Los homicidios no son como la inflación

Redacción Animal Político · 1 de agosto de 2023

Desde el inicio de la guerra contra las drogas en México surgió una nueva costumbre noticiosa: analizar mes con mes los datos de homicidios en México. Quizás útil para entender los eventos recientes más problemáticos, pero sostengo que es poco útil hacer demasiados análisis con esa periodicidad por cuatro razones que explico a continuación.

Las primeras dos razones están basadas en la primera gráfica que pueden ver a continuación. Como pueden notar, los homicidios fueron declinando hasta el 2007, año que sabemos que el gobierno de Felipe Calderón desplegó al Ejército en Michoacán y otras zonas del país. A esta época le llamo la gran pacificación (y en un texto en Nexos expliqué por qué hubo este descenso). Después sigue la época de ascenso del homicidio (hasta 2011). Luego hubo un descenso relativo en el sexenio de Peña Nieto, que se revirtió en 2015, y la época más violenta hasta la fecha con el presidente López Obrador, que parece ya estar en retroceso en los últimos dos años.

Homicidios 1990-2022

1. No sabemos por qué la tasa cambia, nada más tenemos hipótesis

Con toda honestidad, no sé por qué la tasa se ha comportado de esta manera durante los últimos años. Las dos mejores hipótesis que tenemos hasta ahora es que el incremento de la escolaridad en México redujo la tasa hasta antes de 2007, y que el despliegue militar desató el aumento en el sexenio de Calderón. Sin embargo, ambos hechos siguen siendo discutidos por académicos y especialistas.

¿Por qué no sabemos por qué cambia? Por falta de datos. El mero registro de los homicidios (mediante actas de defunción) nos dice muy poco. Sabemos el municipio, género, edad, lugar y método del homicidio a partir de ellas. Pero no sabemos si están relacionados con crimen organizado, actividad del gobierno, u otras formas de violencia interpersonal (violencia domestica o riñas). Al saber el lugar o el método podemos especular que quizás son homicidios del crimen organizado o del Ejército. O, con el mes, podemos comparar con las noticias locales y los reportes oficiales. Pero, mientras no haya un dato relacionado con un expediente criminal, esto es evidencia circunstancial.

Comparando con la inflación, los datos sobre patrones económicos están basados en encuestas y reportes económicos muy detallados. Efectivamente los economistas discuten cuál es más importante, pero el estudio de la inflación tiene mayores fuentes de información que las de los homicidios. Luego entonces, tratar de interpretar mes a mes los datos de homicidios es complicado porque no sabemos la fuente que los causa. Solo sabemos que suceden en algún momento. Dada la escasez de información, es muy difícil explicar la tasa. Además, las otras fuentes de información (reportes gubernamentales, información de transparencia, reportes noticiosos) tienen sesgos y tardan tiempo en ser producidas. Por lo tanto, tener hipótesis creíbles con tanta periodicidad es complicado.

2. Es difícil atribuir el efecto o no al gobierno

Justo por lo anterior, atribuir el efecto al(a los) gobierno(s) es muy complicado. Sobre todo, porque las fuentes que causan movimientos en los mercados violentos son múltiples. Como reseñé hace algunos años, los investigadores debatieron largamente si el despliegue militar de Calderón causó el aumento inicial, o si la detención de los Beltrán Leyva en 2010 produjo el aumento en 2011. Otras hipótesis como los conflictos entre organizaciones o los movimientos globales del mercado de drogas tienen alguna solidez y, como dijo alguna vez Alejandro Hope, más bien parece que tuvimos una “tormenta perfecta” que causó este aumento de la violencia.

Benjamin Lessing sostiene que el gobierno de Peña Nieto redujo la tasa de homicidios al usar menos la fuerza militar en ciertas regiones del país. Sin embargo, se interrumpió dicha estrategia después de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa porque el gobierno se vio obligado a detener líderes criminales de los Guerrero Unidos y Los Rojos. Aun así, eso no explica los homicidios en el resto de los estados del país. Tenemos pues muchas fuentes que pueden impulsar la violencia.

