librería Rosario Castellanos, conocer la cifra me sorprendió. La historia que Marisela narra contiene muchas capas que, superpuestas, crean una especie de instantánea de la maldad humana y los muchos terrenos que ha ganado a lo largo de los miles de años que lleva inserta en la memoria profunda de nuestra especie, pero además se reserva un segmento para adentrarse en la podredumbre de la oscuridad humana antes de amplificar una serie de detalles que, hacia la resolución de la historia, abren una ventana por la que se filtra la luz.
Tomé Bata es un joven periodista al que un cúmulo de circunstancias acomodan dentro de la nota roja. Desde ahí, trabajando al ras de las calles la crónica sangrienta de los días, Bata se convierte en un testigo cotidiano de todo lo que, San Agustín nos deja claro desde el inicio de la trama, constituye la esencia de la perversidad: “el mal es la ausencia de bien”.
No que “Maldad” trate sobre aquello tan manido en el sentido de que todos los caminos que el personaje tomará durante la historia lo llevarán indefectiblemente a la perdición, no que la forma en la que uno de los protagonistas de la historia se asomará prácticamente de cabeza al pozo oscuro de la crueldad signifique que mágicamente se emancipará al final. No. Lo de “Maldad” es más bien rascar desde la profundidad de la condición humana para extraer, de forma sutil, una suerte de balance en la que a la parte oscura corresponde, solo por equilibrio natural, una zona de luz donde el caos se dispersa y el orden prevalece, poderoso.
“Y si en ese momento a Tomé le preguntaran: ¿qué prefieres, ser un acosador o un acosado? Respondería sin pensarlo “prefiero ser el acosado antes que un acosador“, porque así es Tomé, porque la violencia le desagrada el extremo, porque prefiere, mil veces, que lo maltraten a maltratar. Paradojas de una respuesta que parece estúpida, pero así piensa él y no va a cambiar, porque no lo ha hecho en 32 años. Aunque siempre existirá la duda sobre si él mismo sería capaz de ser malvado si se encontrara atrapado en una situación extrema, si se viera obligado a cometer un acto escalofriante en contra de otra persona, y entonces la línea entre el bien y el mal se vuelve difusa y de nuevo, la cabeza de Tomé estalla en preguntas sin respuestas que no llevan a ningún lado, incapaz de encontrar la verdad ante la contundencia de la maldad”.
“Maldad”. Una historia intensa que refleja el denso entramado del mundo y a la vez ese resquicio en el que la vileza se funde al calor de una paz inesperada.