Lucha libre: la ficción que se elige creer

Joel Aguirre · 19 de agosto de 2026

Lucha libre: la ficción que se elige creer

Por Ángel González Aguilar*

“Sí sabes que no son reales, ¿verdad?”, “No se pegan de verdad”, “¿Cómo crees que caigan en maderas?”, “Es puro teatro”… Como fan acérrimo de la lucha libre he escuchado varias veces este tipo de comentarios por parte de un público más casual y escéptico. Sin embargo, en cuanto la función se inicia y la campana suena, estos cuestionamientos se desvanecen ante un espectáculo tan emotivo e intenso que se siente auténtico; algo que hoy en día, en el entorno digital, comienza a desaparecer.

Dejemos algo claro: este texto no pretende desentrañar los secretos de la lucha libre. Pero en un mundo donde, gracias a la IA, cada vez es más difícil distinguir qué es real y qué no, resulta paradójico que la lucha libre, una disciplina constantemente acusada de ser falsa, se sienta más auténtica y humana que muchos de los contenidos consumidos hoy en día.

Desde LEXIA hemos detectado una percepción de falta de autenticidad por parte de los consumidores hacia productos, campañas, figuras públicas y contenidos. Al mismo tiempo, observamos una búsqueda creciente de propuestas que no se sientan “tan de libretito” o “más de lo mismo”. Existen señales de que la lucha libre ha encontrado la manera de satisfacer esta necesidad, lo que le ha permitido experimentar un nuevo boom de popularidad, algo que en México no se veía desde el debut de Místico en 2006.

Kayfabe, un concepto clave de la lucha libre

Erving Goffman explica que los seres humanos tenemos diferentes maneras de comportarnos según el círculo social en el que nos encontremos. Es decir, no nos comportamos de la misma manera con nuestro jefe que con nuestros padres o con los amigos de la preparatoria. Sin embargo, el internet ha generado un entorno de exposición constante ante la sociedad, lo que ha provocado la interpretación de un rol de manera casi ininterrumpida.

Esto nos ha llevado a la performatividad, donde las acciones repetitivas no solo describen la realidad, sino que la transforman e incluso la moldean. Sin embargo, si gran parte del entretenimiento actual está diseñada para maximizar el engagement mediante datos; ¿Por qué la lucha libre, que es un performance escénico, se percibe como algo auténtico?

La respuesta se encuentra en un concepto clave de la lucha libre: el kayfabe. Se trata de una especie de contrato social en el que el público, de manera consciente o inconsciente, acepta que lo que está viendo no es completamente real. En otras palabras, se entrega a la fantasía y se deja llevar por ella. A partir de ahí, corresponde a los luchadores hacer que el público entre en esa dinámica. Para lograrlo se apoyan en múltiples elementos, como la música, las luces, el vestuario, la construcción de personajes y el ingrediente que distingue a la lucha libre mexicana de cualquier otra en el mundo: las máscaras.

Las redes sociales y la lucha libre

De hecho, esta industria no está exenta del uso de algoritmos o inteligencia artificial para la generación de narrativas. Pero entonces, ¿por qué afirmar que la lucha libre es más auténtica que el contenido de un influencer? Aquí es donde el kayfabe vuelve a entrar en juego. El luchador puede desprenderse de su personaje; en cambio, el influencer parece vivir en un performance constante, obligado a cuidar hasta el más mínimo detalle de su identidad pública en todo momento.

La llegada de las redes sociales tampoco ha sido ajena a la lucha libre. Sin embargo, lejos de convertirse en un obstáculo, han sido aprovechadas como una plataforma para contar historias que trascienden el ring. Esto ha dado paso a lo que los aficionados llaman la era post-kayfabe, donde se mezclan elementos de la vida real con las narrativas del wrestling.

Uno de los ejemplos más actuales y cercanos es el de Penta Zero Miedo, oriundo de Ecatepec, Estado de México, quien basa gran parte de su personaje en su propia historia de superación personal y trabajo duro. Su trayectoria lo llevó de trabajar en la central de abastos a encabezar funciones en Estados Unidos, Inglaterra y Japón. Es decir, el luchador utiliza los medios digitales como una plataforma para seguir evolucionando su personaje y transmitir un mensaje que va más allá del cuadrilátero.

Una invitación a la fantasía

Esta búsqueda de autenticidad no se limita únicamente a las audiencias. También parece reflejarse en los movimientos de una industria cada vez más interesada en acercarse a narrativas y propiedades que generan una conexión genuina con el público. Casos como la compra de AAA por parte de WWE en 2025 o la alianza entre AEW y el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), que incluso ha derivado en funciones especiales celebradas en la Arena México, demuestran cómo el mercado internacional reconoce el valor de la autenticidad como un elemento central en sus contenidos.

La lucha libre se mantiene vigente y relevante porque el público participa activamente en ella. En muchas ocasiones, es precisamente la afición la que construye la atmósfera electrizante que distingue a una función. La industria no busca engañar a sus espectadores; busca invitarlos a la fantasía. Los hace cómplices de ella porque, al final, los necesita. Quizás ahí radique su autenticidad: no en convencer al espectador de que todo es real, sino en crear una experiencia colectiva en la que todos saben que están participando de una ficción y, aun así, deciden creer en ella, porque las emociones que despierta se sienten auténticas y nos permiten conectar con nuestro lado más pasional y humano.

Ángel González Aguilar es mercadólogo e investigador de mercados, apasionado de los cómics, el manga, el anime, D&D y la fantasía y ciencia ficción. Redes: @angel_glez996

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