blogeditor · 2 de septiembre de 2014
Robert J. Shiller (Detroit, 1946) es profesor de economía en la Universidad de Yale y en 2013 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía, junto con Eugene Fama y Lars Peter Hansen de la Universidad de Chicago, “por su análisis empírico de los precios de los activos”.
Su especialidad son los mercados financieros y la innovación financiera, pero también ha escrito sobre la economía del comportamiento, la macroeconomía, los bienes raíces, los métodos estadísticos, las actitudes del público y los juicios morales sobre los mercados. Sus libros más recientes son Reforming U.S Financial Markets (2011), junto con Randall Kroszner, y Finance and the Good Society (2012) y en uno de sus últimos artículos, “Los riesgos del próximo siglo y su gestión”, en In one hundred years: leading economists predict the future, editado por Ignacio Palacios-Huerta, Massachusetts Institute of Technology, 2013, ofrece su visión de cuáles serán los riesgos más importantes de carácter financiero en los próximos 100 años y la mejor manera de gestionarlos. A continuación ofrezco una síntesis del mismo.[1]
[contextly_sidebar id=”BE50anTKypc07vmX3oMMLiG3ceKoZjmf”]El autor plantea que el próximo siglo trae consigo una serie de riesgos en un planeta con recursos limitados, con más armas de destrucción masiva, y nuevas tecnologías de la información que moldean los mercados y crean riesgos a las distintas profesiones. La gestión de riesgos estará dominada por la ciencia y la ingeniería, pero también existe un dominio netamente financiero.
La tendencia es hacia la democratización de la administración del riesgo, haciendo más accesibles sus contenidos y principios. Siglos atrás, por ejemplo, solo los más ricos tenían acceso a la banca y los servicios de portafolio, pero ahora, al menos en los países avanzados, ya están ampliamente diseminados.
No es posible predecir el futuro sin visualizar nuevas ideas sobre el mismo. Si extrapolamos las tendencias actuales, debemos confiar en nuestro sentido para determinar qué ideas son buenas para el futuro y, todavía más, es necesario asumir el riesgo ofreciendo detalles de estas ideas esperando que se vuelvan idiosincráticas.
Gestión del riesgo en un nuevo mundo poseedor de inteligencia artificial
Los científicos concuerdan que la inteligencia artificial está ya a nuestro alcance y será común a lo largo del siglo. La revolución de la tecnología de la información continúa su avance y ofrece mejores oportunidades. Vamos a seguir necesitando doctores y abogados reales, pero hay que esperar, cada vez más, que las máquinas ofrezcan alternativas de solución. Ese inmenso poder de cómputo crea tanto riesgos como posibilidades, para la gestión de los riesgos.
En un mundo de inteligencia artificial, se crean nuevos tipos de subculturas que no están definidas por la coincidencia geográfica. En especial se crea una cultura cosmopolita, de personas conectadas a la inteligencia artificial, que es un tipo de élite mundial que forma lazos de lealtad hacia sí mismos en vez de sus vecinos geográficos. El potencial para la guerra permanecerá a través de rivalidades étnicas, religiosas y nacionales.
Gran cantidad de información crea grandes oportunidades para contener los riesgos
Las decisiones económicas y políticas estarán enmarcadas en una información cada vez más amplia. Las aseguradoras, por ejemplo, podrán actuar ya no sólo en respuesta a incidentes estudiados, sino también en términos de los cambios en el valor económico o el potencial de ganancias.
Las ventajas de un banco de información para la administración del riesgo viene construyéndose desde 1913, cuando los Estados Unidos lanzó el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Gracias a esto fue posible crear contratos financieros en términos reales para la población. Es en la Gran Depresión de 1930 cuando el concepto de Producto Interno Bruto (PIB) se articula por primera vez, pero este indicador difícilmente es la máxima unidad de medida del bienestar. En el próximo siglo veremos la proliferación de indicadores de bienestar y esos indicadores estarán basados en el riesgo.
