Los gobiernos del mundo y el giro en la guerra contra las drogas

blogeditor · 27 de junio de 2016

Los gobiernos del mundo y el giro en la guerra contra las drogas

Por: Robert Muggah e Ilona Szabo de Carvalho

 

En lugar de prohibir todas las drogas,

varios países están explorando nuevos enfoques para regularlas.

 

Las fichas de dominó siguen cayendo. Irlanda es el último país en iniciar el proceso de despenalización de pequeñas cantidades de drogas, tales como la heroína, la cocaína y el cannabis para uso personal. Se une a al menos a 25 países más en todo el mundo que han decidido eliminar usuarios – más no las drogas – del sistema de justicia criminal.

Otros países van aún más lejos. Canadá, la República Checa, Portugal, Nueva Zelanda, Uruguay y los Estados Unidos están entre los países que desafían el status quo. En lugar de prohibir todas las drogas, lo que actualmente propone el derecho internacional, éstos están explorando nuevos enfoques para regularlas. Si más estados se mueven en esta dirección, entonces todo el régimen de control de drogas corre el riesgo de colapsar.

El cambio de perspectiva está motivado por una sensación que los enfoques actuales están fallando y que sus efectos secundarios son catastróficos. En el centro del régimen de control de drogas se encuentran las convenciones de 1961, 1971 y 1988, las cuales penalizan de forma selectiva las drogas. Estas leyes son supervisadas por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, la Comisión de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

El hecho es que a pesar de décadas de perseguir un “mundo libre de drogas”, éstas son cada vez más accesibles y más consumidas que nunca. Las penas elevadas para productores, distribuidores y usuarios no han movido la oferta o la demanda en medio siglo. De hecho, la prohibición parece multiplicar por diez el precio de las drogas duras como la cocaína.

La guerra de medio siglo contra las drogas se ha convertido en una guerra contra las personas. Se ha contribuido a un aumento de los delitos violentos en cualquier lugar donde las drogas se produzcan, se vendan y se consuman. Cientos de miles de personas mueren cada año en el nombre de la prohibición, muchos en AfganistánBrasilColombia y México.

La criminalización de las drogas también ha resultado en prisiones llenas de pequeños traficantes y usuarios, instituciones judiciales y relacionadas con la aplicación de la ley corroídas y corrompidas, así como la expansión del poder y los beneficios de los carteles y bandas de todo el mundo.

Fácilmente, la forma más poderosa de revertir los efectos catastróficos de las caprichosas políticas de antinarcóticos es regular las drogas. Esto ha sido considerado como una herejía, pero las actitudes están cambiando. Existe una creciente aceptación de que la regulación puede poner a los gobiernos en el control.

Ya sea que usted consuma drogas o no, las personas más razonables preferirían tener un órgano público regulador para supervisar las drogas – las cuales son perjudiciales en diversos grados, dependiendo del producto – en lugar de un sombrío grupo de crimen organizado que no rinde cuentas. En algunas formas las drogas actualmente ya están reguladas, pero por los carteles desde Colombia hasta México.

Reglamentación no es la mismo que legalización. Todos los esfuerzos reguladores deben centrarse en la prevención del uso y evitar el abuso. El primer mensaje a las personas que contemplan el uso de ellas es “no consumir drogas”. Pero en lugar de recurrir a las tácticas de miedo, padres, maestros, trabajadores sociales y médicos deben ofrecer una explicación honesta acerca de lo que son las drogas y cómo causan daño.

Sin embargo, incluso estos mensajes sencillos se complican por el miedo generalizado y la ilegalidad que acompaña a las drogas. Aún así, si un hijo tiene la intención de consumir drogas, la mayoría de los guardianes preferirían un sistema regulado que vigile la calidad de lo que se ofrece, trate a adictos a las drogas con compasión y gestione el acceso por medio de educación y advertencias sensatas.

La regulación es notablemente preferible al enfoque actual. Cuando los aspirantes a productores, distribuidores y a usuarios son criminalizados, la industria de la droga pasa a la clandestinidad. Los productores y distribuidores se convierten en participantes activos en la economía criminal. Los acuerdos se hacen cumplir con niveles de violencia brutal, dada la ausencia de cualquier acceso a los tribunales.

Los usuarios reales y potenciales disponen de información deficiente, se vuelven temerosos por sus vidas, y no buscan tratamiento y atención. A medida que existen esfuerzos para regular el alcohol, el tabaco, los productos farmacéuticos y otros productos peligrosos, muchos de sus efectos nocivos se puede frenar con controles de gestión pública y balances.

¿Qué implica la regulación? Países, estados y ciudades están experimentando con una despenalización de facto, en enfoques basados en la prescripción, una estricta regulación del mercado, una regulación imprecisa, e incluso en promoción comercial, tal como pasa en algunos estados de Estados Unidos.

Hay diferentes formas prácticas de poner las drogas a disposición en una forma controlada, incluyendo prescripción médica, ventas en las farmacias, ventas licenciadas y en establecimientos autorizados, e incluso proveedores sin licencia. Por ejemplo, en Uruguay, uno de los países más seguros de América Latina, nunca se criminalizó el consumo de drogas y comenzó a regular la producción y venta de cannabis en 2013.

El sistema ofrece múltiples posibilidades – los usuarios pueden cultivar hasta seis plantas, pueden unirse a clubes de cannabis, o podrán comprar cannabis en las farmacias a finales de este año. Durante más de media década, el marco jurídico de España ha permitido el uso y la venta de cannabis dentro de los miembros de los clubes privados.

Así como sociedades diferentes adoptan enfoques distintos para el control de sustancias peligrosas, también deberían explorar la regulación, de manera que estén alineados con sus necesidades y capacidades, así como que esté basado en la evidencia científica.

De la misma manera que la prohibición no es recomendable, un comercio “libre para todos” debe ser evitado. Cualquier disposición reglamentaria debe tomarse con prudencia y con una cuidadosa atención a sus posibles daños, así como a la evidencia de lo que funciona y lo que no. El problema es que en el régimen actual de control de drogas internacional, los gobiernos están restringidos incluso de tomar estos pasos tentativos.

 

* Robert Muggah es el director de investigación del Instituto Igarapé, y miembro del Consejo de la Agenda Global en Fragilidad, Conflicto y Violencia del Foro Económico Mundial. Ilona Szabo de Carvalho es el directora ejecutiva del Instituto Igarapé.