blogeditor · 5 de noviembre de 2012
“La ignorancia y el oscurantismo en todos los tiempos
no han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía”.
Emiliano Zapata.
A @Pedestre
por los efectos multiplicadores
que genera su pasión
rumbo a un urbanismo inteligente.
Algún día las civilizaciones de la posteridad habrán de ver con incredulidad la forma y los estilos en la que hoy nos alimentamos y nos interrelacionamos.
Se preguntarán por qué con una tierra abundante, los intereses humanos se impusieron a la conciencia de la creatividad inteligente para combatir una realidad donde más de mil millones de personas en la Tierra, sin haber cometido falta alguna, se van a dormir hambrientos cada noche.
Para responderse, habrán de hurgar en la industrialización del siglo XIX, que propuso la creación de ciudades con un crecimiento urbano basado en la lógica de una productividad del corto plazo, ignorando la coherencia de la sustentabilidad del futuro.
En esa lógica, el urbanismo promovió el desarrollo de infraestructura rumbo a la industrialización de manufacturas. Para crecer, imperaba la lógica del intercambio; había que producir para vender.
En el siglo XXI, el autoconsumo es un nuevo fenómeno que podrá convertir selvas urbanas en metrópolis inteligentes con vida sustentable, transformando las ciudades paulatinamente en nuevos ecosistemas.
Para hacer detonar en realidad el enunciado anterior, el concepto de Metrópoli no sólo requiere de suficiencia presupuestal de la imaginación, sino de convicción, voluntad y visión política decidida para transformar hábitos individuales en nuevas tendencias de realidades colectivas.
En este nuevo ecosistema de conductas ciudadanas puede desarrollarse un interesante y eficaz “urbanismo verde” donde, por ejemplo, los desperdicios de comida son fácilmente convertidos en biogás gracias a técnicas de incineración o también las aguas residuales pueden convertirse en agua potable para consumo humano.
Hoy, si la voluntad política es capaz de hacer incidir a intereses privados para apoyar la visión del Estado, la tecnología puede crear un urbanismo funcional sustentable.
Finalmente, una muestra de ello la ha dado el gobierno de la Ciudad de México con el Bordo Poniente con el que, a decir de Fernando Aboitiz, a principios de 2014, se dejarán de emitir 1.8 millones de toneladas bióxido de carbono anuales al ambiente y se permitirá generar 58 mega watts por hora de electricidad con un precio inferior a 90 centavos de lo que hoy la Comisión Federal de Electricidad le vende a la capital y que representa un ahorro anual de 280 millones de pesos.
En efecto, si en pleno inicio del siglo XX, el Zapatismo, agrarista y armado, tuvo concordancias en su proyecto con el magonismo, teórico y obrero, hoy en el naciente siglo XXI, la economía verde puede formular una lógica pragmática de agroindustria, aeroponia, arquitectura rural y la biotecnología rumbo a un urbanismo progresista.
Mucho del sistema económico y del comercio mundial actual, se basan en principios anacrónicos.
La otrora división internacional del trabajo y el liberalismo económico funcionaron relativamente en la lógica del Siglo XIX. Hoy, en el siglo XX la creatividad de la autosuficiencia, el desarrollo de habilidades individuales en industrias transversales son parte no sólo de crear crecimiento económico sino de -un reto mayor- volverlo sustentable.
Hoy, los elementos de una nueva economía social que combata el dogma de la ortodoxia liberal no están en los costos evidentes de los alimentos y materias primas, sino en el “backstage” de los esfuerzos logísticos para trasladarlos, no de una parte de la ciudad a otra, sino entre puntos distantes en el planeta.
Mientras el sistema económico mundial sigue detonando complejidad, el urbanismo verde bien aplicado encierra en sus principios el famoso axioma donde la distancia más corta entre dos puntos, es en efecto, la línea recta.
Esto significa que en el urbanismo verde, la clave no es ir ya por los recursos sino hacer que estos vengan a sectores estratégicos para provocar un estilo de vida compacta.
Esta es la creatividad social que puede evidenciar su mayor inteligencia sobre la técnica ortodoxa del liberalismo económico.
Con el urbanismo verde no sólo pueden decrecer los costos de los alimentos por la racionalización en el uso los fertilizantes y de combustibles fósiles, sino por los efectos multiplicadores que provoca la racionalización del transporte y movilidad urbana así como en la regeneración eficiente de energía.
Así pues, para aterrizar esta visión de quimeras a realidades implementadas por políticas públicas eficaces que desarrollen modos de vida sociales, puede haber 4 ejes para el desarrollo del urbanismo verde en nuestro país y en nuestra ciudad capital.
DEL ASISTENCIALISMO A LOS EMPRENDIMIENTOS, AUTOSUFICIENCIA Y LA ALIMENTACIÓN DE CALIDAD.
Mucho de lo que nos corresponde como jóvenes dispuestos a interactuar no con el mismo sistema sino con una nueva evolución, está en comprender que el derecho a la alimentación de calidad es un derecho básico e inherente para el ser humano.
La autosuficiencia provoca una realidad transversal que al tiempo de beneficiarnos, impactará en un nuevo y evolucionado sistema económico rumbo a una nueva lógica para emprender y no para depender. El urbanismo verde se convierte también en un mecanismo que desarrolla una política laboral creativa y de capital humano que por lo especializado no sólo beneficia a amplios sectores vulnerables sino los transforma en agentes económicos activos.
