Los números no son lo mío: la excusa que nos aleja de la ciencia

Joel Aguirre · 19 de octubre de 2026

Los números no son lo mío: la excusa que nos aleja de la ciencia

Hay una frase que llevamos años utilizando con una tranquilidad admirable: “Eso no es lo mío”. Generalmente aparece cuando alguien menciona matemáticas, física, programación o cualquier cosa que involucre una fórmula con más letras que números. “Yo soy más de letras”, decimos, como si a los 13 años hubiéramos firmado un contrato vitalicio que nos prohibiera acercarnos a una ecuación. Y así nos declaramos oficialmente incompetentes para ciertas disciplinas y seguimos con nuestra vida.

Lo curioso es que esa misma vida está absolutamente atravesada por ellas. Nos despertamos con un teléfono que probablemente sabe más de nuestros hábitos que nosotros mismos, consultamos aplicaciones que calculan rutas en segundos, utilizamos inteligencia artificial para resolver problemas y tomamos decisiones basadas en algoritmos cuyo funcionamiento nos resulta un total misterio. Todo muy práctico, hasta que alguien pregunta cómo funciona algo y respondemos con una explicación científicamente impecable: “Pues… con tecnología”.

Mientras me tomo mi licuado pienso que tenemos una relación muy rara con el conocimiento. Nos encanta disfrutar de sus resultados, pero hemos aprendido a considerar que comprenderlos es responsabilidad de alguien más. La ciencia es para los científicos; las matemáticas, para los ingenieros, y la tecnología, para ese primo que sabe arreglar computadoras y al que toda la familia le habla cuando deja de funcionar el internet. Como si entender el mundo fuera una actividad especializada y no una necesidad bastante cotidiana.

Y hoy entiendo que parte del problema empieza mucho antes de que lleguemos al trabajo. Durante años aprendimos a relacionarnos con ciertas materias a través de las calificaciones. Si resolvías rápido los problemas, eras bueno para matemáticas. Si te costaban trabajo, probablemente lo tuyo estaba en otra parte. No era relevante si eras curioso, si hacías preguntas interesantes o si necesitabas entender para qué servía aquello que estabas intentando aprender. El examen tenía una respuesta correcta y había que encontrarla, preferentemente antes de que sonara el timbre.

Aprender va más allá de acumular información

Claro que las matemáticas tienen respuestas correctas. No estoy proponiendo que 2 más 2 puedan ser 5 dependiendo de cómo nos sintamos ese día. Pero hay una diferencia importante entre aprender una fórmula y desarrollar la capacidad de utilizar el conocimiento para comprender un problema. Y esa diferencia es indispensable cuando salimos del salón de clases y descubrimos que la realidad rara vez viene acompañada de cuatro opciones de respuesta.

En How People Learn, publicado originalmente en 1999 por el National Research Council de Estados Unidos, John Bransford y sus secuaces nos explican algo fundamental: aprender no consiste únicamente en acumular información, sino en desarrollar una comprensión que permita utilizar lo aprendido en situaciones nuevas.

Y esto tiene un nombre: transferencia del aprendizaje. Saber resolver un ejercicio es importante; reconocer cuándo y cómo aplicar ese conocimiento fuera del contexto donde lo aprendimos es otra capacidad.

Fíjense cómo hoy tenemos acceso a cantidades extraordinarias de información, podemos consultar prácticamente cualquier concepto en segundos, pedirle a una inteligencia artificial que nos explique física cuántica como si tuviéramos ocho años o encontrar un tutorial para imitar técnicas de pintura de los grandes expertos. La información está disponible; la comprensión, desafortunadamente, todavía no viene incluida en la suscripción anual.

Y por eso me parece brillante lo que está impulsando Movimiento STEM+ en México. Del 5 al 12 de noviembre de 2026, la organización y sus aliados realizarán la primera edición de México STEM Week, bajo un lema que me parece mucho más provocador de lo que aparenta: STEM está en todos lados.

Porque solemos escuchar STEM —iniciales en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés— e imaginar laboratorios, robots, computadoras y personas que entienden perfectamente qué significa una integral. Pero su enfoque educativo propone algo más amplio: conectar conocimientos, desarrollar habilidades y utilizarlos para comprender y resolver problemas reales.

Entender un poco mejor el mundo es una posibilidad para todos

Y esos problemas no siempre requieren una bata blanca. Están en cómo nos movemos por una ciudad, cómo utilizamos la energía, cómo producimos alimentos o cómo tomamos decisiones frente a información contradictoria. También está en los retos de sostenibilidad, innovación y desarrollo económico que difícilmente podrán resolverse desde una sola disciplina.

México STEM Week busca acercar estas disciplinas a la vida cotidiana mediante actividades organizadas por escuelas, docentes, empresas, instituciones y comunidades. Habrá espacio para talleres, conferencias, exposiciones y experiencias presenciales o virtuales en distintas partes del país. Además, quienes quieran sumarse pueden registrar gratuitamente sus actividades en mexicostemweek.org.

Me gusta especialmente que la invitación no esté limitada a quienes ya pertenecen al mundo científico. Porque quizás una de las barreras más importantes para acercarnos al conocimiento no es su complejidad, sino esa idea que aprendimos demasiado pronto de que ciertas cosas simplemente no eran para nosotros.

No deberíamos necesitar dedicarnos profesionalmente a una disciplina para reconocer el valor de comprenderla.

Tal vez esa sea una buena razón para acercarnos a iniciativas como México STEM Week, así la próxima vez que alguien mencione matemáticas, tecnología o ciencia, quizá podamos resistir la tentación de responder automáticamente “eso no es lo mío” para abrirnos a la idea de que entender un poco mejor el mundo que habitamos debería ser una posibilidad abierta para cualquiera.♦ 

*Nota de transparencia: la autora colabora profesionalmente con Movimiento STEM+ a través de OCE Method.

Bibliografía:

  • Bransford, J. D., Brown, A. L. & Cocking, R. R. (Eds.). (1999). How People Learn: Brain, Mind, Experience, and School. National Academy Press.
  • Dewey, J. (1910). How We Think. D. C. Heath & Co.
  • Movimiento STEM+. (2026). México STEM Week. Documento informativo de la primera edición, 5–12 de noviembre de 2026.

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