Los nadie de la infraestructura urbana

blogeditor · 23 de mayo de 2014

Los nadie de la infraestructura urbana

Por: Dana Corres (@Dana_Corres)

El viento sopla fresco bajando desde la montaña y mueve los árboles en el parquecillo de Plaza Juárez. Se escucha cómo las copas se mueven y miro el cielo azul tras el vaivén de los árboles, cuyas hojas danzan al compás de la Bella Airosa . El momento de la despedida se acerca y quiero atesorar este momento antes de echarnos a correr para no tener que decir adiós. Escuchamos y cerramos los ojos.

 

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba”.

 

Cierro los ojos y me acuerdo del video. Los nadie, los que cruzan puentes… Pocas cosas muestran a los “nadie” como los puentes peatonales y la infraestructura peatonal. Eso nos juntó a todos aquí en Pachuca este fin de semana.

 

“Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos”.

 

Los niños, los ancianos, las personas con discapacidad. Los nadie.

¿Qué clase de ciudades son éstas si no las pueden jugar y disfrutar los niños? Argumento irrebatible. ¿Qué calles son éstas que no las hicimos para todos? ¿Cómo anda un niño con discapacidad las calles de su ciudad? Las anda feliz, porque a pesar de todo es niño, porque a pesar de todo siempre se puede sonreír, porque a pesar de no poder usar las banquetas con su silla de ruedas, un buen día le sale una rodada con otros nadie que quieren demostrar que la ciudad tendría que ser para todos y se ponen manos a la obra, y salen y sonríen y le echan ‘carreritas’ a los otros nadie, los que sí caminan a dos pies y les demuestran que a pesar de todo, a pesar de estas calles, se puede todavía sonreír. Los niños, que tendrían tanto o más derecho que uno a ciudades caminables, vivibles, jugables, respirables.

 

“Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local”.

 

Los que se mueren en accidentes viales, los que no sabemos ni cómo. Los que de los 5 a los 14 años se mueren más por accidentes viales que por otra cosa. Sí, más que de cáncer, más de cualquier otra enfermedad, más que los homicidios… Los que tienen como segunda causa de muerte de los 15 a los 29 esos mismos accidentes viales. Los nadie. Los que todos los días se enfrentan a esa infraestructura no hecha para ellos. Los que pinchean y pendejean a diario porque “mejor los perros que ellos cruzan por el puente”, los que queremos que respeten una infraestructura que no está hecha para ellos sino para los coches, los que se nos mueren todos los días. Todos. A nosotros. Nuestros muertos. Los nadie. Los que omiten cuando se planean magnas obras, los que se chingan porque tienen que caminar más y peor. Los nadie. Los que salen en los periódicos como culpables, porque siempre será más fácil decir que los culpables son ellos, antes que decir que es la infraestructura de decenas de años atrás. Es más fácil decir que ellos son culpables, antes que aceptar que estamos tan inmersos en el paradigma que no podemos concebir una realidad distinta a ésta, tan inmersos que ninguna razón parece ser a veces suficiente para que entendamos que lo estamos haciendo mal, tan inmersos que ninguno de los muchos argumentos parece ser suficiente…

 

“Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”.

 

Los nadie… los peatones, los caminantes, los transeúntes. Nosotros. Todos nosotros. Nuestros niños, nuestros ancianos, nuestros jóvenes, nuestras personas con discapacidad. Yo. Tú. Todos. Los nadie.

Bajo este paradigma es que surge la Liga Peatonal y se encuentra por primera vez en Pachuca. Conocerse, homologar criterios y conformar su organización como objetivos. El primero lo cumplimos a plenitud. Desde abrazarnos al ponerle cara a las voces que llevábamos meses escuchando vía Mumble, hasta embriagarnos con pulque, caminatas, la bella airosa y risas, muchas risas. Pinceleamos una homologación de criterios, pero adelanto: ya viene la Carta Mexicana de los Derechos del Peatón. Vamos a dar dura batalla. La organización la quedamos a deber y no por otra cosa: nos faltó tiempo y recursos, pero OJO: eso no nos amedrenta. Está en la orden del día para las próximas juntas de los martes, 9 pm, mumble. ¿Tiene un colectivo peatonal o es un activista peatonal o quiere convertirse en cualquiera de las dos cosas? Tenemos una cita. Adelanto: ya viene la Revolución Peatonal.

[contextly_sidebar id=”f544e8dd12533bb1b64bf4f80eac765c”]Martinlutherkingueamos un montón. Todos los días. Con la firme convicción de que lo haremos por años, quizá toda la vida. Nos llaman locos. Discutimos todos los días con la gente que nos dice “es que la realidad es ésta y como éste es México, la cosa no va a cambiar. Mejor que los peatones respeten esto que hay”(y con “esto” se refieren a la antes mencionada nula, inexistente o pésima infraestructura peatonal). De nuevo, Martinlutherkingueamos porque esto no nos amedrenta ni nos espanta. Nos rehusamos a aceptar que esto es lo único que hay y que no hay cambio posible. ¡Ja! Ya me hubiera gustado ver a Luther King decir “es que esto es lo que hay, los afroamericanos no tenemos derechos y mejor nos quedamos callados y aceptamos las cosas tal como están”. Y claro, hubiera sido lo más fácil. Martinlutherkingueamos porque es la única manera de cambiar esta realidad, porque seguiremos saliendo a las calles a pintar cebritas, a experimentar con calles peatonales y a abogar por la creación de zonas 20 y 30 en México en el revolucionario acto de recuperar lo que es nuestro: la calle. Seguiremos con la intervención urbana, con las caminatas. Pero también con lo otro: con el diálogo con los responsables de generar en acciones y en política pública aquello que hará de nuestras ciudades mejores lugares para vivir. Seguiremos también con la labor de socializar los temas que a veces parece que nomás nosotros entendemos. Martinlutherkingueamos, pero además nos organizamos, especializamos, generamos, socializamos…. Porque es la única manera.

Eso, sobre todo eso, fue lo que nos llevó a encontrarnos desde tan diversas partes del país (Monterrey, Puebla, Querétaro, DF, Torreón, Guadalajara), sin un peso que no saliera de nuestros bolsillos y sin otra cosa que no fuera la firme convicción de encontrarnos, abrazarnos, organizarnos, compartir y jalar para adelante, porque por fin sabemos que no vamos solos y que el camino por fin se cruzó y que podemos lograr grandes cosas juntos.

Nota al margen: al terminar la improvisada reunión en Plaza Juárez no nos echamos a correr. Nomás nos agradecimos por cruzarnos todos en el camino y por ser compañeros de viaje; nos dimos abrazos, nos deseamos éxito al regresar a nuestras ciudades, prometiéndonos seguir trabajando y echándonos porras. Esto apenas empieza. No lloramos nomás porque nos hicimos los fuertes. Fue un placer encontrarnos.

Experimento: ¿tiene una queja o hay algo que no le gusta en su barrio o colonia? Organícese con sus vecinos. Sí, lo difícil es eso de la colectividad y de llegar a acuerdos, pero cuando se logra, verá que es lo más gratificante. Aprenda a trabajar en equipo y a tomar decisiones colectivas por el bien de su comunidad. Ahí me cuenta qué tal. Auguro éxitos.

Felicidades y gracias, Liga Peatonal. Muchas gracias.

 

 

 

 

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