Los fierros del rock llegan al museo

blogeditor · 10 de mayo de 2019

Los fierros del rock llegan al museo

Quienes hemos caído rendido a los encantos del rock & roll en cualquiera de las siete décadas de existencia, lo hemos hecho tras acercarnos a él ya sea en vivo o en grabaciones. Más adelante los músicos decidieron formar alianza con el cine y video para hacer llegar sus propuestas, y en décadas recientes la vida y milagros de los héroes de la música se convirtieron en biografía novelada o crónica literaria.

Sin embargo, la celebrada con galerías y museos debe ser la más reciente de las sinergias que el género haya pactado. Ya nos deslumbró la muestra dedicada a explorar la inaudita presencia del starman David Bowie en el planeta (cuya más reciente parada fue el museo de Brooklyn), y ahora en el muy concurrido MET de Nueva York se expone hasta el mes de octubre Play it Load!, una sucursal del museo de la fama del rock con muchos de los instrumentos originales que lo hicieron posible.

El rock, como la manifestación artística que tanto impactó a la sociedad moderna de la segunda mitad del siglo XX, se presume en este recorrido en todo el esplendor de su escenario. Muestra de algún modo pequeña pero nutrida, a la par que intensa, serpenteando entre décadas con el audio del soundtrack correspondiente que nos permite imaginar de qué estaban hablando estas reliquias, a qué sonaban y olían las guitarras, bajos, pianos y batacas de aquellos héroes, ya muchos muertos, que no es que nos hayan dado patria y libertad, pero casi. De agradecerse, por supuesto, la curaduría que permite empaparnos de todo tipo de cuentos verdaderos, con clímax de fantasía o tragedia, que han forjado la leyenda de la música popular.

De la guitarra de Chuck Berry y los instrumentos de The Beatles, rápido pasamos a una pared del lado norte donde se halla la Micawber que Eric Clapton le regaló a Keith Richards en su cumpleaños 37 y que éste, al quitarle una de las cuerdas, la parió como generadora del sonido Stone. Por allá la Gibson de Neil Young justo enfrente de la Ibañez clásica del virtuoso George Benson. La Soul Power de Tom Morello o la Frankestein que Eddy Van Hallen decoró con cinta de aislar.

Ruinosa pero altiva como abuela de montaña la Love Drops de Jimmi Hendrix que se salvó de ser quemada por el incendiario guitarrista, y también la Number 1 de Stevie Ray Vaughan. Los fierros viejos pero amados de Jeff Beck, Pete Townsead y George Harrison reposan juntos en una vitrina y más adelante los bajos de Paul McCartney y John Entwistle en otra. Claro, a sólo unos metros de otro legendario como resultó ser el de Chip Shearin que hizo de “Rappers Delight” la canción más influyente en la música popular entre 1979 y el fin de siglo (y que en este mismo espacio luego les contaré el porqué).

Gusto da comprobar que el bajo de Kim Gordon, cuando deambuló en Sonic Youth, se halla en ruinas, pero el órgano Hammond de Emerson, Lake and Palmer por su parte intacto y brillante como zapato de político panista. ¿Con que éste es el piano Farfisa de los B-52’s? ¿A poco de verdad es tan pequeño el Vox Continental de Ray Manzarey que permitió a The Doors prescindir del bajo? Y del otro lado la citara de Ravir Shankar imponente y hermosas como las dos hijas intérpretes que tuvo.

Brian Jones, el finado fundador de los Rolling Stones mereció una vitrina directa de la colección personal de Mick Jagger, donde hallamos el melotrón usado en “She’s a Rainbow”, y hasta las guitarras que sus mismos dueños pintaron, caso de Steve Miller, Every Brothers, Joe Strummer y Joan Jett tiene su salsa especial.

Grabados exprofeso para la exposición, se exponen videos con algunos de estos monstruos explicando su pasión. “La guitarra me escogió a mí”, dice Jimmy Page. “Yo fui a la escuela de arte, pero salí guitarrista y creo que si hubiera tomado clases de guitarra no hubiera sido tan bueno”, se jacta Keith Richards, quien por cierto, también pintó a mano con motivos espaciales aquella guitarra que le regaló Clapton y que se quedó tres salas allá atrás.

—¿Y cómo se le ocurrió pintar esos paisajes? —le pregunta el entrevistador omnipresente.

—No lo sé, el ácido siempre me dio motivos de inspiración— responde el inglés, previo a soltar una carcajada y disolverse en el humo de un cigarrillo.

@juansinatra