Los dos monopolios de AMLO

blogeditor · 29 de enero de 2020

Los dos monopolios de AMLO

El presidente López Obrador tiene vocación monopólica y, a pesar del desastre administrativo y conceptual de su gestión, está teniendo éxito en su propósito de dominar dos esferas clave de la vida social: lo moral y lo popular.

Lo moral

Su estrategia para consolidar su monopolio sobre lo moral consiste en la siguiente receta: critica selectiva del pasado; echar culpas sistemáticamente; apoyarse en percepciones arraigadas en grandes sectores de la población, justificadamente hartos y asqueados de gobiernos anteriores; dividir el mundo entre buenos y malos, entre “liberales” y “conservadores”; atribuirse la facultad para decir qué es verdad y qué es mentira; echar mano de un discurso abiertamente religioso, plagado de referencias bíblicas.

AMLO se coloca en un lugar de mayor “altura” que las principales voces críticas a su gestión, más concentradas en evidenciar sus ilógicas y aberrantes decisiones desde una perspectiva técnica y racional… Si siguen así ganarán todas las discusiones, pero perderán todas las elecciones.

Los opositores a AMLO, los sectores ciudadanos que piensan diferente y que aspiran a que México y su gente sigan otros caminos, necesitan impedir que este Monopolio de la Moral se consolide porque de lo contrario cuajará lo que el propio presidente ha dicho en numerosas ocasiones: “nuestro proyecto es invencible” y “la oposición está moralmente derrotada”.

Las visiones alternativas de país y sociedad no pueden ni deben estar vencidas ni derrotadas, pero para levantarse del suelo –o de cualquier lugar donde estén- necesitan disputar con palabras y con acciones este peligroso intento de monopolizar lo moral.

Si se le quiere disputar el poder, en serio y de manera democrática, quien aspire a hacerlo tiene que tener un propio discurso y propuesta ético moral. Esclarecer lo que consideran bueno y malo y articularlo de forma clara en una narrativa sólida, diferente y contrastada a la propuesta por AMLO.

Lo popular

Su estrategia para consolidar su monopolio sobre lo popular consiste en lo siguiente: cercanía con la gente humilde; larga trayectoria encabezando movimientos populares; incansables recorridos por todos los municipios de México; discurso sencillo, refranes, frases jocosas; rechazo a lujos, primero el Tsuru, ahora aviones comerciales; aliento a la división de clase entre los de arriba y los de abajo, entre “fifís” y pueblo (ojo, él no habla de “chairos”); presupuesto ejercido directamente en apoyos tangibles -transferencias directas de dinero- y visibles -obras emblemáticas de infraestructura-; vocero y vengador del México ninguneado, abaratado, frustrado, maltratado, engañado, olvidado.

Los opositores a AMLO tienen aquí un reto bastante más complicado porque ya sean las elites económicas, políticas, culturales, los pequeños empresarios, las personas con mayor escolaridad, las clases socioeconómicas altas y media altas o los propios integrantes de la clase política (digamos el 20% de la ciudadanía) están muy desconectados del otro 80%.

Un proyecto alternativo al de AMLO requiere arrebatarle el monopolio de lo popular, para lo cual es una condición sine qua non trascender la comodidad de la critica furiosa y constante desde la posición de privilegio para dar paso a conectar, en serio y de verdad, con esos millones de mexicanos que hoy respaldan a AMLO casi casi por default, porque miran a su alrededor y no ven opciones sociales y políticas a las cuales puedan respaldar. Es imperativo escuchar, dialogar, compartir, empatizar, convivir y cocrear con ellos la propuesta alternativa.

México ha llegado a la angustiosa situación del presente, en gran medida porque las elites (ese 20%) pintaron su raya y olvidaron al otro 80%. El costo de este desprecio está siendo alto para todos, aunque especialmente aterrador para el 20%, pues los demás ya vivían mal y no son nuevas las carencias en todos los rubros.

Una alternativa al proyecto de AMLO sólo será factible si se hace trabajo de calle, de barrio, de ranchería, de colonia popular. Si se recogen, potencian y articulan las necesidades, demandas, malestares, ideas e ilusiones de las grandes mayorías. Si se identifican liderazgos populares y movimientos sociales que rechacen mesianismos y que crean más en ellos mismos y en su potencial que en falsos profetas. Solo será posible si las elites reconocen que México ya cambió y que no hay vuelta atrás para restaurar privilegios, discriminaciones, olvidos y ninguneos.

Las personas que se regodean insultando y maltratando a los “chairos”, que piensan que la gente humilde no piensa y que por eso apoya al presidente, que sus sentimientos e ideas son “de segunda”, que evidencian su pavor por perder un gramo de sus privilegios son un “verdadero peligro” para México. Lo son porque con sus dichos y hechos aseguran que un líder tan destructivo como AMLO siga en su proceso de demolición de lo existente y concentración de su poder personal.

El triunfo de AMLO ha traído para México un verdadero caudal de malas ideas, resentimientos ocurrentes y peores decisiones, pero también es cierto que ha traído consigo una nueva realidad incontestable y una reivindicación fundamental: la gente importa y este país es de todos.

Ahora el reto es construir desde abajo en contacto con las grandes mayorías un proyecto de nación que mire hacia el futuro y que no sea simplemente un suicida ajuste de cuentas con el pasado.

@guidolara