blogeditor · 24 de enero de 2014
Luis Buñuel: Mi último suspiro
Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière
Plaza & Janés Editores, SA
Barcelona, 1996
Pp. 303
El texto recoge una serie de conversaciones entre Buñuel y Jean-Claude Carrière, guionista, junto con el cineasta, de seis de las películas del mismo. Ofrece un recorrido por la vida de éste desde su infancia hasta sus últimos días ya enfermo en la Cuidad de México.
Buñuel nació en el pueblo de Calanda, en Aragón del inicio del siglo XX, un 22 de febrero de 1900. En el diálogo con Carrière, recuerda sus años de formación en la niñez y la adolescencia y su estancia en Madrid. Da cuenta de su relación con los poetas y escritores de la Generación de 1927 y de sus días en la Residencia de Estudiantes. Platica de su encuentro con los surrealistas en París y su militancia en ese grupo junto con Aragón y Bretón. Ofrece su visión de su participación en la República y la Guerra Civil.
[contextly_sidebar id=”72ef2ac362673c7688ee69a874881907″]Cuenta de su beca en Hollywood y el encuentro con ese mundo. Sus años en los que se dedica a doblar películas. Su producción temprana, El Perro Andaluz con Dalí y luego La Edad de Oro. De nuevo sus años en París y de vuelta a Estados Unidos, para trabajar en el Museo de Arte Moderno (MoMA) en Nueva York. Su llegada accidental a México en 1946 donde establece su residencia.
En las conversaciones con Carrière, al que le dice que “yo no soy un hombre de latex”, analiza, de manera breve, cada una de sus películas. Habla de las que ha vuelto a ver y las que no. Recuerda sus 20 películas filmadas en México y las últimas, todas realizadas en Francia.
Me sorprende que hable muy poco de sus actores, entre ellos la joven Silvia Pinal y la madura Catherine Deneuve. De la conversación se deriva que no dedica gran importancia a la “conducción actoral” y sí otorga un papel fundamental, es el gran trabajo, a la construcción del guión cinematográfico. El ambiente, el lugar en donde se filma, parecen ser también algo importante.
Las referencias a México son muy pocas, la más importante cuando señala cómo es que aquí se mata. Me extraña que hable poco del país donde permaneció 40 años. Pareciera vivir siempre en el exilio entre España y Francia. México es sólo un alto pasajero a pesar de su larga estancia. Al país llegó a vivir cuando tenía ya 46 años. Era ya un hombre hecho, pero esperaría, con todo, que el medio ambiente hubiera ejercido mayor influencia en él. Si la hubo, en todo caso, esa no se nota en su conversación.
Buñuel reflexiona sobre lo que cree y en los valores que fincan su existencia. La congruencia resulta fundamental y la acompaña a lo largo de su vida. La austeridad y la sencillez, parecen también elementos centrales. Plantea que el surrealismo triunfó como propuesta artística, todos sus miembros están consagrados, pero fracasó como proyecto social. El mundo no cambió.
En 1981, ya muy enfermo, habla de sus rutinas, de su aburrimiento, de la espera del fin. A partir de los sesenta años empezó a tener problemas con el oído. Vivió siempre con su mujer, Jeanne Rucar, que conoció en París. De ella y de sus hijos Jean Louis y Rafael, tal vez por pudor, habla muy poco. En los hechos nada. Del futuro, de lo que queda y viene, no tiene una visión optimista y más bien augura problemas y dificultades. (Buñuel muere el 29 de julio de 1983, un año después de que se publica la primera versión del libro).