Los efectos del especismo vegetal: el peyote

blogeditor · 13 de julio de 2022

Los efectos del especismo vegetal: el peyote

En el artículo “Antiespecismo vegetal. El caso de las galletas Oreo” se mencionó que el especismo afecta no sólo los intereses de los animales no humanos, sino también los de las plantas. Se sostuvo, a partir de las afirmaciones de Stefano Mancuso, que éstas tienen intereses en tanto son capaces de identificar situaciones que ponen en riesgo su supervivencia y de buscar una solución. Tanto animales no humanos como plantas realizan acciones para defender sus vidas; sin embargo, no llevan a cabo las mismas operaciones para lograrlo. Así, la defensa ante un depredador es diferente en animales y plantas: un gato puede huir o atacar con sus garras; una planta puede emitir olores o sabores desagradables, como es el caso de las del género capsicum, las cuales “(están) caracterizadas, casi todas, por producir cantidades abundantes de capsaicina, la molécula responsable de la sensación de ardor”. 1

Cuando el concepto “especismo” fue acuñado, se consideró específicamente para cuestionar la discriminación negativa hacia los animales. En el artículo citado se sugirió que, para el caso de las plantas, debe existir una postura que también abogue por ellas. Ésta fue denominada antiespecismo vegetal, pues busca otorgar a las plantas la importancia que no les ha sido dada por otras posturas antiespecistas.

Lo anterior ha generado confusión, pues cuando se afirma que el especismo afecta únicamente a los animales, la solución es reemplazar su uso por seres vivos no sintientes. Esto se aprecia con claridad en el caso de la alimentación, en donde se sugiere que los alimentos de origen animal sean reemplazados por los de origen vegetal. No obstante, ahora sabemos, gracias a las investigaciones de Mancuso, que “(…) las plantas son, en efecto, inteligentes, es decir, capaces de captar señales procedentes del entorno, de elaborar la información obtenida y de calcular las soluciones más adecuadas para la supervivencia”, 2 lo cual nos llevó a considerar que estos seres tienen intereses. Si esto es así, entonces deberíamos dejar de instrumentalizar a ambos tipos de seres, lo cual pone en riesgo nuestra supervivencia.

Esta paradoja se resuelve cuando se afirma que los seres vivos poseen tanto valor intrínseco como instrumental. Esto permite que podamos instrumentalizar a los demás seres vivos, pero de manera responsable. Utilizar a un ser vivo para satisfacer nuestros intereses innecesarios es especista, pero hacerlo por los intereses necesarios no lo es. Así, por ejemplo, no es adecuado someter a algunas plantas a estrés sólo para utilizarlas como adorno, pero sí es apropiado usarlas para la alimentación, debido a que un adorno no afecta nuestra supervivencia, pero la alimentación sí.

Para explicar mejor cómo la aplicación de los intereses primarios y secundarios afecta a las plantas, podemos analizar el caso de la planta Lophophora williamsii, mejor conocida como peyote. Esta especie es usada por los pueblos huicholes, coras y rarámuris con fines medicinales y ceremoniales. No obstante, esta planta provoca, en quien la consume, efectos psicodélicos, y esto ha incitado a gente externa a estos pueblos a consumirla como cualquier otra droga. Esto quiere decir que el peyote ha sido instrumentalizado para satisfacer intereses humanos secundarios. Además, tal instrumentalización ha generado daños en la especie, pues, según el artículo De planta prohibida a especie protegida: la droga milenaria por la que miles peregrinan a México, su demanda ha sido alta y quienes la comercializan la arrancan de raíz, provocando su depredación. Este caso es un claro ejemplo de especismo vegetal.

Pese a lo anterior, no podemos afirmar que cualquier acto que beneficia a nuestra supervivencia no sea especista, ya que hay situaciones en las que debemos elegir a qué ser vivo debemos instrumentalizar. Asimismo, aunque instrumentalizamos a ciertos organismos para cubrir nuestras necesidades primarias, no quiere decir que podamos hacer uso de todos los seres vivos de manera incontrolada o irresponsable, pues el objetivo de nuestra propuesta es abogar por un antiespecismo vegetal, el cual provoque el menor daño posible.

Por lo anterior, nuestra postura parte de la Ética utilitarista consecuencialista, postura que “(…) no empieza con las normas morales, sino con los objetivos. Valora los actos en función de que favorezcan la consecución de estos objetivos”. 3 Además, nos dice que “(…) al menos en algún nivel de mi razonamiento moral debo elegir el modo de actuar que tenga las mejores consecuencias, después de sopesarlo bien, para todos los afectados”. 4 En otras palabras, debemos tomar en cuenta los intereses de todos los individuos involucrados con el fin de beneficiarlos por igual.

No obstante, esto no es posible para nuestra nueva propuesta de antiespecismo, ya que acepta que hay situaciones en las que debemos afectar los intereses de otros seres para lograr ciertos objetivos. Por ello, se propone que pensemos en los intereses de todos los implicados con el propósito de afectar lo menos posible. Así, por ejemplo, si nuestro objetivo es alimentarnos, entonces podemos escoger entre comernos a un animal o a una planta; así, al hacer una hamburguesa de frijol se afectan menos intereses que cuando se elabora una de carne de res, pues para obtener frijol se le quita la vida a la planta y se le somete a estrés, mientras que para obtener carne se le hace lo mismo al animal y, además, se le provoca dolor y sufrimiento.

En suma, si vemos que al instrumentalizar a una planta para alimentarnos afectamos menos intereses que al utilizar a un animal, entonces lo correcto sería optar por la primera opción. Si aun sabiendo lo anterior optamos por alimentarnos de un animal, entonces estamos siendo especistas, ya que no estamos escogiendo la opción que afecta menos intereses. Lo mismo debemos considerar en los demás actos que son necesarios para nuestra supervivencia. Por esta razón, en el caso del peyote, los pueblos indígenas no están actuando de manera especista, ya que ellos utilizan esta planta como medicamento, lo cual es esencial para su supervivencia. Además, al saber cómo utilizarla adecuadamente, evitan que la especie se extinga. Esto significa que cuando se ven en la necesidad de instrumentalizarla intentan afectar lo menos posible sus intereses.

* Adrián Vega Márquez es pasante de la Licenciatura en Filosofía en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Actualmente se encuentra realizando la tesis sobre la ampliación de las consideraciones del antiespecismo hacia las plantas. Contacto: [email protected]. Jaqueline Alcázar Morales es doctora en Ciencias en el área de Bioética de la Facultad de Medicina de la UNAM. Es profesora de asignatura en las facultades de Ciencias y de Estudios Superiores, Acatlán. Su área de especialización es en Bioética y Ambiente. Contacto: [email protected].

 

 

1 Mancuso, S. (2017). El futuro es vegetal. Titivillus, p. 83.

2 Mancuso, S. y Viola, A. (2018). Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal. Galaxia Gutenberg, p. 8.

3 Singer, P. (1995). Ética práctica. Cambridge University Press, p. 3.

4 Ibid., p. 16.