Los ventiladores del CONACYT

blogeditor · 30 de abril de 2020

Los ventiladores del CONACYT

Hace unas semanas escribí acerca de la probable fecha en que México se quedaría sin ventiladores. Esto debido a la alta demanda por pacientes con falla respiratoria debido al COVID 19. Constantemente hemos escuchado que desde hace meses el gobierno se viene preparando para la pandemia. El día 23 de abril en la conferencia vespertina la doctora María Elena Álvarez-Buylla, directora general del CONACYT, nos informó sobre los planes para fabricar dispositivos médicos en el país, ya que ante una pandemia no hay cosa mejor que ser autosuficiente. Sin embargo, cuando escuche la parte técnica mi gusto inicial fue desvaneciéndose para pasar luego a la incredulidad absoluta y finalmente a desasosiego.

Para comprender este cambio de ánimo tan abrupto tenemos que entender más sobre los ventiladores mecánicos. En la conferencia se habló de cuatro tipos de ventiladores:

  1. AMBU
  2. PISTON
  3. VÁLVULA
  4. TURBINA

1. El AMBU, cuyo nombre técnico no es tal pero eso es para otro día, no es más que una bolsa de resucitación. En los programas de televisión y películas de tinte médico cuando una persona cae en paro cardiorespiratorio observamos casi siempre que junto con darle compresiones en el pecho se le da ventilación o respiración artificial con este tipo de resucitador. Es una especie de balón cuya única función es meter y sacar aire de los pulmones (imagen 1). Dicho de manera muy simple, el AMBU es un fuelle. La fuerza de la mano del operador exprime el balón y de esa forma se empuja aire a los pulmones.

Ahora, se habla de que gracias a un diseño abierto de la universidad M.I.T. se puede fabricar un aparato que exprima constantemente este balón, y de esa forma transformar un dispositivo manual en uno mecánico. A pesar de tener las mejores intenciones, esta solución realmente no soluciona nada. Los ventiladores modernos miden de manera precisa cuánto aire se mete a los pulmones y a qué presión, pero sobre todo miden cuanto aire sale de ellos y la presión que mantiene el sistema respiratorio en este ciclo. Lo anterior es indispensable para ajustar la terapia ventilatoria que se le da a las personas intubadas con COVID-19, pues uno de los problemas más graves que sufren estos pacientes es la lesión generada por el propio ventilador, o barotrauma. El tejido pulmonar se lesiona si no se controla adecuadamente la presión que entra y sale del pulmón, cosa que es imposible de hacer con este “ventilador”, ya que carece de sensores adecuados y únicamente mete y saca aire a un ritmo de compresión mecánica dictado por un circuito que empuja una palanca o comprime una pinza. En pocas palabras, este “ventilador” haría más mal que bien a los pulmones de un paciente con COVID 19 que necesita ser intubado y ventilado.

Fuera del aspecto técnico, otra cosa que llama muchísimo la atención es que en la página del M.I.T. los creadores de este dispositivo señalan que está pensado para hacerse con componentes fácilmente conseguibles y sobre todo de bajo costo. De acuerdo a ellos el costo de dicho dispositivo ronda los $500 dólares (esto es $11,862 pesos). Pero en el modelo que se propone en la conferencia vespertina el costo es de $137,000.00 pesos, es decir unos $6,600.00 dólares por pieza. ¿Cómo es posible que un dispositivo de una absurda sencillez, y utilidad cuestionable, acabe costando 13 veces más de lo que ponen sus creadores? Dicho aparato no solo no cumple con la función necesaria para la ventilación mecánica de los pacientes con COVID 19, sino que es un absoluto desfalco en tiempos de inmensa necesidad.

