blogeditor · 11 de octubre de 2019
“Lo más molesto es la quietud: espesa, visible; el frío crepúsculo y la luz mortecina de las lámparas de vapor de sodio que se sumerge en la penumbra apenas a un metro de su fuente”.
De “Los errantes” (Olga Tokarczuk, edit. Anagrama).
Una vez extinguido -con gran habilidad- el incendio de escándalo que amenazó con convertir en cenizas el prestigio del Premio Nobel de Literatura, la Academia Sueca se ha emparejado con la historia al otorgar el reconocimiento correspondiente a 2018 y, al mismo tiempo, el respectivo a 2019.
Como ya se ha vuelto tradición para quienes integramos la gruesa (gruesísima) franja de los lectores no eruditos, la ocasión del Nobel de Literatura otorga la condición perfecta para conocer a un nuevo autor. Desde inicios del siglo, cuando gracias al Nobel una buena parte de quienes no teníamos idea de que existía su obra pudimos conocer algo de Imre Kertész, Orhan Pamuk, Herta Müller y Svetlana Aleksiévich, por mencionar solo algunos, hay que agradecer a la Academia el que la concesión del premio nos revele casi cada año la existencia de alguien que, para muchos, será recibido como nuevo autor. Por supuesto, siempre saldrá quien diga que dormía abrazado a los libros de los escritores más cifrados del planeta, y que la noticia de la distinción a Aleksiévich o Kertész era algo que esperaba desde hacía décadas, pero eso es algo que pasará siempre. El Dios de los Lectores, que todo lo ve, sabe que ese cultazo miente y que a su muerte se hará merecedor de un infierno en el que tendrá que leer para siempre todos los libros de sus ídolos hasta aprenderlos de memoria y poder recitarlos al revés.
Peter Handke no es un autor desconocido en México. El miedo del portero ante el penalty es una novela policíaca que aquí tuvo éxito y, aún y cuando la película que adapta la historia, dirigida por Wim Wenders (amigo muy cercano del escritor) nunca fue estrenada en el país, el libro en el que se basa puede conseguirse sin tener que visitar las librerías de viejo en un acto desesperado de búsqueda. La mujer zurda, el Ensayo sobre el cansancio (ligeramente emparentado con el Elogio de la pereza, de Miguel de Unamuno) y la poderosamente autobiográfica La tarde de un escritor son también trabajos del autor que ya han sido traducidos y a los que les espera un repunte de ventas en las próximas semanas.
Más interesante de desentrañar resulta la obra de Olga Tokarczuk, autora, ella sí, prácticamente desconocida en nuestro país, en donde solo circula en español Sobre los huesos de los muertos y ya se espera -estará a la venta a partir del 23 de octubre- la aparición de Los errantes, volumen que recibirá la atención hasta de Peter Handke, quien en entrevista para el diario El País aceptó no haber leído (aún) nada de su colega galardonada.
En suma, volvió el Nobel de Literatura, aliviada la crisis que hoy parece tormenta concluida y el mundo de la cultura parece encarrilarse y disponerse a apreciar con deleite la obra de dos artistas genuinos. Mientras tanto, en algún lugar de Japón (o quizá de Estados Unidos, la verdad es que nunca se sabe) el autor de novelas en las que pájaros dan cuerda al mundo y hombres limitados suelen conversar fluidamente con gatos se prepara nuevamente para salir a correr un rato poniendo cara ante quienes lo reconozcan de que no ha pasado nada.
Y bien: el hecho es que para él, efectivamente, una vez más no ha pasado nada.