La tecnología de la información reducirá la ilegalidad e informalidad económica
Las personas no quieren formalizar sus negocios para evitar la tributación, regulación o posible litigación. Pero en el próximo siglo será difícil engañar y evadir impuestos. Mientras el volumen total de nuestra información aumenta la gente será “aprehendida” en la informalidad y actividad ilegal. El dinero electrónico empieza a dominar y el uso de efectivo en transacciones despierta sospechas.
Quizá debamos incluir en la actividad ilegal al mercado de bienes raíces que no reporta sus transacciones a las autoridades. Una vez que los precios sean honestamente reportados, los gobiernos podrán formular mejores políticas para su administración, y las aseguradoras cerrar contratos basados en precios reales, disminuyendo el daño moral.
Habrá mejor identificación personal, pero también privacidad
La gestión del riesgo se democratizada y la gente asume los riesgos que le parecen importantes. En las economías tradicionales, la reputación e identidad de los individuos se obtuvo por credenciales, cartas, pasaportes e instrumentos para reconocer a la persona. Estos métodos no permiten que la gente se pueda conectar con las bases de información acerca de ellos. Unidades biométricas modernas permiten tal vinculación, y en algún momento del nuevo siglo, éstas van a estar disponibles.
Al mismo tiempo, la tecnología debe garantizar a las personas mantener su privacidad. La tecnología digital del futuro permitirá a la gente compartir cualquier información confidencial en sus relaciones comerciales, así como prevenir la fuga de información a terceros.
Los sistemas de identificación serán nacionales, para prevenir el terrorismo. Conforme esos sistemas se fortalecen las personas estarán más dispuestas a involucrar su patrimonio e ingreso en contratos a largo plazo. La tecnología de la información reduce el costo de monitorear cuentas electrónicas, eso permitirá contratos hechos a la medida de las necesidades de los contratantes, por lo que gestionar el riesgo resultará exitoso.
No existirá un gobierno mundial, pero habrá instituciones financieras más fuertes
Las Guerras Mundiales ciertamente dejaron un concepto de gobierno mundial en ruinas. Las Naciones Unidas que surgen en 1945 a raíz de estos conflictos han tenido un éxito relativo. El G-20 ha mostrado nuevos niveles de cooperación internacional, pero sigue sin contar con solidez institucional.
El verdadero desarrollo de soberanía internacional sucede en las instituciones financieras, como el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), entre otras muchas. El grado en que las economías continúen correlacionándose entre sí facilita compartir la gestión de riesgos no sólo en las catástrofes, sino en la igualación de los estándares de bienestar. En el futuro se van a compartir los riesgos económicos entre países, incluso los sumidos en caos político.
Protección contra actos de guerra y terrorismo
Las guerras y el terrorismo son los riesgos importantes a enfrentar el próximo siglo debido a la proliferación de armas de destrucción masiva. Los expertos concuerdan que una probabilidad de ataque nuclear sobre alguna ciudad es del 29.2%, un ataque biológico del 32.6%, un ataque químico del 30.5%, y un ataque radiológico del 39.8%.
Tradicionalmente las aseguradoras excluyen coberturas de los actos bélicos, pero ahora ya hay algunos de estos riesgos que son asegurables. Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley del Seguro contra el Terrorismo, para asegurar el patrimonio de las personas a través del reconocimiento del riesgo por parte del gobierno. Diseñar tales coberturas no es asunto trivial, debemos esperar mejores y más compresivos diseños en el futuro.
El marco de tiempo para el cambio
Muchos de los cambios en la gestión del riesgo discutidos aquí se van a desarrollar en un largo periodo de tiempo. El principio de diversificar el portafolio de las aseguradoras no fue una ciencia sino hasta la segunda mitad del siglo XX, y aun así muestran inadecuaciones, según lo revelan la reciente crisis. Los riesgos previamente tratados quizá no se presenten, aunque son inherentes al tipo de progreso económico que la gente demande, y no podemos prevenir todas las catástrofes. Lo que sí podemos es hacer uso de la tecnología de la información, habilidad para identificar y rastrear los riesgos, también para pactar mejores y longevos contratos, reduciendo el impacto de las catástrofes en el bienestar humano.
[1] La traducción del artículo original es de Rodrigo Islas Mariaüd.