Hasta ahora, no me queda claro si el despliegue de la Guardia Nacional finalmente ha causado un efecto disuasivo sobre los homicidios. O si, en realidad, su despliegue ha sido irrelevante y el ascenso del Cartel Jalisco Nueva Generación es la fuente de los homicidios en el país, junto a la fragmentación extensiva de otras organizaciones criminales. Por la misma razón que no tenemos mucha información de lo anterior, es muy difícil atribuir al gobierno tanto el aumento a los más 35 mis homicidios anuales, o el descenso registrado en 2022. Necesitamos información y uso de diversas técnicas estadísticas para encontrar si el gobierno tuvo influencia o no.

3. La variación mensual es amplia, pero la tendencia nacional es constante

Como se puede notar en la siguiente gráfica, hay una varianza importante de los homicidios mensuales. Por lo tanto, analizar incrementos mensuales puede ser engañoso. Por ejemplo, con los datos de tan solo 2020, en el primer trimestre tuvimos 197 homicidios menos que el trimestre anterior, pero en el cuarto trimestre de ese año hubo 965 homicidios más que el trimestre que le precedió. En esencia, la tendencia a la baja pareció notable hasta el cuarto trimestre de 2021. Sin embargo, la tasa de homicidios (25 por cada 100 mil habitantes) ha estado prácticamente estable todo el sexenio. Y el promedio trimestral ronda los 8 mil 900 homicidios desde 2018. Luego entonces, es muy difícil ver en la variación trimestral grandes tendencias, y estas son de mediana duración (años). Pero como dije al principio, si no sabemos por qué están tan altos, tampoco sabemos por qué están bajando. Solo tenemos hipótesis.

Homicidios de 2005 a 2022 por trimestres

4. Los datos que no están basados en actas de defunción tienden al sub-registro

Finalmente, los datos mensuales que usualmente vemos en las noticias no son las actas de homicidios de INEGI, sino los registrados en las carpetas de investigación por homicidio que abren las fiscalías estatales de oficio cada vez que un cuerpo sin vida es encontrado. Como lo ha reportado sistemáticamente México Evalúa, más de la mitad de las fiscalías de las entidades sub-reportan homicidios. En promedio, INEGI reporta 6.1 % más homicidios que los derivados de las carpetas de investigación. Y muchas entidades reportan los homicidios de maneras diferentes, por ejemplo, clasificando los culposos (accidentes, por ejemplo) o los dolosos (homicidios con intención y arma de fuego). Luego entonces, confiar en dichos datos es riesgoso porque seguramente tenemos información no enteramente confiable.

Es por ello que, en cuanto a violencia y homicidios, aunque seguramente la información mensual es útil para el trabajo cotidiano de los gobiernos, no creo que a los ciudadanos le sea particularmente útil, a menos que cuando se produzcan estos datos vengan acompañados con más información. Los incentivos de los gobiernos son de corto plazo, y los funcionarios quieren mostrar resultados antes de las elecciones. Pero como podrán notar los lectores, hacer eso con respecto a violencia criminal es sumamente complicado. Usualmente negarán que haya sido su culpa un aumento, y celebraran un descenso mensual, pero no tengo información como observador que cualquiera de las dos cosas sucedió o no.

Lo que me queda mas o menos claro es que lo que sí tenemos es una política militarizada de seguridad pública que ha sido constante desde el sexenio de Felipe Calderón hasta la fecha, y que las variaciones de cómo ha sido desplegada podrían explicar descensos y aumentos. Pero no tengo esperanza que mientras estas sigan, la reciente baja de los homicidios en 2022 sea constante en el futuro. Estas políticas de seguridad obedecen el paradigma militar de la seguridad pública que suele reforzar ciclos de violencia. Quizás lo que importa es no esperar que de un mes al otro el mismo paradigma funcione. Necesitamos otro paradigma de seguridad pública enfocada en reducción de la violencia.