Una política social moderna será adicionar a los vales de despensa del súper, la capacitación técnica y dotación de materiales para el desarrollo de techos y muros verdes, que hagan realidad el zapatismo 2.0 en la vida urbana del siglo XXI: la tierra, como sus alimentos, son de quienes los trabajan, no de quienes nos lo entregan.
Es absurdo el encarecimiento de los productos y de la inflación cuando la autosuficiencia en sectores estratégicos y el desarrollo de un urbanismo verde es realmente gran parte de la solución a varios problemas macroeconómicos. Voy a explicar cómo.
VIDA COMPACTA: LA RACIONALIZACIÓN DE RECURSOS PROMUEVE TEJIDOS SOCIALES URBANOS INTELIGENTES.
Para acceder a especies e ingredientes de la cena que acabamos de comer en nuestro restaurante favorito, éstos tienen que recorrer240 kilómetrosde distancia para llegar a nuestro plato. Pero no es tanto la distancia, como ya lo he mencionado, sino los canales y los sectores que hacen posible su desarrollo y traslado y por tanto lo encarecen: fertilizantes y los combustibles fósiles hasta las flotillas de distribución de los alimentos.
La diferencia está en la producción industrial para consumo masivo y la autosuficiencia racional para una alimentación de calidad individual.
Por ejemplo, los restaurantes pueden pasar de puntos de consumo a micro plataformas de generación de energía y reciclaje, las cárceles pueden ser nuevos espacios verdes donde la readaptación social pueda incluir el desarrollo de técnicas verdes en espacios que hoy no tienen vida sino mayoritariamente desolación y rencor; las escuelas pueden educar niños con habilidades creativas y con una alimentación nutritiva, los hoteles con el urbanismo verde pueden generar nuevas experiencias turísticas y gastronómicas, al tiempo que se convierten también en generadores de su propia energía.
Entonces, el urbanismo verde puede así generar una movilidad racionalizada, con tejidos sociales coherentes donde trasladarse de un punto a otro responde a una dinámica de valor y no sólo a necesidades inherentes, como es acudir a un punto para poder alimentarse, por motivos sociales para ciertos sectores y por derecho inherente a los más vulnerables.
Con el urbanismo verde, la macroeconomía puede quedar supeditada a lo que la sociología y la antropología social sí pueden controlar de las variables económicas sin tantos efectos nocivos secundarios: la inflación, la oferta y demanda no responden a curvas ordinarias sino a nuevas lógicas de valor. Para ello se requiere de un gobierno decidido y mucho más creativo.
Asimismo, el tener zonas o barrios temáticos autosustentables en las ciudades, promueven que los tejidos urbanos formen espacios de afinidad en lugar de códigos postales tradicionales.
Ya el Jefe de Gobierno Electo de la capital mexicana, Miguel Angel Mancera, lo ha propuesto.
´CIVISMO VERDE´: ESPACIOS PÚBLICOS DIGNOS QUE TRANSFORMAN ACTITUDES INDIVIDUALES.
Espacios públicos dignos modifican comportamientos cotidianos creando nuevas tendencias colectivas. Con creatividad muchos males crónicos empiezan a desaparecer.
El urbanismo verde promueve vivir y concebir una ciudad compacta donde la movilidad realmente se de por razones de valor agregado y no permanentemente por necesidades vitales. Ese movimiento disminuye en gran parte la contaminación, el ruido, y el desarrollo de una vida más amable.
En grandes zonas marginales de la ciudad, donde los niños acceden a comida de pobre calidad alimentaria, el urbanismo verde mediante mercados con techos verdes, y muros colectivos pueden transformar su hábitat con color y vida, al tiempo que podrán enfrentar con esperanza la deficiencia alimentaria.
CAPITAL HUMANO VERDE: LA LOGICA DEL EMPRENDEDOR, NO DEL EMPLEADO.
Es de reflexionar que por muchas décadas los grandes cerebros humanos emigraron de los sectores rurales a las ciudades, haciendo que los “menos inteligentes” se quedaran en el campo; nadie crecía en las ciudades para ser granjero. Sin embargo, la actualidad urbana puede inspirarse en un neoagrarismo para impulsar un nuevo modelo, un sistema económico de crecimiento que pueda responder a los retos de la evolución humana.
La nueva economía verde, lejos de tener solamente equipo de analistas, actuarios y matemáticos para hacer análisis macro y microeconómicos, creará cadenas de valor laboral en micro empresas de ingeniería y arquitectura rural y agronomía.
El recurso de la creatividad y no sólo ya de la técnica en la economía ya no es un privilegio, es una necesidad.
Si el agrarismo basó su mantra en el desarrollo de la tierra, el urbanismo verde lo hará con la creatividad de la aero e hidroponía.
Un país, pero sobre todo una ciudad, que tiene vocaciones definidas hace de su diversidad la fuerza para darle coherencia a su afinidad y crear así una personalidad colectiva, que sirva para inspirar nuevos modelos de desarrollo humano.
Es momento de construir un México como un lugar que le ofrezca al mundo una nueva visión anclada en los hechos y resultados de vanguardia con creatividad para hacer valer la dignidad humana.
En este México sobre diagnosticado lleno de dolor y desolación en muchos sectores de la población, se requiere de voluntad y eficacia para hacer que las cosas sucedan; para evolucionar como sociedad en lo cotidiano y hacer de la esperanza temporal una realidad asequible y que nos llene de orgullo al construirla colectivamente.