Los deportados de Elysium

blogeditor · 8 de agosto de 2013

Los deportados de Elysium
Elysium
Elysium

El cine mexicano tiene pocas deudas con la realidad actual del país. Desde hace años, varios directores se han acercado al dolor mexicano desde puntos de vista distintos pero resultados (mayormente) loables y efectivos. Desde el vértigo de Miss Bala de Gerardo Naranjo hasta el híperrealismo de la escuela de Carlos Reygadas y, ahora, el sensacional Amat Escalante, las pantallas mexicanas han servido de incómodo espejo para el horror que vivimos. Con todo merecimiento, el gremio cinematográfico puede sentirse satisfecho de saber que ha cumplido, con creces, con una doble misión: la expresión artística y la crítica social.

Hay, sin embargo, una parte de la experiencia mexicana a la que le hace falta una mejor exploración narrativa: el fenómeno migratorio.   Eso no quiere decir que en los últimos años no hayamos visto películas no solo conmovedoras sino importates. Me viene a la mente, por ejemplo, aquel emotivo segmento de la “Babel” de Alejandro González Iñárritu o el par de valientes documentales que ha encabezado Gael García Bernal sobre la crisis moral y humanitaria que representa la migración centroamericana a través de México y hacia Estados Unidos. También hemos visto algunas otras cintas, más cercanas al melodrama, que han tratado de ilustrar la tragedia migratoria. Todas me parecen valiosas pero ninguna me resulta definitiva, sobre todo porque han olvidado abordar uno de los ángulos indispensables del drama: la deportación de indocumentados de Estados Unidos a México.

Es curioso que la mejor película sobre el tema sea, primero, una cinta de ciencia ficción y, segundo, dirigida por un sudafricano. Hace unos días vi Elysium, de Neil Blomkamp. Es la segunda cinta de Blomkamp. La primera, “District 9”, fue una mezcla única de imaginación, talento narrativo y crítica política. Blomkamp retrata la vida de un enorme grupo de extraterrestres desnutridos y enfermos que viven recluidos en el susodicho “distrito”, que no es otra cosa que un campo de concentración donde son maltratados, mutilados y torturados. En aquella película, el genio de Blomkamp radicó en adaptar una premisa de ciencia ficción para exhibir, con enorme sentimiento y sentido artístico, la vida en la Sudáfrica del Apartheid.

En “Elysium”, los temas de Blomkamp son la desigualdad, la injusticia y la migración.  En el año 2154, la tierra se ha vuelto un caos. Los Ángeles se ha vuelto el bordo de Xochiaca (literalmente: ahí se filmó), con toda su aridez y pobreza.  En lo que es un guiño valiente y preciso a la realidad demográfica no solo de California sino de buena parte de Estados Unidos, toda la ciudad habla español. En otras palabras, Estados Unidos se ha vuelto México. ¿Y dónde queda, entonces, “Estados Unidos”? Pues arriba, entre las estrellas. Los ricos, el 1% de la población, los republicanos, viven en Elysium, una enorme estación espacial donde se ha desarrollado un hábitat donde no existe la pobreza, la marginación ni las enfermedades. Los de abajo aspiran a vivir arriba; los de arriba miran a los de abajo con desprecio, disparándoles, negándoles asilo, deportándolos sin miramientos y entre maltratos cuando, de milagro, logran superar los sistemas de detección y aterrizar en Elysium.

Seguramente habrá algún obtuso que piense que la película “deja mal parado” a México. Eso supone no solo miopía sino desconocer el cine de Blomkamp. El suyo es, quizá, el primer ejemplo del cine de protesta a través de la ciencia ficción. La crítica en Elysium no es a quienes viven en la marginación, aspirando a una vida mejor. La crítica es a los de arriba, con sus vasos de champaña, sus vestidos inmaculados y su ceguera absoluta ante el sufrimiento de los que no son “ciudadanos”. En un momento de la cinta, una joven madre con rasgos hispanos (o mexicanos, si prefiere el lector) alcanza a llegar a Elysium con su hija enferma en brazos y logra meterla a una “med bed”, un aparato exclusivo capaz de curar cualquier enfermedad. Milagrosamente, logra sanarla antes de la llegada de la versión “blomkampiana” de la migra, robots violentos e insensatos (no tan distinta a la border patrol, a decir verdad). Cuando la mujer y su hija son aventadas en una nave que lleva un enorme letrero que reza “DEPORTACIÓN”, la intención del director es más que evidente. Disfrazada de viaje a las estrellas, Blomkamp ha hecho la mejor película sobre la tragedia de la migración y la política de deportación de los “campos elíseos” de Estados Unidos.