2. Ahora hablemos del segundo dispositivo, el pistón. En la diapositiva que se muestra en la conferencia se establece que este tipo de dispositivo cuenta con “Mucho mejor control de volumen, mayor economía de gas y operación más silenciosa” (imagen 2). El problema que tiene esta tecnología es que es obsoleta. El pistón fue introducido en las primeras salas de cuidados intensivos en los años 50s, en México todavía en los años 70s se utilizaba en las máquinas de anestesia. Es más, en las películas de esa época podemos ver que cuando alguien entraba a quirófano la maquina funcionaba subiendo y bajando el pistón dentro de un cilindro, asemejando un acordeón vertical que se expandía y colapsaba. Uno de los problemas más grandes de este tipo de ventiladores es que no responden a la respiración espontánea del paciente. No es el caso que cuando una persona está conectada al ventilador este aparato hace todo el trabajo, durante buena parte de la recuperación el paciente debe de inhalar y ésta inhalación debe de ser medida por el ventilador y él debe responder únicamente “apoyando” el esfuerzo ventilatorio. Lo anterior hace que la persona no se canse y se pueda recuperar poco a poco, y cuando el momento es el ideal se retira la ventilación mecánica. Utilizar tecnología que no responda a cómo evoluciona el paciente puede dañar sus plumones, pues ellos se sobreexpanden.

Otra de las cosas que forzó al mundo médico a abandonar los ventiladores por pistón fue que estos, por su principio de funcionamiento, se averiaban constantemente. Quien sea aficionado a la mecánica sabe que los motores de turbina, a diferencia de los motores de pistón, son mucho más eficientes en cuanto a mantenimiento y a cantidad de fallas presentadas. Algo que también resulta sorprendentemente es el costo que el gobierno va a pagar por una tecnología obsoleta. El gobierno pagará $240,000 pesos por ventilador de pistón.

Cabe resaltar que en la conferencia vespertina no se hizo mención de compra de ventiladores válvula o de turbina.

3. Los de “válvula” son ventiladores que actualmente se utilizan en situaciones de desastres. Son baratos y desechables, pero desafortunadamente no cuentan con las especificaciones necesarias para ayudar a los pacientes con COVID-19.

4. Finalmente, los ventiladores que casi no se mencionaron en la conferencia fueron los de turbina. Uno podría pensar que no quieren hablar sobre ellos. Los ventiladores de turbina son ideales para ayudar a un paciente a que sobreviva al COVID-19. Son controlados por microprocesadores, y las variables que se pueden medir y ajustar son muchísimas. Lo anterior no es un lujo sino que esto ayuda a que el ventilador se acople al paciente, para su adecuado tratamiento y recuperación. Por dar algunos ejemplos: i) si el paciente respira por sí solo, el ventilador detecta esto, ii) continuamente se puede saber cuál es la presión dentro de la vía respiratoria del paciente, iii) se sabe con exactitud de 1 ml cuánto aire entra y sale de los pulmones del paciente, y iv) se cuenta con un sistema de protección pulmonar para no dañar los pulmones del paciente por exceso de ventilación. Los ventiladores de turbina son el aparato ideal para alguien cuya vida depende de un artefacto y su tecnología. 

Es cierto que los ventiladores de turbina son costosos y actualmente difíciles de conseguir. Sin embargo, esto no significa que la innovación y la autosuficiencia tecnológica no pudieran entrar aquí. En otros países observamos compañías que están ayudando a la manufactura de estos dispositivos, como Airbus, Rolls-Royce y McLaren. General Motors ha anunciado planes para cooperar en la fabricación de ventiladores complejos, prestando su línea de logística y manufactura para cumplir el cometido.

Cierro diciendo que llama mucho la atención que estos detalles tecnológicos sobre los tipos de ventiladores no hayan sido reconocidos por la directora general del CONACYT. Es necesario que en estos tiempos de austeridad y de escasez de recursos, los aproximadamente 150 millones de pesos que se invertirán en ventiladores sean repensados. ¿Hay que comprar ventiladores? Sí, pero solo aquellos que mejoren la supervivencia y disminuyan la mortalidad de los pacientes con COVID 19. Hoy más que nunca necesitamos soluciones basadas en ciencia y tecnología aplicadas a la salud. Pero ciencia y tecnología de este siglo no del pasado.

* René Palacios González (@cuervo_133) es médico residente en la especialidad de urgencias médico quirúrgicas.