blogeditor · 6 de diciembre de 2015
Me habría gustado concentrarme, como siempre lo hago más o menos por estas fechas, sólo en los grandes avances que la ciencia nos ha brindado en relación con nuevos descubrimientos o nuevos experimentos que, cada día, a un paso medianamente constante, se realizan para erradicar de la humanidad el VIH-Sida.
Y es que, al ser el pasado 1 de diciembre el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, es difícil no hacer mención una vez más a la ya famosa vacuna que, en principio, podrá erradicar en un futuro no tan lejano el mencionado virus. Los últimos trabajos y esfuerzos llevados a cabo en el Instituto de Investigación The Scripps, la Universidad Rockefeller y por la Iniciativa Internacional por una Vacuna contra el Sida están demostrando cada vez más que, a través del uso de una vacuna experimental, se ha logrado estimular el sistema inmunológico hasta arribar al punto de bloquear por completo la infección por VIH, por lo pronto, en roedores.
Estos estudios con ratones, en donde se constata de una manera mucho más amplia y científica la forma en que se mejora la respuesta de los anticuerpos para instrumentar un efectivo bloqueo en el organismo, se hayan publicados en la revista especializada Science.
[contextly_sidebar id=”S73FtHmXQip5YVcEXgkSyguitHA9GNju”]También es difícil no mencionar que este año, con el aval de la Organización Mundial de la Salud, Cuba anunció que ha logrado eliminar la transmisión de VIH y sífilis de madre a hijo. Una realidad que fue considerada como un extraordinario avance contra el virus por todo el orbe. Sin el tratamiento cubano para evitarla, el riesgo de infección va del 15% al 45%.
Y por supuesto que lo es más aún cuando los científicos Jerome Zack y Scott Kitchen, de la Universidad de California y su Centro de Investigación de Células Madre, están perfeccionando una técnica que reduce los niveles de VIH, una vez más en ratones, hasta en un 95%, basándose en la capacidad generadora de respuesta inmunitaria de estas células.
En fin, rematemos esta dificultad con lo positivo que es escuchar que otros científicos de Filadelfia, liderados por el Dr. Luis Montaner, están desarrollando un fármaco para erradicar el sida, específicamente. Los resultados previos a su ya tercera fase de experimentación han sido tan buenos que esperan recibir un mejor subsidio hasta llegar, si es que no se impide la continuidad de su investigación, a la erradicación efectiva del virus y, por ende, del síndrome.
No obstante todo lo anterior, que dicho así parecería nimio pero no lo es en absoluto, me ha llamado poderosamente la atención que, a más de 30 años de la aparición del VIH-Sida en nuestro país (el primer caso formalmente registrado data de 1983), y luego de aquella añeja crisis mortal de salud de los años 80 y de interminables campañas nacionales de concientización, tanto los medios de comunicación, importantes o no, así como algunos públicos personajes de comunidades que, en principio, tendrían que ser mucho más sensibles a este problema de salud, en pleno 2015, insisten de manera indiscriminada en sus publicaciones en usar frases como “se contagió” en vez de “se infectó” a la hora de hablar sobre el VIH-Sida. Escribir esto parece algo nimio pero no lo es en absoluto.
Las básicas definiciones
Si bien “contagiar” puede remitir a la idea de transmitir una enfermedad en general a alguien, lo cierto es que hace también referencia al acto de transmitir una idea, un sentimiento o una actitud, entre otros estados de ánimo.
No obstante, si deseamos una mínimo precisión, esto aclara.
Para el término “infectar” podemos hallar estas definiciones.
Lo afirmado aquí se puede leer en cualquier diccionario medianamente aceptable, ni siquiera uno especializado.
Los medios y su “contagio”
No pocos diarios, a la hora de abordar notas acerca del VIH-Sida, entre otros virus, siguen insistiendo en usar el verbo “contagiar” y sus derivados, creando una falsa conexión que puede dar como resultado la revoltura de mundos semióticos en donde se piense que la infección de un virus se remite a un grupo específico de la población o que “puede dar” tan fácil como el contagiar las ganas de vivir o, en última instancia, que te sugiere el hecho de pasar cualquier “bicho” como se pasa una gripa en plena aglomeración multitudinaria (recordemos aquel pánico que se creó ante la falta de información sobre el famoso virus H1N1, en donde miles salimos a la calle con tapabocas).
Así las cosas, no está demás, pues, decir que el virus de inmunodeficiencia humana se transmite por infección, no por contagio. Su traspaso es un poco más complicado, pues. No es una gripe común, por mencionar algo muy conocido y contagioso entre la población en general en estas épocas del año.
La constante en los medios
El escandaloso e inconsciente trato de la nota del actor estadounidense Charlie Sheen, que hace pocos días anunció que es portador del VIH, en el diario mexicano Metro (que leen miles todos los días), cuyo encabezado hace un par de semanas, con la foto del actor de fondo, decía con letras grandes “Trae veneno en el pizarrín”, nos pinta de cuerpo entero sobre cómo siguen manejándose temas de salud en cuanto a morbo, incitación al odio, descalificación de estilos de vida e irresponsable desinformación se refiere.
Varios personajes, entre activistas y algunos intelectuales, conminaron al medio vía internet a retractarse en una pequeña campaña cibernética fugaz pero firme. Pocos días después, Metro tuiteó que había sido un error de juicio. “Nos disculpamos por ello”.
¿Y la sanción contundente por parte, por ejemplo, de la Secretaría de Salud o alguna otra a la que le corresponda? ¿Para qué existen tantos organismos de defensa en miles de cosas y temas?, se preguntarán muchos. ¿Para emitir este tipo de textitos sin afrontar consecuencia alguna es que, curiosamente, llevan años y años repitiéndonos hasta el cansancio que este virus es peligroso, que hay que cuidarse, que hay que hacer conciencia, que sigue matando a miles por todo el mundo, que hay que luchar contra la discriminación, que hay que seguir impartiendo talleres y campañas para concientizar a la gente, que la clave sigue estando en la eterna “educación”? ¿Para abrir la boca y zamparnos tan campantes el cruel sinónimo de “error de juicio” cual venenoso pizarrín?
En fin, que, a varias décadas de la aparición de este virus, al parecer, por lo menos en cuanto al ecuánime y profesional manejo mediático de información relacionada con este, en México, por lo menos, el trecho por recorrer se antoja inverosímilmente bastante largo.
* Roberto Rueda Monreal es politólogo, traductor literario, articulista y escritor.