Los enemigos del Estado

blogeditor · 27 de junio de 2017

Los enemigos del Estado

La reciente información publicada por el NYT sobre el espionaje a miembros prominentes de la sociedad mexicana e importantes periodistas es una afrenta directa al Estado de derecho y garantías individuales de los ciudadanos. El gobierno mexicano, de comprobarse el caso, decidió de esa forma atentar contra su población, lo que lo desnuda (aún más) como un gobierno altamente corrompido y con peligrosas prácticas autocráticas. Nada nuevo.

Quizá es preciso partir de una máxima en el uso de las herramientas de inteligencia por parte del Estado; éste buscará por todos los medios posibles –legales o ilegales– conseguir la información que requiere sobre sus actuales y potenciales enemigos. Es decir, sobre actores individuales o colectivos –organizaciones u otros estados nación– que pongan en peligro la “integridad, estabilidad y permanencia del Estado Mexicano” (véase artículo 3 de la Ley de Seguridad Nacional). De esa forma buscará colocarse en una posición de ventaja frente a su contraparte.

No obstante, el hecho de que las instituciones del Estado mexicano desvíen recursos importantes de las dependencias de seguridad para el seguimiento e intervención de miembros de la sociedad civil sin ningún motivo descrito por la Ley de Seguridad Nacional (para lo cual es necesaria una solicitud y aprobación judicial) nos coloca frente a un delito particularmente grave que debe perseguirse hasta sus últimas consecuencias.

A pesar de se leen a diario voces que buscan normalizar la práctica del espionaje (o recopilación de inteligencia), no se debe olvidar que sin la debida justificación y motivación legal de ese acto, incluso el Estado, se estaría actuando fuera de la ley. La intervención de comunicaciones sin aprobación judicial es ilegal, fin de la historia. (Para eso se demoraron casi todo un sexenio para contar con una Ley de Seguridad Nacional que le diera legalidad a esas prácticas).

Si los ciudadanos violentados en su privacidad cibernética no están poniendo en riesgo al Estado Mexicano (aquí pueden leerse las acciones que lo justifican), no hay razón alguna para que el Estado cuente con el permiso legal de entrometerse en sus vidas privadas, ya sea por la vía de la intervención telefónica, de correos o la que esté de moda en el momento.

Un factor en común entre las personas involucradas en las intervenciones a sus teléfonos celulares es que corresponden a perfiles de miembros de la sociedad civil y periodistas. Este universo de personas cobran interés en lo que se conoce como la “agenda de gobernabilidad”, también conocida como la “inteligencia suave”. Algunos actores de grupos sociales y políticos podrían ser de interés para esta agenda si y solo si realizan actividades y acciones que pudieran generar una situación de inestabilidad social y/o política, afectando infraestructura estratégica del Estado. Si no es el caso, simplemente estarían ejerciendo sus derechos fundamentales dentro de los márgenes de una democracia liberal.

Espiar a la población civil, a los periodistas, los activistas, defensores de derechos humanos es una señal más de la descomposición de nuestra ya desvencijada democracia. La sociedad libre y activa es el “nuevo enemigo”. Ese enemigo del gobierno somos nosotros, los ciudadanos que votamos, que nos quejamos, que no nos silencian con una despensa y tinaco, que opinamos en redes, foros, calles, blogs y medios de comunicación; la sociedad que se resiste a caer en la apatía, los que luchan a diario para que este país no se hunda en ese fango pestilente de la política. Se equivoca gravemente el Estado cuando decide que esos son blancos peligrosos.

¿Qué tienen en común las víctimas del espionaje? Desde Juan Pardinas hasta los abogados del Centro Prodh forman parte de la sociedad civil organizada, que en todo caso su actividad profesional podría ser parte de los temas de gobernabilidad del país.

Lamentablemente, de las agencias gubernamentales que se mencionó que tienen en su poder dicho artefacto poderoso solo hay una de ellas para las que estos actores podría ser de interés estratégico. ¿Acaso a la Sedena le es relevante la actividad del IMCO en el tema de anticorrupción? ¿La PGR se preocupa de lo que Loret de Mola publique sobre cierto escándalo mediático de la semana? ¿En serio? De ser así es bastante alarmante.

Por mi parte no logro identificar que la Seguridad Nacional se vea afectada por quienes buscan construir instituciones menos corruptas, por quienes buscan defender derechos humanos de los más vulnerables, o por quienes buscan indagar en la verdad en los casos periodísticos más escandalosos que vive el país. Pero lo delicado en el tema es que se destinan recursos y tiempos del Estado, se desvían herramientas, personal y recursos para monitorear actividades que no corresponden a las necesidad de seguridad del país. En el momento en que destinas tiempo y personal para el seguimiento de un actor, inevitablemente estás dejando de cubrir a otro. ¿Acaso se trata de otro factor para explicar el incremento de los delitos en casi todo el país?

La tentación de desviar esos artefactos y todos esos recursos para objetivos personales, de camarilla o de corto plazo es cotidiana entre los funcionarios con esa responsabilidad. Muchos miembros de la Comunidad de Inteligencia han sido varias veces tentados con este tipo de solicitudes, pocos son los que resisten y sufren estoicamente las consecuencias (la presión y el desprecio de quienes forman parte del gobierno es lo de menos). En esos momentos, lo más fácil es olvidar la ley y los principios institucionales –proteger a la nación– por los intereses mezquinos de unos cuantos.

Justo en los momentos de mayor gravedad, cuando ya no queda nadie más para defender a la nación y al Presidente, hay dependencias del Estado mexicano que deben contenerse ante la tentación del poder. Para eso están ahí, para eso se fundaron, esa es su misión, y la lealtad a la nación debe ser su motivación en las complejas labores de proteger el Estado. Hoy la corrupción ha llegado hasta las entrañas del sistema, el último de los hombres del Presidente ha caído en la batalla…

Escribiendo esto recuerdo que hace no mucho me topé con un elemento de la Comunidad de Inteligencia que acababa de renunciar debido a la serie de situaciones intolerables que vivía a diario. Una elemento de carrera (no de los improvisados del sexenio en turno), de esos que no abandonan el barco a la primera; de los que se hunden con él. “Es un caos allá adentro”, me explicó. Quizá ha llegado el momento de abandonar el barco, porque quienes lo dirigen hace mucho tiempo que lo hicieron…

 

@rodaxiando