“Los números me favorecen”: la costumbre de cantar victoria

blogeditor · 16 de junio de 2015

“Los números me favorecen”: la costumbre de cantar victoria

Unos minutos después del cierre de casillas, la candidata a gobernadora de Nuevo León, Ivonne Álvarez, se presentó ante los medios: “La elección está competida, pero nuestras encuestas nos otorgan una ligera ventaja”, dijo en tono triunfalista. Sin embargo, su rostro desencajado y el ambiente fúnebre parecían comunicar un mensaje distinto. Horas más tarde se supo que había perdido por casi medio millón de votos.

 

En México estamos acostumbrados a que los candidatos se proclamen vencedores de las elecciones, aunque los resultados los desmientan posteriormente, como en el caso del PRI en Nuevo León y como ocurre en todos los rincones del país: una y otra vez candidatos a gobernadores, alcaldes, senadores, diputados e incluso candidatos a presidente de la República repiten este comportamiento. ¿Es cierto, entonces, que todos los candidatos en México se declaran triunfadores la noche de la elección? ¿Cómo se comportan ante los resultados oficiales? ¿Qué es lo que lleva a un candidato que pierde por más de veinte puntos a cantar victoria?

Elecciones a gobernador en México

Me di a la tarea de recopilar información sobre cada una de las 83 elecciones a gobernador en México del 2000 al 2015, incluyendo las tres de Jefe de Gobierno del Distrito Federal y las nueve del pasado 7 de junio.[1] Busqué declaraciones públicas de los dos candidatos punteros de cada elección para saber si se habían proclamado ganadores la noche de los comicios y si habían alegado fraude los días posteriores. Además, agregué información de cada contienda, como el partido al que pertenecen los candidatos y lo competido de cada elección.

Tabla 1

Gráfica 1

En los últimos 15 años se han celebrado 83 elecciones para gobernador en México, de las cuales el 34% han resultado competidas, es decir, la diferencia entre el ganador y el segundo lugar ha sido de cinco puntos porcentuales o menos. Cabe señalar que el PRI ha estado ausente únicamente en una de las elecciones competidas (Distrito Federal, 2000) y en dos de las no competidas: nuevamente Distrito Federal (2006) y Chiapas (2012), aunque en este caso fue parte de la alianza que postuló a Manuel Velasco, del Partido Verde.

Destacan estados como Michoacán y Jalisco, cuyas elecciones se han decidido por márgenes estrechos en cada proceso electoral durante los últimos quince años, mientras que los candidatos de Guanajuato y Chihuahua triunfaron siempre con victorias holgadas, aunado a que en esas entidades no ha existido alternancia desde que inició el Siglo XXI.

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[contextly_sidebar id=”ZSHyvxGXQNlk5LaPxzV2KAa60Ku3XtNm”]¿Por qué proclamar victorias falsas?

Una primera hipótesis apunta a que los candidatos se declaran ganadores la noche de las elecciones porque la información con la que cuentan es errónea; no obstante, parece poco creíble que ignoren diferencias tan amplias en las preferencias, como ocurre en las elecciones no competidas. Además, es común que la comunicación no verbal los traicione al momento de emitir declaraciones, tal es el caso de la conferencia de prensa de la dirigencia del PRD en el Distrito Federal tras el cierre de casillas el 7 de junio pasado.

Una vez superada la primera etapa, marcada por los resultados contradictorios de las numerosas encuestas de salida y la variación en los primeros resultados del PREP, podríamos esperar que los candidatos aceptaran los resultados oficiales, pero no es así. Los aspirantes a gobernador en las 83 elecciones de los últimos quince años suelen rechazar su derrota después de conocer los conteos distritales, lo cual brinda un nuevo elemento al análisis: el fraude electoral.

“Operación carrusel”, “ratón loco” y “urna zapato” son algunos de los términos que forman parte de la cultura del fraude, fuertemente arraigada en la mente de los mexicanos y que genera un incentivo para el comportamiento de los políticos. Por ejemplo, en el reciente proceso electoral Andrés Manuel López Obrador culpó al INE de colocar a Morena “abajo en la boleta y con letras chiquitas“, el PRD acusó fraude en la Delegación Miguel Hidalgo y el candidato del PAN en Colima atribuyó su derrota a una “inyección de votos”.

En este sentido, la declaración de triunfo de los candidatos y posterior negación de resultados puede explicarse a partir de: 1) Las instituciones electorales no funcionan; 2) Los partidos y candidatos justifican su derrota en las urnas a través del fraude. La evidencia indica que la primera opción no es factible, al menos no en la proporción de acusaciones que presentan candidatos y partidos. Las instituciones electorales funcionan, y prueba de ello es que las grandes acusaciones recientes de fraude se han basado en argumentos poco sólidos, como la manipulación de cómputos distritales[2].

Más allá de su legítimo derecho de manifestar posturas o impugnar los comicios, es un realidad que candidatos y partidos recurren a la deslegitimación de las instituciones de forma automática para justificar su derrota o posicionar temas que los favorecen. Dicho lo anterior, el siguiente paso es cuestionarnos acerca de las consecuencias de este constante desprestigio: ¿Los triunfos inexistentes y el alegato de fraude merman la confianza de los ciudadanos en las instituciones? ¿Los partidos políticos están atentando contra un bien mayor -la democracia- en aras de rentabilidad electoral? Mientras tanto, los candidatos seguirán celebrando victorias ficticias.

 

* Enrique López Alonso (@lopezalonso88) Comunicólogo por la UNAM. Consultor en Cecubo Group.

 

 

[1] Los datos provienen de fuentes hemerográficas y de los resultados publicados por los institutos electorales locales.

[2] Ver, por ejemplo, Luis Estrada y Alejandro Poiré, “La evidencia del fraude“.