Lucidez a la mexicana o lo que viene siendo el voto en blanco…

blogeditor · 5 de junio de 2015

Lucidez a la mexicana o lo que viene siendo el voto en blanco…

Por: Ana Lara (@analara3)

Cada vez que escucho sobre el tema electoral siento una especie de impotencia al tratar de convencer a cada uno de los interlocutores sobre la importancia de votar y expresar de esa forma nuestras preferencia electorales, ejercer nuestro derecho político y hacer que cada una de las voces se escuche mediante un garabato en la boleta electoral. Desde esta perspectiva personal escribo este texto.

En esta evangelización cotidiana me encuentro con los reiterativos argumentos: ¿para qué? Todos son iguales; ya lo hice en una ocasión y se lo robaron; es hacerle el juego a los partidos; mi voto no cuenta, mejor lo anulo; o pongo mi nombre o de plano el de “lagrimita”, etc., etc., etc.

[contextly_sidebar id=”TVjpJt6q6BZN5z0VYqirLmpUZplsfQo8″]No obstante estas diversas opiniones sobre la actitud del electorado en nuestro país y sobre todo de cara a los comicios del próximo 7 de junio, me surgieron los siguientes cuestionamientos: ¿está en crisis el sistema electoral democrático? ¿Qué onda con la democracia? ¿Qué sucede con los votos nulos? ¿Qué pasa con el voto en blanco?

José Saramago en su novela Ensayo sobre la lucidez, plantea un escenario imaginario en donde describe como anécdota central lo siguiente: “Un día lluvioso de elecciones en una ciudad, la mayoría de los electores decide, independientemente, votar en blanco”.

El gobierno decreta repetir las elecciones una semana después y el voto en blanco aumenta, resultando un ochenta y tres por ciento. Estos resultados generan que los gobernantes emprendan una serie de investigaciones, decisiones autoritarias y represivas relacionando la victoria del Voto en blanco con la ceguera blanca que había afectado al país cuatro años atrás narrada en Ensayo sobre la ceguera.

La novela es un reflejo de una sociedad cansada de ofrecimientos de la clase política, procesos electorales, los actos de campaña y el sistema democrático en general, así como la conducta de los gobernantes ante una reacción pacifica de los electores. Lo interesante también es que el autor no menciona el nombre de ninguna ciudad en especial, es decir que esto pudiera ocurrir en cualquier nación occidental gobernada bajo este régimen.

Al igual que transcurre en la narración, se advierte cómo los votantes estamos cansados de discursos huecos, muchas promesas y pocas realidades; un régimen que se ha olvidado de la construcción de la ciudadanía, de no cambiar las condiciones de pobreza y desigualdad, las prácticas autoritarias o clientelares, la amenaza a la seguridad pública, la falta de libertad de expresión, la sociedad teledirigida y el narcotráfico.

Dentro de esta problemática pienso en la situación similar que estamos viviendo los mexicanos en donde es altamente probable que exista un gran porcentaje de abstencionismo o voto nulo; sin embargo estos números no son suficientes, ni generarían un precedente para mandarle un mensaje “antivoto” a la clase política, el cual fuera vinculante y que a mi juicio fuera tomado como un voto de descontento porque el voto es cuantitativo no cualitativo; el resultado de las casillas es un conteo de votos, no un buzón de quejas o sugerencias.

Dados los distintos puntos de vista que genera este tema sustantivo realice en el mes de mayo un ejercicio de co-creación para discutir y analizar este tema con mis alumnos de la maestría de Derecho Electoral de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, UABJO, mediante la lectura de la novela de Saramago y con base a los siguientes planteamientos encontramos algunas conclusiones al respecto.

Dado que en nuestro sistema electoral no existe la figura del voto en blanco, en realidad no sucedería nada porque aquí se gana por un voto, no sería funcional porque se confundiría con los votos nulos y contamos con bastante índices de abstencionismo sobre todo en el contexto de ser una elección intermedia. El voto en blanco sirve más a la clase gobernante que al mensaje enviado por una sociedad llena de hartazgo; funcionaría lograr un movimiento sólido y encaminado a una alta representatividad derivada de este concepto, estamos tan alicaídos que ni si quiera nos interesa aglutinarnos para escribir en nuestras boletas un mensaje claro y contundente a la clase política.

Seguiremos anulando nuestro voto como forma caprichosa de nuestro encono, estaremos entonces creyendo que los políticos y las instituciones están en crisis y que los ciudadanos somos inocentes ante este fenómeno. O un buen día se iluminaran nuestras conciencias con una luz blanca que nos transporte a un sistema de gobierno en donde la ciudadanía haya tomado las riendas de su vida y ejerza su derecho de elección política, “no por el menos peor”, si no por un futuro que no es precisamente un cheque en blanco.

 

* Ana Lara es Coordinadora de comunicación digital en LEXIA. Maestra en comunicación visual por la UNAM y licenciada en la misma disciplina por la Iberoamericana. Fue Directora General de la AMAI (Asociación de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública) en el periodo de 2011 a 2012. Es catedrática en la Universidad Benito Juárez de Oaxaca.