Los militares, sin censura presidencial

Redacción Animal Político · 24 de abril de 2023

¿Cuál es la relación entre el presidente de la República y las Fuerzas Armadas? No formalmente, sino realmente cuál es. La pregunta no solo es obligada, es urgente y la respuesta tiene implicaciones fundamentales para la salud presente y futura de la democracia en México. Discutíamos en el 2018 la Ley de Seguridad Interior porque las Fuerzas Armadas buscaban ocupar permanentemente y sin límites las tareas de seguridad pública; hoy la función policial federal está a cargo de una institución militar cuyo personal castrense abarca el ochenta y cinco por ciento de la misma, así comprobado en el nuevo documento apenas publicado por el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero CDMX.

No lo dicen abiertamente, pero incluso al interior del sector civil del propio gobierno federal se multiplica la inquietud a consecuencia de lo que parece ser una decisión firme del presidente: respaldar, si no a la totalidad del personal militar, sí a los mandos, sea cual sea el escándalo que involucre a las Fuerzas Armadas, incluso si en el camino se documentan violaciones graves a los derechos humanos como el derecho a la vida.

Para el presidente, el reportaje sobre “Los viajes del general secretario no merece un compromiso de investigar; vaya, ni un gesto así sea mínimo de reprobación. Siendo un político que invierte buena parte de su tiempo en la comunicación performativa, es extraordinariamente relevante el hecho: nos deja saber que esa y quizá ninguna revelación que demuestre o pueda demostrar actos ilegales del mando militar provocará la censura del ejecutivo federal. Más bien López Obrador evadió el tema acusando a otras personas. La estrategia distractora de manual. ¿Por qué?

Un buen amigo, especialmente agudo en su lectura del poder, me dijo como si cualquier cosa que esa relación jamás ha implicado un proyecto de seguridad pública; “los militares son un instrumento de protección política del régimen, no te confundas”, afirmó. En febrero pasado publiqué en este espacio la columna América Latina remilitarizada, título recogido de un ensayo firmado por Rut Diamint donde afirma que:

… se está produciendo una constante remilitarización de la política latinoamericana… una nueva militarización conducida por los propios gobiernos electos… La politización y la policialización se han convertido en dos formas de aumentar la injerencia en la política, con el consiguiente deterioro de la institucionalidad del Estado de derecho…“.

Si no podemos saber qué relación hay detrás de la decisión presidencial de no censurar a los mandos militares, tampoco sabemos los incentivos del amplio segmento de la clase política que decide callar de cara a la luz verde del ejecutivo federal.

En su brillante ensayo México ayer y ahora, Fernando Escalante Gonzalbo, discutiendo la transición política contemporánea, expone que “el problema más grave, el que de manera dramática marcaría el fin de régimen, fue la inseguridad”. Y abunda:

En 2006 comenzó el momento recesivo del régimen… Los operativos conjuntos de fuerzas federales contribuyeron a desarticular los órdenes locales… En términos prácticos, aunque nunca se haya dicho, aunque nadie lo aceptaría en público, es una ocupación militar del territorio, cuyas consecuencias son todavía incalculables… El dato de mayor importancia es la aparición del Ejército como actor político… El Ejército actúa ya como un intermediario político y cede por eso de manera inevitable a una fuerza centrífuga que altera su dinámica interna, en la medida que importa no sólo el ascenso a un grado u otro, sino ser comisionado en una aduana, un aeropuerto, o para la gestión de una obra de infraestructura“.

Escalante reconoce un futuro “demasiado incierto”; pero una de las claves “en lo que conocemos”, es “el predominio del Ejército en el campo político: un Ejército enriquecido, corrupto, fragmentado”.

Ha informado el presidente que hasta lo último de su sexenio seguirá promoviendo las reformas para entregar a la Sedena el control de la seguridad pública. De principio a fin, consistencia perfecta: ¿qué es lo que no sabemos sobre esa relación?

@ErnestoLPV