Los ivacéntricos

blogeditor · 12 de septiembre de 2013

Los ivacéntricos

Por: Jesús Ortega Martínez (@jesusortegam)

A partir de que el Ejecutivo Federal presentó,  el domingo pasado,  los criterios de política económica y la iniciativa de Ley de ingresos ante La Cámara de Diputados,  han surgido voces y escritos con opiniones de lo más diverso.

Gracias a la generosidad de Daniel Moreno, periodista y director de Animal político, es que  puedo dar respuesta como integrante del Consejo Rector del Pacto por México a algunas de esas opiniones.

Diversos analistas  sostienen que lo que fue presentado por el Ejecutivo Federal como resultado de acuerdos en el Pacto por México no es reforma Fiscal. Dicen que “sólo” es una reforma social; afirman, además, que de nueva cuenta “ganó la política” a la economía y que “lo político” se sobrepuso a la necesidad de una mayor recaudación fiscal; sostienen que es apenas una “miscelánea fiscal” como otras en otros años y que lo propuesto es simplemente una “pasada de maquillaje” al actual sistema recaudatorio.

[contextly_sidebar id=”5f292af7006dde026566fb51ae44faac”]Todas estas opiniones de decepcionados con la propuesta de la Reforma Hacendaria para la Seguridad Social tienen como hilo argumental el que no se va aplicar el IVA (impuesto al valor agregado) a los alimentos y las medicinas. Para estos ivacéntricos (columnistas, dirigentes empresariales, conductores de programas noticiosos) lo único importante y significativo era aplicar el impuesto al consumo a los alimentos y las medicinas y al no suceder ello, entonces minimizan y desprecian la reforma presentada.

Ciertamente no serán gravados los alimentos y medicinas y ello en sí ya es de gran valor. Pero además, ¿por qué menospreciar que se eliminen casi la totalidad de los regímenes especiales,  muchos de los cuales significan privilegios fiscales para unos cuantos?

¿Por qué negarle trascendencia al hecho de que se termine con el régimen de consolidación fiscal que durante años fue utilizado por poderosos empresarios como instrumento para evadir el pago de sus impuestos?

¿Por qué ignorar que el ISR (impuesto sobre la renta) se hará mas progresivo para que, como dice la Constitución, paguen más impuestos los que obtienen más ingreso?

¿Por qué despreciar el hecho de que lo recaudado con estas acciones no podrá ser utilizado para gasto corriente por el gobierno federal o por los gobiernos estatales?

¿Por qué restarle importancia al hecho más significativo, es decir, a que después de más de treinta años de aplicación de un modelo económico fracasado, se presenten, por fin, claras evidencias de que se va a modificar sustantivamente?

¿Por qué ignorar que se termina con el dogma neoliberal del déficit cero y con las acciones  recesivas que durante tantos años impidieron el crecimiento de la economía?

¿De verdad, nada de esto importa?

¡Pues no es así! Y claramente se equivocan. Yerran en su análisis al privilegiar una visión estrecha y ausente de elemental conocimiento sobre lo que debe ser una nueva política fiscal, la misma que necesariamente debe ser redistributiva del ingreso nacional.  Desde luego que importa recaudar, pero esto hay que hacerlo con una concepción de justicia y con la obligada necesidad de combatir la insultante concentración del ingreso.

Pero aún más importante es el hecho de que la propuesta hacendaria que se envió a la Cámara de Diputados adopta algunas medidas que rompen con la ortodoxia neoliberal que ha signado la economía de nuestro País durante los últimos treinta años.

Pongo como ejemplo lo siguiente: la propuesta incluye la necesidad de establecer un pequeño déficit para este 2013 y otro—un poco mayor—para el 2014. Esto, que pareciera insignificante, implica terminar con la visión dogmática del “déficit cero” que acompañó a los gobiernos neoliberales del PRI y el PAN en esas tres décadas perdidas.  Este elemento—el del déficit—sigue  siendo  elemento central de una concepción de la derecha neoliberal. Romper ahora con esta concepción es un elemento que debiera considerarse de trascendencia.

El otro elemento que hay que subrayar es que ante una situación de estancamiento, de no crecimiento y de cuasi recesión, las medidas fiscales y económicas que contempla la propuesta de Reforma Hacendaria igualmente se salen de la ortodoxia neoliberal para que, en lugar de restringir el gasto, de reducir el circulante, de restringir la capacidad de consumo de las personas, ahora se ampliará el gasto público, se logrará mayor capacidad para la inversión productiva y consecuentemente para la creación de empleos,  y además se busca alcanzar desde 2014 mayores  porcentajes de crecimiento. La propuesta hacendaria es anti recesiva y ello es un cambio notable.

Hay que reiterar que el Congreso tiene la última palabra y que insuficiencias, carencias o excesos que podrían afectar a sectores de la población,  como los de clase media, podrán subsanarse. Me refiero a los impuestos en las colegiaturas o en gravámenes a hipotecas o a la conveniencia de hacer aun más progresivo el cobro del Impuesto sobre la renta.

Por último: es conveniente afirmar que desde el Pacto siempre se consideró que cualquier reforma fiscal y hacendaria debiera tener, entre sus objetivos, el de atender y resolver la situación de indefección social en la que se encuentran ahora millones de mexicanas y mexicanos. Cuando algunos consideran que la política hacendaria sólo tiene el objetivo recaudatorio, olvidan que recaudar, por el estado, no es un fin en sí mismo. En sentido contrario,  la política fiscal del Estado mexicano no debe perder de vista que su verdadero y ultimo fin es el de contribuir a la mayor igualdad económica y social de la sociedad mexicana.

 

* Jesús Ortega Martínez es militante del PRD, coordinador de Nueva Izquierda e integrante del Consejo Rector del Pacto por México