blogeditor · 7 de enero de 2014
El general de los jesuitas, el padre Adolfo Nicolás Pachón, estuvo unos días en México en abril de 2010 y esa vez se reunió con seis profesores, me encontraba entre ellos, de la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe). La reunión se prolongó por hora y media. En ella se le preguntó sobre seis temas. A continuación ofrezco la respuesta al segundo de ellos: los jóvenes y la creatividad. En un artículo anterior, que también se publicó en Animal Político, di a conocer lo que dijo sobre la religión. Es la primera vez que se publica este texto.
Los jóvenes y la creatividad
A los jóvenes, dice, se les ha propuesto un camino único y no se les han dado herramientas e instrumentos para encontrar sus propias rutas. Hace falta, urge, el promover la “imaginación”. Afirma que San Ignacio, el fundador de los jesuitas, daba “enorme importancia a la imaginación”. Aclara que ésta no es lo mismo “que la fantasía”, que es “la capacidad para escaparse de la realidad”. La imaginación es la capacidad de entender la realidad de otra manera y la posibilidad de hacerse preguntas: “¿Cómo puedo encontrar otro camino, dónde incidir y dónde participar?”
A nuestros jóvenes, se lamenta, les hemos presentando un mundo sumamente reducido y un camino único que necesariamente pasa por la universidad y si no logra entrar cae en depresión. El general de los jesuitas comenta que ahora “un porcentaje altísimo de los estudiantes universitarios están sujetos a depresión, cosa que no pasaba antes cuando éstos se pasaban la vida en grande, jamás estaban deprimidos”. La explicación que él da a esta depresión es que a los universitarios “les han quitado las alas y ya no pueden volar”.
[contextly_sidebar id=”f0f2d328704fdfd395c363ccec5bd807″]Sostiene que el problema del desempleo, que es uno de los más serios de la sociedad, afecta de manera particular a los jóvenes. Se necesita pensar alternativas y por eso el trabajo con los jóvenes es una de las prioridades de la Compañía de Jesús. Recuerda que la Iglesia tenía muchos programas para jóvenes y niños antes de 1968. Esto sucedía, incluso, en Japón, un país no cristiano; ahí en todas las grandes universidades había un club católico para estudiantes. Llega la revolución estudiantil y se “viene abajo este trabajo”. La iglesia asume “una posición tímida y le da miedo entrar en ese campo”. El resultado es que ahora no hay trabajo con jóvenes y éstos, como siempre, siguen preguntándose: “¿Cuáles son las opciones? ¿Dónde está el futuro? ¿Qué sociedad queremos? Y no hay nadie que los acompañe”.
Él considera que el trabajo con los jóvenes “es ayudarles a pensar, no pensar por ellos, no darles doctrina sino acompañarles y ayudarles a formularse cuáles son sus problemas y sus inquietudes”. En la iglesia, sostiene, tampoco hay buenos programas de trabajo con niños y eso “es muy lamentable porque si no los acompañamos estamos abandonando el futuro, nuestro futuro, aquí sí que hay un problema de imaginación” para diseñar alternativas.
El general recuerda que el gobierno japonés hizo un estudio muy honesto sobre el sistema de educación y las conclusiones fueron: se ha avanzado en cálculo, en matemáticas, en ciencias, pero se ha “perdido en imaginación, en creatividad y en sentido crítico”. Y añade que “éstos son los tres puntos en los que la educación jesuita tiene que insistir”.
El general asegura que la supervivencia de cualquier institución depende de la competitividad y ésta “de la imaginación que te ayuda a buscar nuevas posibilidades”. Añade que las universidades, los académicos y todos los que tienen responsabilidades en el mundo del pensamiento deben trabajar de manera conjunta por promover la imaginación, la creatividad y el sentido crítico, y hacer el esfuerzo permanente para que esto no solo “llegue a los de arriba sino también a los de abajo”. Solo así cobra pleno sentido la vocación de las universidades y el trabajo académico.