Alejandro Martí · 29 de mayo de 2012
Los jóvenes son los herederos del México que, mal o bien, les dejamos y los arquitectos del México del porvenir. Por ello, que se involucren en la política, en la construcción de su país, siempre es un motivo digno de aplaudirse y celebrarse. Independientemente del mensaje, es alentador saber que en ellos vive la chispa de la crítica y el afán por la expresión y la discusión.
Y es que la política no consiste solamente en participar en partidos o exigir al gobierno resultados, sino también en salir a la plaza a expresar nuestras opiniones, a abrirnos a la discusión y, sobretodo, a luchar por aquello que creemos. La política no es ganar elecciones sino construir una sociedad libre y justa.
Por eso debemos alegrarnos de que los jóvenes se involucren. Podemos no estar de acuerdo o criticar sus métodos pero siempre debemos preferir ciudadanos comprometidos y activos, cumpliendo sus obligaciones cívicas, a mujeres y hombres apáticos, viviendo en la conformidad.
En estos días las nuevas generaciones nos han recordado que la democracia no se acaba en el voto y confío en que recuerdan que tampoco lo hace en las marchas y manifestaciones. La democracia se trata de fijar una postura, presentarla a la sociedad y debatirla –y por supuesto que en este proceso gritar y aplaudir también es válido. En México necesitamos más decisión, más valentía como la que los muchachos que salieron a la calle demostraron y siguen demostrando. Tenemos que luchar, y conceder cuando haya que hacerlo, por lo que creemos que es mejor. Si los jóvenes, esos mismos que hasta hace unos meses, semanas quizá, llamábamos apáticos y apolíticos, están despertando, presentando posturas, tomando las calles y buscando y esforzándose por construir un mejor país ¿no deberíamos hacer lo mismo? Repito, podemos no estar de acuerdo con su mensaje, podemos criticar sus métodos, pero lo que no podemos hacer es seguir guardando silencio.
En esta línea, el libro “Un futuro para todos: acciones inmediatas para México” presenta una serie de interesantes propuestas orientadas al progreso de nuestro país. Sin embargo, nada de ello será posible si los ciudadanos no le exigimos al gobierno y, más aún, no nos informamos y criticamos las propuestas que ya existen en esta materia. Entre las ideas más relevantes del libro están: reformular el papel de las universidades, diseñar y llevar a cabo una reforma fiscal exhaustiva, reforzar e implementar reformas políticas y asegurar la temprana implementación de la reforma judicial de 2008.