Los militares ya están integrados en los gobiernos

blogeditor · 24 de enero de 2022

Los militares ya están integrados en los gobiernos

Las relaciones cívico-militares en México y en toda América Latina están cambiando y el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero CDMX está tratando de descifrar la profundidad, complejidad y riesgos asociados a ello. Por eso organizamos una sesión con Wolf Grabendorff, politólogo especializado en temas de relaciones internacionales y de seguridad en América Latina, quien apenas editó una obra monumental que reúne ensayos sobre los militares y la gobernabilidad en México, República Dominicana, Cuba, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay, más diversos textos con enfoque subregional.

Grabendorff coloca en el centro una severa crítica a las élites políticas y habla de un estado de “bancarrota de la gobernanza civil”. Sin hacer generalizaciones para toda la región y reconociendo que hay diferencias mayores de país a país, nos hace ver algunos componentes estructurales que sí parecen repetirse en diversos grados en varias naciones y en subregiones enteras.

Nuestros tiempos son de mucha mayor complejidad en las relaciones entre los gobiernos civiles y las instituciones castrenses, de manera que, si bien ahora “los militares no quieren golpes de Estado”, en realidad “están integrados ya a los gobiernos, en especial en Brasil y México”.

Grabendorff afirma que “para las élites políticas gobernar sin los militares sería imposible”. Ejemplifica el caso de Brasil, donde hoy operan más militares en funciones de gobierno que en la etapa misma de gobiernos militares. Y es que para muchos gobiernos “el brazo más confiable de la administración son las Fuerzas Armadas”.

Los gobiernos electos “tienen una responsabilidad sistémica y política, ya que, orientados por el interés de ganar o mantener el poder, usan a las instituciones militares para ello”. El problema es que muchas veces ni el aparato civil ni el militar tienen las capacidades para administrar y resolver las grandes crisis de gobernabilidad (economía, salud, seguridad, etcétera) y el especialista ejemplifica el caso de la delincuencia organizada, donde las autoridades civiles ceden la confrontación a los militares, pero sucede que “ni las Fuerzas Armadas tienen la capacidad de ejercer el control territorial en todo el país”.

Grabendorff nos enseña con enorme contundencia lo que yo entiendo como un perfecto círculo vicioso: las autoridades civiles intentan reemplazar su incapacidad con instituciones militares que tampoco están en condiciones de resolver las grandes crisis, reproduciéndose así los conflictos que habilitan más y más la intervención militar misma, supuestamente para garantizar la gobernabilidad. Crisis, incompetencia civil, más intervención militar, crisis, incompetencia civil y así sucesivamente.

Enfatiza él que comparativamente respecto al mundo, América Latina tiene menor gasto público para sostener la operación del Estado en general y de las Fuerzas Armadas en particular. El investigador señala que las instituciones militares están siendo habilitadas en funciones diferentes, precisamente porque eso les permite hacerse de recursos ante el subfinanciamiento que padecen y en un contexto donde la escasez de recursos asociada a la baja recaudación impide la construcción de “instituciones técnicas civiles capaces de manejar las crisis”.

En suma, el cambio en las relaciones cívico-militares en América Latina está asociado a la inestabilidad y la incapacidad de regímenes políticos que están acudiendo a las Fuerzas Armadas para “evitar el caos” y en ese tránsito “llaman a los generales para limpiar las calles”. Regímenes que en algunos países utilizan la popularidad de los militares “para proyectar la imagen de apoyo”.

“Parece difícil pensar en las Fuerzas Armadas afuera de la política”, remata Grabendorff, quien a consulta expresa mía y una vez asumido que los militares ya están en el gobierno, acepta que las preguntas más importantes son, al final, a quién beneficia esto y para qué.

En muchos países, incluyendo México, quedó atrás la pregunta si los civiles entregarán a los militares la conducción de la seguridad. La pregunta ahora es hasta qué punto el apoyo que piden a las Fuerzas Armadas terminará por entregar a éstas la gestión autónoma de la gobernabilidad.

@ErnestoLPV