Contenido Animal Político · 8 de julio de 2021
La “posverdad” es peligrosa. No por las mentiras directas o las “fake news”, sino porque desde una realidad sesgada se crean verdades a medias digeribles, con la falsa sensación de estar informados e informadas.
Por ejemplo, es cierto que existe un desabasto de medicamentos; hay evidencia y las más de 26 millones de recetas no surtidas en un año lo prueban. También es cierto que las farmacéuticas utilizan las patentes para aumentar sus utilidades, pero eso no deja de lado las cuantiosas inversiones que realizan, muchas veces sin recursos públicos, para innovar por medio de la investigación y desarrollo constante de nuevas alternativas médicas. También es cierto que hay niñas y niños con cáncer en México sin acceso a medicamentos y que el sector salud pudo haber hecho algo para evitarlo. Podríamos seguir y seguir, pero contar la historia completa del tema de desabasto nos tomaría muchos más que una columna para explicarlo (sí algún lector o lectora está interesada en la historia con detalle sobre desabasto, escuchen este extraordinario podcast de Fernanda Caso).
La información masticada, resumida para ser leída en dos o tres tuits o en menos de 3 minutos es el caldo de cultivo perfecto para la “posverdad”. ¿Cómo la combatimos?
Evitar juzgar y rechazar a personas a partir de los prejuicios es un buen primer paso. Quitar las etiquetas elitistas, clasistas, políticas o de cualquier tipo es un buen segundo paso. Escuchar y leer más, antes de odiar y vociferar puede ayudar. Menos odio y más razón. El sentimiento nos exacerba y provoca que sólo validemos la información que nos “tranquiliza” o nos da la razón.
Incluso, haga el siguiente experimento en sus redes sociales: Suba un tuit dando un dato falso. Responda a las respuestas, incluso a la más ofensivas, con mensajes como: “Tienes razón, gracias.” “Gracias por corregir, todos los días se aprende algo nuevo.” “Gracias por demostrarme que estaba equivocado/a.” Usted verá las respuestas. Pocas personas están acostumbradas a debatir, a compartir argumentos e incluso, muy pocas, a ganar y aceptar que ganaron. Es fundamental escuchar más, leernos más y compartir más para entender posturas, aceptar errores y, en su caso, cambiar de opinión. Bien reza el dicho que es de sabios cambiar de opinión.
Entonces, ¿cómo combatimos la “posverdad” ante la creación de burbujas informativas? Quizá la mejor forma sea empezar a leer aquello que no nos gusta. Si nos informamos en Animal Político, el Universal o Foro Tv, también es posible revisar qué publicó la Jornada, Canal 11, La Octava o qué publica Latinus sobre el tema. Si leemos a Krauze, qué opinará Jesús Ramírez Cuevas, aunque nos moleste leer a uno o a otro.
Uno de los mejores ejemplos de “posverdad” fue el que vivimos en las pasadas elecciones, donde el oficialismo tachaba a Movimiento Ciudadano de ser comparsa del PRIAN y el PRIAN aseguraba que Movimiento Ciudadano era un satélite de Morena. Ambas facciones tergiversaron información para construir una narrativa política que los beneficiara.
El evento más reciente fue el “quién es quién de las mentiras” del presidente de la República en sus mañaneras. Creó este espacio para “desmentir” noticias que un equipo considera falsas sobre “ataques” a acciones del gobierno o a personajes afines al presidente. ¿Quién tiene el monopolio de La Verdad (así con mayúsculas? Nadie. ¿Por qué alguien debe dictar a partir de adjetivos qué es cierto o falso a partir de criterios de afinidad política? Carmen Aristegui y cientos de periodistas hicieron críticas certeras sobre el ataque a la libertad de expresión y el peligro de promover un “pensamiento único” en el “nuevo régimen”.
La pluralidad nutre el debate público y nos permite generar agendas, acciones, políticas y propuestas en colectivo que estén encaminadas a mejorar la calidad de vida de todas las personas que habitamos este país.
La “posverdad” es, incluso, un lugar donde caemos hasta de buena fe. Es importante combatirla abriendo nuestra mente, nuestra tolerancia y nuestra capacidad crítica. Esto no significa cambiar nuestras posturas todo el tiempo, sino quitar el ruido alrededor de ellas y, así, determinar lo más objetivo posible a partir de la información y evidencia disponible. A pesar de todo, los datos no son suficientes, debemos dotarlos de humanidad y contexto.